Destaquemos, como primera cosa, que “la gratitud” no es solo un sentimiento que tienen algunas personas, sino que también representa un rasgo, una habilidad, una manera de ver el mundo. En este sentido, la gratitud tiene un “componente cognitivo”, es decir, que para que podamos sentirnos agradecidos tenemos, primero que todo, ser capaces de “apreciar el gesto que alguien ha tenido con nosotros, apreciar y valorar sus efectos positivos, y saber apreciar el esfuerzo o la intención de la otra persona”. Por lo tanto, no reconocer y/o apreciar el valor del bien o favor recibido, o bien, subvalorarlo, es un claro indicador de ingratitud.
Sucede entonces, que la “apreciación es una habilidad que las personas ingratas no han logrado desarrollar”. Es más, investigadores del Hope College de Michigan, Estados Unidos, estiman que “las personas ingratas carecen, simplemente, de la habilidad de sentirse agradecidas”, en tanto que la gratitud representa “una emoción y un comportamiento profundamente moral de tipo prosocial”.
En función de lo anterior, revisemos a cuáles riesgos se exponen las personas ingratas:
- Sufrir de infelicidad crónica: de acuerdo con los expertos y estudiosos del Hope College, la infelicidad representa una enfermedad contagiosa causada por una deficiencia crónica de gratitud y los científicos lo han confirmado al establecer que la capacidad para experimentar gratitud se vincula con elevados niveles de felicidad. Tanto es así, que la investigación realizada por el Hope College de Michigan comprobó que “la gratitud es un excelente predictor del nivel de felicidad, bienestar y satisfacción en la vida”.
Por el contrario, la ingratitud condena a las personas a un suerte de bucle de infelicidad crónica, por cuanto, dado el hecho que el agradecimiento no sólo se experimenta hacia las personas que nos entregan su ayuda y apoyo, sino que también ante la vida, las personas ingratas están condenadas a un estado crónico de descontento e insatisfacción con su vida, su trabajo, su pareja, etc.
- Presencia de problemas psicológicos: a la larga, la ingratitud produce un estado psicológico malsano que se caracteriza por ciclos de expectativas que son irreales y por continuas frustraciones, ya que el sujeto es incapaz de valorar y apreciar en su justa medida lo positivo que le haya ocurrido o el bien o favor que la haya hecho una persona.
Por lo mismo, no resulta para nada extraño, que una investigación hecha en la Virginia Commonwealth University, Estados Unidos, constatara que aquellos individuos ingratos presentan un mayor riesgo de sufrir trastornos psicológicos tales como arranques de ira, trastornos de ansiedad generalizada, estados depresivos, etc. Es más: las personas que logran recuperarse de un trauma con mayor rapidez, son aquellas que han aprendido a centrarse en las cosas positivas de la vida, sintiéndose agradecidas por ellas, en lugar de enfocarse en aquello que han perdido o que no tienen.
- Condenadas a la desesperanza: uno de los mayores riesgos a los que se exponen las mujeres y hombres ingratos es que su vida se transforme en una suerte de profecía autocumplida, por cuanto, la ingratitud que estos individuos demuestran determina que las demás personas renuncien, simplemente, a ser amables con ellos, en función de lo cual, los sujetos ingratos terminan atrapados en la trampa que ellos mismos tendieron.
Al dejar de recibir favores y ayuda, piensan que el mundo es un sitio hostil, donde no existe bondad ni generosidad, sin darse cuenta o aceptar que han sido sus propias actitudes y conducta ingrata la que ha alejado a las demás personas de su lado. Estos individuos, de acuerdo con una investigación de la Universidad de Manchester, Inglaterra, tienen, asimismo, problemas de auto-aceptación y, a menudo, les falta un propósito en la vida, condición que les deja, precisamente, un gran vacío en sus vidas.
- Expuestas a tener una peor salud: todos los estudios apuntan a que la ingratitud no sólo condena a estas personas a experimentar una gran amargura, sino que también les pasa la factura a su salud física. Se ha comprobado que “la gratitud disminuye los niveles de estrés, la ansiedad y las preocupaciones”, por lo que no sorprende a nadie que una investigación realizada por la Universidad de Michigan, Estados Unidos, sacara a la luz que las personas ingratas reportan niveles más elevados de estrés y un mayor número de síntomas físicos.
Por el contrario, el ser agradecido y mostrar gratitud, mejora considerablemente la calidad del sueño y no sólo permite quedarnos dormidos más rápido, sino que nos asegura un sueño más profundo y reparador. La razón que explica esta respuesta, es que la gratitud inhibe los pensamientos automáticos negativos que impiden conciliar el sueño cuando ponemos la cabeza sobre la almohada.
Digamos finalmente, que las personas ingratas tienden a mostrar el errado pensamiento que los demás están obligados a satisfacer sus necesidades y deseos, a raíz de lo cual, esa manera distorsionada de comprender el mundo les impide experimentar algún tipo de gratitud hacia los demás.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










