26 de Agosto del 2026.- Un equipo interdisciplinario liderado por el Dr. Tom D. Dillehay responde, en un nuevo artículo publicado en la revista científica PaleoAmerica, con evidencia arqueológica y geológica directa a un reciente estudio que cuestionó la antigüedad del sitio, reabriendo uno de los debates científicos más relevantes sobre el poblamiento temprano de América.
A esa respuesta se suma, en la misma edición de PaleoAmerica, una segunda evaluación completamente independiente, firmada por geoarqueólogos y geólogos de Texas A&M University, la Universidad de Kansas, Oregon State University y la Universidad de Arizona, sin vínculo con el equipo de Monte Verde, que llega a la misma conclusión.
A 50 años del inicio de las investigaciones en Monte Verde, ambas publicaciones reafirman que Monte Verde II corresponde a una ocupación humana de aproximadamente 14.500 años de antigüedad, respaldada por décadas de investigación arqueológica, geológica y paleoambiental y por evidencias obtenidas directamente en el sitio.
Las publicaciones surgen en respuesta al estudio encabezado por el arqueólogo Todd Surovell, junto a Christian Latorre, César Méndez y Antonio García, publicado en marzo de 2026 en la revista Science, que cuestionó la cronología ampliamente aceptada para Monte Verde II y propuso que el sitio correspondería a una ocupación mucho más reciente, perteneciente al Holoceno medio.
Entre sus principales argumentos, Surovell y colaboradores plantearon la existencia de una capa de ceniza volcánica —o tefra— de aproximadamente 11.000 años situada bajo el nivel arqueológico de Monte Verde II, lo que impediría que la ocupación humana tuviera una antigüedad de 14.500 años. También propusieron la existencia de una interrupción en la secuencia estratigráfica y que parte de los materiales arqueológicos podrían haber sido transportados y redepositados por procesos fluviales, sin presentar evidencia directa de redeposición o erosión en el sitio.
Estas interpretaciones son ahora desaprobadas, punto por punto, desde dos frentes distintos: por un lado, un equipo interdisciplinario de más de 60 investigadores encabezado por el Dr. Tom D. Dillehay, director del Proyecto Monte Verde desde 1976, junto al Dr. Mario Pino, geólogo principal de Monte Verde desde 1978, y otros geólogos que han trabajado históricamente en el sitio, como Calvin Heusser, John Hoganson y Allan Ashworth; y por otro, un grupo de geoarqueólogos externos que evaluó de manera independiente la solidez geológica del estudio de Surovell.
La publicación de Dillehay y colegas sostiene que los antecedentes presentados por Surovell y colaboradores no corresponden a observaciones realizadas directamente en Monte Verde II, sino principalmente a sondeos y exposiciones ubicados fuera del sitio arqueológico. Frente a ello, los investigadores contrastan esas interpretaciones con cinco décadas de excavaciones, perfiles estratigráficos, dataciones y estudios interdisciplinarios realizados directamente en el complejo.
Una secuencia estratigráfica intacta
Uno de los puntos centrales de la discusión es la supuesta presencia de una capa de ceniza volcánica de aproximadamente 11.000 años bajo Monte Verde. El nuevo análisis sostiene que esta capa no ha sido registrada en el lugar donde se encuentra el sitio arqueológico, pese a los más de 100 perfiles estratigráficos estudiados durante cerca de 50 años de investigación.
Por el contrario, la evidencia acumulada muestra una secuencia estratigráfica continua, sin la interrupción planteada por el estudio publicado en Science, que permite seguir la historia de formación del sitio desde los niveles más recientes hasta aquellos asociados a la ocupación humana de aproximadamente 14.500 años.
A ello se suma la diversidad y coherencia de las evidencias arqueológicas conservadas en Monte Verde II. Entre ellas se encuentran huellas humanas asociadas a un fogón, restos de fogatas, herramientas y estacas de madera, además de algas marinas y distintas especies de plantas, con dataciones que se sitúan entre aproximadamente 14.200 y 14.500 años.
La distribución, asociación y estado de conservación de estos materiales son, según los investigadores, incompatibles con la hipótesis de que el conjunto haya llegado al sitio arrastrado por el agua desde otros sectores y en momentos posteriores.
“La ciencia avanza a partir del debate y del contraste de hipótesis, pero esas hipótesis deben sostenerse en la evidencia. Después de casi 50 años de investigación directa en Monte Verde, la estratigrafía, las dataciones y el conjunto de evidencias arqueológicas y geológicas continúan respaldando una ocupación humana de aproximadamente 14.500 años”, señala el Dr. Tom D. Dillehay, investigador principal de Monte Verde.
Un respaldo científico independiente
La segunda evaluación, firmada por Michael Waters, Jessi Halligan, Rolfe Mandel, Justin Holcomb, Loren Davis y Vance Holliday, especialistas en geoarqueología del poblamiento americano en universidades de Estados Unidos, sin relación previa con el equipo de Monte Verde, analiza en detalle los fundamentos geológicos del estudio de Surovell y colegas, y llega a conclusiones equivalentes.
Entre sus hallazgos, señalan que la propia tefra Lepué que Surovell utiliza para fechar la formación de las terrazas del sitio aparece también en niveles superiores de una terraza más antigua (T3), lo que implica que esa terraza, y la incisión del cauce, ya existían antes de los 11.000 años, y no después, como plantea el estudio cuestionado. A esto se suman dos dataciones por luminiscencia (OSL) que ubican la formación de la superficie aluvial de Monte Verde entre 18.000 y 14.300 años, es decir, dentro del Pleistoceno tardío y no del Holoceno.
Los investigadores también objetan que el estudio de Surovell correlacionó capas de sedimento de apariencia similar entre nueve puntos aislados a lo largo de 5 kilómetros, un problema metodológico conocido como homotaxis, que describió una misma terraza como erosional y depositacional a la vez, algo geológicamente incompatible, y que la tefra Lepué, pieza clave de su argumento, no fue hallada físicamente bajo el sitio arqueológico. Su conclusión es clara: la evidencia presentada es insuficiente para desestimar la antigüedad de 14.400 años de Monte Verde II.
Un sitio que ha transformado nuestra comprensión del poblamiento americano
Desde su descubrimiento en 1976, Monte Verde ha ocupado un lugar central en la discusión internacional sobre el poblamiento temprano de América. Sus evidencias contribuyeron a cuestionar el paradigma que durante décadas situó a la cultura Clovis, en Norteamérica, como expresión de las primeras poblaciones del continente.
La excepcional conservación de Monte Verde ha permitido recuperar materiales poco frecuentes en el registro arqueológico, entre ellos maderas trabajadas, restos de estructuras, plantas, algas y otros materiales orgánicos, ofreciendo una ventana extraordinaria hacia la vida y los conocimientos de las comunidades humanas que habitaron el sur de Chile durante el Pleistoceno tardío.
El debate abierto durante 2026 vuelve a poner a Monte Verde en el centro de la discusión científica internacional. Para el equipo investigador, la revisión crítica y la formulación de nuevas preguntas forman parte del desarrollo de la ciencia, pero estas deben contrastarse con el conjunto de evidencias disponibles y, especialmente, con el registro arqueológico y geológico directo del sitio.
Con dos evaluaciones independientes, una desde dentro del proyecto y otra desde fuera de él, llegando a la misma conclusión, la evidencia arqueológica, geológica y paleoambiental acumulada hasta ahora reafirma que Monte Verde continúa representando una ocupación humana de aproximadamente 14.500 años de antigüedad y uno de los registros más tempranos y relevantes conocidos para comprender el poblamiento de América.








