La filósofa feminista estadounidense Judith Butler, nos habla de “violencia estatal”, situación que se ve más retratada que nunca en la actual guerra de Ucrania. En estos momentos, el Presidente de Rusia Vladimir Putin, vendría a encarnar lo peor de este patriarcado, que de acuerdo a Butler se caracteriza por un ejercicio del poder machista, que relega a mujeres y minorías. Este poder sin equilibrio, enfermizo, que genera violencia y que a gran escala ocasiona guerras y conflictos sin importar las muertes, los desplazados y la destrucción es un peligro posible de evitar.
Un poder horizontal, inclusivo y paritario, podría evitar el surgimiento de gobernantes cómo Trump en Estados Unidos o Bolsonaro en Brasil, que con cuestionables argumentos, manifiestan más bien complejos, prejuicios e intolerancia que delatan problemas con su hombría y con esa necesidad de ejercer poder personal.
En la última campaña presidencial en nuestro país, vimos cómo algunos candidatos llegaron a plantear la idea de la existencia de una dictadura gay o se referían a las feministas como “feminazis”. Esta misoginia y homofobia, no viene si no a revelar lo que plantea Butler, que con estos discursos y prácticas, obtienen superioridad, humillando y controlando a los que ellos creen inferiores o moralmente incapacitados.
En este contexto, la promesa del Presidente electo, Gabriel Boric sobre que su “gobierno será feminista», debe tener una traducción relevante. No se trata sólo de cuotas de género, ni visibilizar a las minorías ni una moda, lo que está haciendo es el bosquejo del futuro que queremos construir. Entonces la pregunta es: ¿qué haremos para alinearnos con estos nuevos tiempos?
Ya no queremos leyes ni políticas que releguen a las mujeres, queers y trans. Deben estar adelante de la fila, ser protagonistas, presentes y representados en todos los ámbitos del quehacer, en lo cotidiano. La Convención paritaria, el gabinete nombrado por Boric, representado por más ministras que ministros, está instalando está democracia paritaria, que devuelve el equilibrio que debe emanar de una política sana.
Si se quiere aprender del pasado, lo mejor es honrar este aprendizaje. Las dictaduras, este patriarcado indolente, solo traen horror. Lo contrario, es democracia, libertad y colores.
Carlos Schneider Yáñez – Odontólogo y Magíster en Gestión en Salud. – Universidad de Chile – M.B.A. Tulane University (USA)










