19 de Octubre del 2025.- El día 16 de octubre se celebró el Día Internacional del Jefe, sin embargo, en diversas investigaciones se ha detectado que un alto porcentaje de los trabajadores señala “que mantiene una mala relación con su Jefatura”, al punto que en un estudio realizado en abril de 2025 más del 70% de los trabajadores encuestados había considerado presentar su renuncia por este motivo, ya que para ellos, el hecho de “trabajar en un ambiente hostil y poco grato representaba una situación insostenible”.
Ahora bien, ¿cuáles son algunas señales de que algo no anda bien en la oficina? Revisemos algunos ejemplos bastante comunes: (a) el ambiente en la oficina es tóxico y caótico, (b) los empleados no le hacen mucho caso al Jefe, (c) se demoran en llevar a cabo las tareas o proyectos que el Jefe le encarga a la gente, (d) la unidad camina sólo a media máquina, (e) nadie parece estar haciendo aquello que debiera hacer, (f) los resultados de la empresa son cada vez peores.
Todos estos antecedentes son un claro indicio de que algo funciona mal con el Jefe de esta unidad y que existe una complicada realidad que debe solucionarse y corregirse lo antes posible, por cuanto, el mal ambiente laboral existente, la pérdida de respeto al Jefe, el escaso sentido de obediencia existente, así como la falta de colaboración y compromiso por parte de la gente son muy difíciles de recuperar una vez que esto se sale de control.
A lo anterior, se pueden sumar una serie de “pelambres, reclamos y rumores” en la oficina en relación con la Jefatura. Por lo tanto, la primera pregunta que debe hacerse un Jefe cuando esto sucede, es: ¿cómo y por qué razón se ha llegado a tal punto crítico?
Ahora bien, si todo lo anterior se ha producido como consecuencia de un “estilo de relación disfuncional y negativo” que el jefe ha mantenido durante mucho tiempo con sus subordinados, entonces, no hay curso de capacitación o taller de liderazgo que pueda corregir y/o solucionar tal conducta disfuncional, ya que estaríamos hablando de conductas tales como: (a) el Jefe es una persona hipócrita o floja, (b) es un sujeto ignorante e incompetente, (c) anda siempre con secretismos y cosas escondidas, (d) utiliza el cargo y su poder para amenazar y acosar a sus colaboradores, (e) es alguien que se dedica a mandar y delegar tareas que son propias de su cargo, (f) es un Jefe que achaca la responsabilidad por los errores y fallos a los demás, (g) es un sujeto que solo premia a sus preferidos y regalones, (h) es de los que dicen: “¡Yo soy el Jefe y el que manda aquí!”.
El verdadero problema, entonces, no son los trabajadores, sino que es el Jefe. De ahí que se diga que “la gente no renuncia a las empresas, sino que renuncia a los malos jefes”.
Otro efecto negativo se produce, cuando los colaboradores deben seguir órdenes sólo porque de esa obediencia al Jefe depende su continuidad laboral, lo cual, puede generar, incluso, un mayor grado de “resistencia hacia la autoridad”, así como también, un menor incentivo a la colaboración.
¿Cuáles son algunos de los errores que puede estar cometiendo este tipo de personas?
1. Sobrevalorarse a sí mismo –pensando que “se las sabe todas”– ignorando y ocultando sus propias debilidades y falencias.
2. Proponer a sus colaboradores objetivos y metas poco realistas, sabiendo a priori que jamás podrán ser cumplidas.
3. No prestar ninguna atención a los factores emocionales de las personas con las que trabaja, actuando en función de las amenazas.
4. Escaso nivel de empatía y/o poca capacidad de comunicación.
5. Inflexibilidad, con presencia de rigidez y autoritarismo.
6. Falta de autocontrol de impulsos y nula capacidad de filtro.
7. Sujeto incapaz de compartir el éxito alcanzado, o de reconocer los logros de su gente.
A diferencia del tipo de sujetos anterior, ¿qué hacen los buenos Jefes? Si bien no existe un modelo único a seguir, sí existen ciertas directrices que permiten diferenciar los buenos de los malos Jefes:
- Ejercen la autoridad de manera personalizada: toman en cuenta las fortalezas, virtudes, defectos y debilidades de quienes son sus subalternos.
- Trabajan en equipo en función de resultados, objetivos y metas realistas: este tipo de Jefe se convierte en una suerte de sujeto nutritivo, motivador, apoyador y que muestra a su gente el camino a seguir.
- Se validan frente a sus subalternos: no a través de la autoridad y el poder que tienen, sino que por sus aportes al trabajo, por su capacidad de motivar e influir sobre su gente, convirtiéndose en un ejemplo y en un referente para los demás.
- Dan las órdenes de una manera natural: sin estridencias, sin gritos o imposiciones, evitando usar un tono condescendiente con la gente.
- Utilizan un estilo de liderazgo flexible y toman en consideración la opinión de terceros: de este modo calibran el grado de adhesión a dicha orden, o bien, verifican si hay un problema con la orden impartida.
- Son capaces de escuchar de forma activa, dan sus órdenes utilizando un lenguaje claro y sencillo, entregando los fundamentos de tales órdenes: es decir, la relación que tiene la orden dada con el objetivo a alcanzar, las razones del por qué hay que llevarla a cabo y los resultados que se desean obtener.
- Son Jefes transparentes, que no andan con secretismo: entregan reconocimiento a las personas que aportaron y ejecutaron las instrucciones de manera correcta.
Destaquemos, finalmente, que aquellos Jefes que cuentan con la lealtad, adhesión y la obediencia por parte de sus subordinados, son personas que disponen de ciertas características esenciales de todo buen Líder: son sujetos íntegros, disciplinados, con capacidad de autocontrol, que conocen a sus colaboradores, que están dispuestos a mostrar con el ejemplo lo que exigen y piden a los demás, son sujetos motivadores y que tienen una alta capacidad para trabajar en equipo.










