06 de noviembre del 2026.- Chile es el mayor exportador mundial de mejillones y el segundo productor global, según ProChile. Sin embargo, el consumo de productos del mar dentro del país alcanza los 15 kilos por persona al año, frente a los 28 kilos de España y más de 45 kilos de Japón, de acuerdo con las cifras recogidas en la Política Nacional de Fomento al Consumo de Productos del Mar, presentada por Subpesca en 2026.
Esa diferencia fue parte de la oportunidad que identificó AustralBites, una startup chilena que decidió buscar nuevas formas de aprovechar una de las principales proteínas marinas que produce el país. Su propuesta fue transformar el tradicional chorito en alimentos de consumo cotidiano, como nuggets, albóndigas y medallones, manteniendo su aporte nutricional y facilitando su preparación.
La idea nació como un spin-off del Programa de Envejecimiento Activo de la Universidad de Chile, actualmente liderado por Guillermo Ariztía, uno de los socios de AustralBites. El desafío inicial era desarrollar alimentos con proteínas marinas que fueran nutritivas, fáciles de consumir y que tuvieran una mejor aceptación entre las personas.
«Vimos una oportunidad de acercar los productos del mar a más personas mediante formatos conocidos y fáciles de preparar», explica Matías Vial, cofundador y gerente general de AustralBites.
El equipo decidió comenzar con el chorito por su disponibilidad en Chile, trazabilidad y valor nutricional. Sin embargo, conseguir que esta materia prima funcionara en preparaciones como nuggets o albóndigas tomó tiempo.
Junto con CETA Alimentos, realizaron 23 iteraciones de formulación para conseguir la textura, estructura y sabor adecuados. Uno de los principales desafíos fue trabajar con una proteína baja en grasa, lo que dificultaba obtener la consistencia necesaria para este tipo de alimentos. También debieron resolver aspectos propios del procesamiento del mejillón, como la eventual presencia de pequeñas partículas de conchilla, y adaptar procesos y maquinaria para pasar de las pruebas de laboratorio a la producción industrial.
El resultado fueron productos altos en proteína, bajos en grasa y libres de sellos de advertencia, que buscan ampliar las formas de consumir alimentos del mar desde edades tempranas.
Una alternativa para acercar los productos del mar a más consumidores
La propuesta de AustralBites cobra especial relevancia en una industria que tiene un importante peso exportador. Según cifras de ProChile, durante el primer semestre de 2026 los envíos chilenos de mejillones al exterior alcanzaron los US$231 millones, un crecimiento de 11,5% respecto del mismo período del año anterior.
Mientras la industria continúa creciendo fuera del país, uno de los desafíos a nivel local es diversificar la oferta y facilitar el acceso a los productos del mar. En esa línea, la empresa busca llegar a consumidores que hoy los incorporan poco a su alimentación tales como niños y personas mayores, ya sea por el sabor, la textura o las dificultades que encuentran al momento de prepararlos.
Los desarrollos ya han sido probados fuera del laboratorio. En dos pilotos vinculados al Programa de Alimentación Escolar, realizados con más de 800 estudiantes de las regiones de Los Lagos y Biobío, los productos alcanzaron una aceptación promedio del 80%, según los resultados reportados por la compañía.
«Nuestro propósito es democratizar el acceso a la proteína marina», señala Vial. La idea es aprovechar los recursos que Chile ya produce y ofrecer alternativas que puedan incorporarse con mayor facilidad a la alimentación cotidiana.
Otro aspecto de la propuesta es el aprovechamiento de materias primas que tienen un menor valor comercial. Es el caso de choritos que, por su tamaño o presentación, no acceden a determinados mercados, pese a cumplir con los mismos estándares de calidad y trazabilidad. AustralBites utiliza parte de estos recursos para elaborar alimentos de mayor valor agregado, incorporando así un componente de economía circular a su modelo de negocio.
Del laboratorio al mercado internacional
Tras varios años de investigación y desarrollo, AustralBites está concentrada en consolidar la comercialización de sus productos y llevarlos a una escala mayor.
En Chile, la empresa ya comenzó a comercializar sus desarrollos mediante una alianza con Global Frozen, enfocada en la distribución nacional, principalmente a través del canal food service.
“Vimos una gran complementariedad entre nuestra experiencia en la distribución de pescados y mariscos congelados y el desarrollo de productos de valor agregado de AustralBites. Hoy existe una demanda creciente por alimentos que simplifiquen el trabajo en las cocinas profesionales, y estas alternativas permiten incorporar productos del mar en formatos conocidos, que son fáciles de preparar y versátiles. Además, representan una oportunidad para aprovechar mejor materias primas chilenas y acercarlas a nuevos consumidores”, señala Juan Sebastián Moreno, CEO de Global Frozen.
El acuerdo forma parte de un modelo de crecimiento basado en trabajar con productores, distribuidores y otras empresas de la industria que ya cuentan con infraestructura de producción, almacenamiento y cadena de frío. Esto permite a la startup concentrar sus esfuerzos en el desarrollo de productos y la apertura de nuevos mercados.
La internacionalización es uno de sus principales objetivos. Con apoyo de ProChile, AustralBites ha abierto conversaciones comerciales en Japón, España, Colombia y México, con miras a concretar sus primeras exportaciones.
«Acabamos de iniciar una etapa de ventas recurrentes y contamos con una cartera de proyectos comerciales, impulsada principalmente por oportunidades de exportación, que sustenta nuestra proyección de alcanzar ventas acumuladas por US$3 millones en los próximos 24 meses», afirma Vial.
La compañía también participa en EVOLVE, programa ejecutado por ChileGlobal Ventures de Fundación Chile y financiado por Corfo, orientado a fortalecer las capacidades de crecimiento y escalamiento de empresas de base tecnológica.
Aunque el chorito sigue siendo su principal apuesta, AustralBites ya comenzó a explorar otras materias primas. En colaboración con el CIG de INACAP, desarrolló productos elaborados con pulpa de salmón, ampliando su trabajo hacia nuevas alternativas de proteína marina.
Por ahora, el foco está en consolidar las ventas de los productos a base de chorito y concretar los primeros negocios internacionales. Después de años dedicados a perfeccionar las formulaciones y llevarlas a producción industrial, el siguiente desafío será encontrar nuevos compradores en Chile y en el extranjero.










