26 de Agosto del 2026.- Almacenan agua dulce, mantienen biodiversidad, dan espacios para actividades recreacionales y son parte de la identidad de muchas comunidades. Al mismo tiempo, son ecosistemas muy sensibles a cambios que pueden acumularse durante años, por ejemplo, aumento de temperatura, contaminación, introducción de especies exóticas invasoras y modificaciones en el uso del territorio.
En la Región de Los Lagos vivimos a diario con sistemas lacustres que forman parte de nuestra historia y comunidad. Esa cercanía no asegura que conozcamos bien su estado ni que podamos anticipar sus cambios. En general un lago lo miramos desde su superficie, mientras bajo el agua ocurren procesos difíciles de detectar: variaciones en las comunidades biológicas, expansión de especies invasoras, presencia de patógenos o modificaciones en las redes tróficas. Identificar estos procesos a tiempo requiere monitoreo constante y datos que permitan distinguir una variación temporal de un cambio persistente.
Desde la Universidad de Los Lagos y el Centro Nacional de Investigación en Ríos, Invasiones y Sistemas (IRIS), buscamos generar conocimiento que pueda ser utilizado en la gestión de los ecosistemas acuáticos. En IRIS, el Sistema de Conocimiento KS3, “Interacciones e Impactos Observacionales en el Paisaje Acuático”, combinamos trabajo de terreno con aproximaciones ecológicas, ecotoxicológicas, biogeoquímicas y genómicas para estudiar cómo las especies exóticas invasoras y otros componentes del cambio global afectan estos sistemas.
Una herramienta que está ampliando nuestra capacidad de observación es el ADN ambiental. El agua contiene pequeñas trazas de material genético liberado por los organismos que habitan estos ecosistemas. Su análisis nos permite detectar especies que pueden ser difíciles de observar mediante métodos convencionales y ampliar la cobertura de los programas de monitoreo. No obstante, su utilidad depende de que estas herramientas se integren con información ecológica, trabajo de terreno y preguntas bien definidas.
Muchas veces, el problema no es la falta de datos por sí sola, sino que necesitamos información previa que permita reconocer cambios tempranos y apoyar futuras decisiones. Saber qué especies hay, cuales están llegando, cómo cambia su distribución, qué áreas muestran alteraciones y cuáles podrían ser más vulnerables puede mejorar nuestra capacidad de respuesta antes de que ciertos cambios sean difíciles de revertir.
El Día Mundial de los Lagos puede servir para revisar cómo estamos observando y gestionando estos ecosistemas. En una región donde los lagos forman parte de la vida cotidiana, protegerlos exige mantener sistemas de monitoreo, fortalecer la colaboración entre instituciones y utilizar la evidencia disponible en la toma de decisiones. Los lagos que tendremos mañana dependerán, en buena medida, de lo que seamos capaces de detectar y decidir hoy.
Cristian B. Canales-Aguirre – Dr. en Sistemática y Biodiversidad – Centro i~mar, Universidad de Los Lagos – Centro Nacional de Investigación en Ríos, Invasiones y Sistemas (IRIS)









