15 de Abril del 2026.- Es un giro mayor en la manera en que el deporte olímpico entiende la elegibilidad, la equidad competitiva y la protección de sus categorías. Según lo informado por el propio ecosistema olímpico, la medida se aplicará en todas las disciplinas del programa del COI, tanto individuales como colectivas, y la elegibilidad se determinará inicialmente mediante una prueba del gen SRY, que deberá resultar negativa para competir en la categoría femenina.
El argumento central del COI es que la política busca proteger la equidad, la seguridad y la integridad del deporte femenino. La presidenta del organismo, Kirsty Coventry, afirmó que la norma “se basa en la ciencia” y fue elaborada por expertos médicos, añadiendo que no sería justo, y en algunos deportes tampoco seguro, que varones biológicos compitan en categoría femenina. El COI también precisó que habrá excepciones raras, como ciertos casos de síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos u otras diferencias del desarrollo sexual sin beneficio anabólico de la testosterona.
Desde las ciencias del deporte, el punto de fondo es claro: las categorías no existen solo para ordenar competencias, sino para hacerlas comparables. El deporte de alto rendimiento no premia únicamente la técnica o el esfuerzo. También se estructura sobre diferencias biológicas relevantes en fuerza, potencia, velocidad, masa magra y capacidad anaeróbica. Por eso las categorías por sexo han sido históricamente una herramienta para sostener oportunidades competitivas reales en el deporte femenino. Lo que el COI hace ahora es dejar de delegar esa discusión caso a caso en cada federación y fijar un estándar transversal para su programa olímpico.
Eso no significa que el debate desaparezca. Al contrario, probablemente se intensifique. Porque una cosa es la lógica competitiva del alto rendimiento y otra la discusión social y cultural que rodea al deporte. Pero justamente ahí conviene separar planos. El deporte olímpico no está diseñado para resolver todos los debates de identidad contemporáneos. Está diseñado para organizar competencias con criterios de elegibilidad que el propio sistema considere justos, comparables y aplicables. En ese sentido, la decisión del COI no cierra la conversación pública, pero sí redefine la conversación deportiva.
También hay un elemento metodológico importante. El uso del gen SRY como criterio inicial busca reemplazar mecanismos más invasivos y dar una regla estable, verificable y de aplicación única en la vida, según explicó el COI. Ese punto no es menor en términos de gestión. Durante años, la elegibilidad en el deporte femenino ha estado atrapada entre reglamentos dispares, criterios hormonales cambiantes y controversias públicas difíciles de administrar. El nuevo marco intenta reducir esa incertidumbre institucional.
Desde la historia deportiva, la decisión también marca una inflexión. Durante décadas, el deporte femenino luchó por reconocimiento, recursos, visibilidad y protección de sus espacios competitivos. La nueva política del COI debe leerse en ese contexto más amplio: como parte de una tendencia global donde las organizaciones deportivas están intentando responder a tensiones nuevas sin renunciar al principio original de la categoría femenina como espacio específico de competencia.
Por supuesto, ninguna regulación será inmune a críticas. Y no debería sorprender que esta también las tenga. Pero desde una mirada estrictamente deportiva, el eje no está en el ruido externo, sino en una pregunta esencial: ¿cómo preservar la legitimidad de las competencias femeninas en el máximo nivel del deporte mundial? El COI acaba de dar su respuesta.
Lo que viene ahora será decisivo. Federaciones, comités olímpicos y sistemas nacionales deberán adaptar procedimientos, educación y comunicación para que la nueva norma no se convierta solo en un titular fuerte, sino en una política aplicable con claridad, respeto y coherencia.
Porque en el deporte de elite, las reglas no solo ordenan quién compite. También definen qué se entiende por justicia competitiva. Y el COI, con esta decisión, acaba de mover esa frontera.
Dr. Frano Giakoni Ramírez – Doctor en Ciencias del Deporte – Dir. Carr. Entrenador Deportivo – UNAB










