30 de Julio del 2026.- La capacidad de corregir la pronunciación de sonidos como la «r», la «l», la «d» o la «s» no desaparece con la edad. Si bien durante la infancia el aprendizaje del habla ocurre de manera espontánea y con un cerebro especialmente moldeable para el lenguaje, en la adultez aún es posible modificar estos patrones gracias a la neuroplasticidad, aunque el proceso requiere mayor esfuerzo consciente y una intervención especializada.
El académico de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, David Toloza, explica que “el principal desafío no radica en la incapacidad del cerebro para aprender, sino en reemplazar movimientos articulatorios que se han automatizado tras años de uso. Lo que cambia con los años no es la posibilidad de aprender, sino el esfuerzo consciente que exige modificar un hábito motor consolidado», señala.
Adaptación del cerebro adulto
El docente explica que los avances en neurociencias han demostrado que el cerebro adulto conserva neuroplasticidad durante toda la vida. Esto significa que puede generar nuevos aprendizajes, aunque reaprender la producción de un sonido exige identificar conscientemente aspectos que normalmente pasan inadvertidos, como la posición de la lengua, el paso del aire o la postura de los labios.
“Durante la infancia, muchos errores de pronunciación forman parte del desarrollo normal y suelen desaparecer de manera espontánea. En cambio, en la adultez estos patrones ya están consolidados y funcionan automáticamente, por lo que la terapia busca reemplazar ese hábito por uno nuevo mediante ejercicios específicos y repetitivos”, detalla en fonoaudiólogo.
A pesar de este desafío, los adultos cuentan con importantes fortalezas para enfrentar el tratamiento. La mayor motivación, la capacidad de mantener la atención durante más tiempo, la posibilidad de seguir instrucciones complejas y una mejor conciencia de los propios errores favorecen el proceso terapéutico y contribuyen a obtener buenos resultados cuando existe compromiso con la intervención.
Comienzo de un nuevo aprendizaje
Antes de iniciar cualquier tratamiento, el especialista debe realizar una evaluación completa para determinar el origen de la dificultad. Toloza enfatiza que no “todos los problemas de pronunciación tienen una causa funcional, ya que pueden existir alteraciones estructurales, como problemas dentales o del frenillo lingual, dificultades auditivas u otras condiciones que requieren un abordaje específico. Corregir un sonido sin conocer la causa del error impediría desarrollar una intervención adecuada”.
Entre los motivos de consulta más frecuentes destacan las dificultades para pronunciar la «r», conocidas como rotacismo, seguidas por alteraciones en sonidos como la «l», la «d» y la «s». “En estos casos, la terapia combina entrenamiento de la ubicación articulatoria, ejercicios para aprender la posición correcta de los órganos del habla, discriminación auditiva para reconocer diferencias entre una producción correcta e incorrecta y una práctica intensiva que permita automatizar el nuevo patrón de movimiento”, sostiene el docente.
El académico también agrega que, cuando no existe una causa neurológica asociada y el paciente mantiene una participación constante en el tratamiento, el pronóstico suele ser favorable. La repetición sistemática y el trabajo dirigido permiten consolidar nuevos patrones de pronunciación y mejorar la claridad del habla.
Finalmente, Toloza hace un llamado a consultar oportunamente con un fonoaudiólogo cuando la pronunciación interfiera en la comunicación cotidiana, el desempeño académico, el ámbito laboral o genere inseguridad en distintos contextos sociales. «Nunca es tarde para trabajar estas dificultades. Lo que cambia es el método de aprendizaje, que en la adultez es más consciente y dirigido, pero igualmente efectivo», concluye.










