18 de Agosto del 2026.- “Siempre he sido de región. Hoy soy la única oncóloga en el Hospital de Los Ángeles y estoy apostando por formar un equipo de oncólogos que quieran quedarse acá en los próximos años”, afirma por videollamada la Dra. Carla Zurita, oncóloga médica del Complejo Asistencial Dr. Víctor Ríos Ruiz, de Los Ángeles, quien cursó su formación en el Programa de Subespecialización Oncológica de FALP.
En el hospital, la Dra. Zurita atiende a un promedio de 240 pacientes mensuales en consulta y analiza otros 200 casos en el comité oncológico. Con una trayectoria ligada a regiones, donde la disponibilidad de especialistas sigue siendo desigual, su mirada también está puesta en ampliar el acceso a atención oncológica en distintos territorios del país.
Según las últimas estadísticas del Minsal, la Región del Biobío cuenta con 14 oncólogos, mientras más de 5.000 personas en la región se encuentran en tratamiento activo o seguimiento por cáncer. “Hay una sobrecarga importante de pacientes, pocos oncólogos en la región y muchas limitaciones en el sistema público en comparación con el privado. Sin embargo, haber transitado por ambos mundos enseña a priorizar y racionalizar los recursos”, asegura la Dra. Zurita.
Una realidad nacional
El cáncer continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios del país. Según cifras preliminares del DEIS, durante 2025 fallecieron 28.165 personas por esta causa a nivel nacional.
Frente a este escenario, la disponibilidad de especialistas sigue siendo insuficiente. Según registros de la Sociedad Chilena de Oncología Médica (SCOM), a septiembre de 2025 existían 246 oncólogos médicos activos en Chile, de los cuales 186 se concentraban en la Región Metropolitana (75,6%). Solo 60 ejercían fuera de la capital.
En la Región de Los Lagos, por ejemplo, más de 6.000 personas requieren atención oncológica y la comuna de Osorno concentra el 69,7% de los pacientes regionales. Esa fue la ciudad que escogió el Dr. Juan Pablo Galdames luego de cursar su subespecialización en oncología médica en FALP. Su llegada implicó no solo un cambio geográfico, sino también una manera distinta de ejercer la medicina. “En regiones uno no solo es oncólogo: también gestiona, coordina, resuelve urgencias y, muchas veces, contiene emocionalmente a pacientes y familias que llevan meses esperando atención”, relata.
El desafío de ejercer en regiones
En contextos donde los equipos son reducidos y la demanda crece sostenidamente, la práctica clínica se vuelve más exigente. Las jornadas se extienden, los tiempos se acortan y las decisiones deben tomarse con recursos limitados. A ello se agrega la distancia: pacientes que viajan horas para una consulta o tratamiento, y médicos que deben articular redes para garantizar la continuidad de la atención.
Pese a ello, ambos especialistas coinciden en que ejercer en regiones también tiene un componente profundamente humano. La cercanía con los pacientes y el impacto directo en comunidades más pequeñas son parte de una motivación que trasciende lo profesional.
“Los vínculos con los pacientes son más cercanos y duraderos, por lo que el sello humano cobra aún más sentido”, asegura el Dr. Galdames. Y agrega: “La forma en que se entiende al paciente, el respeto por su proceso y la manera de acompañarlo terminan marcando la práctica diaria. Es algo que se mantiene independiente del lugar donde uno trabaje”.








