28 de Septiembre del 2026.- Las recientes alertas alimentarias por Listeria monocytogenes en Chile han vuelto a poner a esta bacteria bajo la mira. Este año fue detectada en productos como paté artesanal de cerdo, queso mantecoso y pasta de jamón, activando el retiro de lotes específicos. Estas alertas, además de prevenir al consumidor, permiten entender qué hace particular a este microorganismo y por qué su vigilancia importa.
Listeria monocytogenes es una bacteria ampliamente distribuida en el ambiente. Puede encontrarse en suelo, agua y materia orgánica, y desde allí llegar a los alimentos durante su producción, procesamiento, manipulación o almacenamiento. Puede desplazarse a través de una cadena en la que participan tanto el medio ambiente como animales, personas y sistemas productivos.
Una de sus características microbiológicas más relevantes es su capacidad para sobrevivir a temperaturas de refrigeración e incluso multiplicarse. El frío no necesariamente elimina a esta bacteria. Además, un alimento contaminado no tiene por qué presentar cambios visibles. Listeria no necesariamente altera el olor, el sabor o la apariencia. Nuestros sentidos no bastan para detectarla.
Por eso, la importancia de una alerta alimentaria. Detectar Listeria monocytogenes en un alimento significa que la autoridad sanitaria encontró un peligro microbiológico y activó medidas para evitar que ese producto siga circulando. Demuestra el valor de la vigilancia, pero no significa, por sí solo, que exista un brote de listeriosis, enfermedad que puede ser especialmente grave en embarazadas, recién nacidos, adultos mayores e inmunocomprometidos.
Desde la microbiología, esto es especialmente relevante. La vigilancia no consiste solo en buscar una bacteria cuando ya existe un problema. También permite detectar puntos vulnerables en la producción de alimentos. E igualmente importante, es evidenciar que los mecanismos de control están funcionando.
La Listeria nos recuerda que la inocuidad de los alimentos no puede separarse de lo que ocurre en el ambiente, en los animales y las actividades productivas. Una bacteria ambiental puede terminar en un alimento y, eventualmente, afectar a una persona. Comprender esa conexión es clave.
El consumidor también forma parte de la vigilancia. Frente a una alerta, la recomendación es concreta: revisar los lotes informados por la autoridad sanitaria y no consumir los productos afectados, aunque estén dentro de su fecha de vencimiento o tengan una apariencia normal. Las buenas prácticas de manipulación y la prevención de la contaminación cruzada también importan.
Listeria no siempre se ve, no siempre se huele y no siempre puede anticiparse a simple vista. Precisamente por eso, detrás de cada alerta hay algo más que una advertencia: hay microbiología y vigilancia que buscan detectar el riesgo antes de que llegue a la mesa.
Pamela Thomson Morales – Microbióloga e investigadora del Instituto One Health de la Universidad Andrés Bello










