09 de Agosto del 2025.- Sin embargo, cuando el amor se convierte en control, puede tener consecuencias inesperadas. La sobreprotección materna, especialmente cuando los hijos ya son adultos, puede limitar su desarrollo emocional, su autonomía y su autoestima.
La Dra. Miriam Pardo Fariña, académica de la carrera de Psicología de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, entrega claves para identificar este fenómeno y propone estrategias para acompañar sin invadir.
Cómo reconocer a una madre sobreprotectora
Aunque muchas veces se disfraza de preocupación o cariño, la sobreprotección puede manifestarse de formas sutiles pero persistentes. “La madre sobreprotectora manipula a los hijos mencionando que ‘hace todo por ellos’, ‘que se sacrifica’, o que ‘ella sabe lo que es mejor porque es la madre’”, explica la Dra. Pardo.
Estas madres tienden a invalidar las opiniones de sus hijos, a involucrarse en decisiones personales y a mantenerse presentes mediante excusas que parecen relevantes, como ayudar con trámites o cuidar a los nietos.
Para romper con este patrón, es fundamental que las madres aprendan a confiar en las capacidades de sus hijos. “Es importante que la madre escuche sin interrumpir, no imponga soluciones y permita que el hijo se equivoque, porque eso también es parte del aprendizaje”, señala la académica.
“El refuerzo positivo, el reconocimiento de logros y la capacidad de soltar el control son pasos clave para fortalecer el vínculo sin anular la individualidad del hijo”, explica la experta.
Acompañar sin controlar: ¿es posible?
Sí, pero requiere trabajo interno. La Dra. Pardo sugiere que las madres reflexionen sobre sus propios miedos y ansiedades, y que desarrollen espacios personales fuera del rol materno. “La apertura en el diálogo permitirá ir esfumando el control materno”, afirma.
Aceptar la retroalimentación de los hijos y respetar sus tiempos también son señales de una relación saludable y madura.
Consecuencias
Cuando una madre no permite que su hijo tome decisiones por sí mismo, el impacto puede ser profundo y duradero.
“La sobreprotección materna puede producir baja autoestima, inseguridad y una preocupante dependencia emocional”, advierte la psicóloga.
Esto puede derivar, dice la académica de la UNAB, en vínculos inseguros con otras personas y en una sensación constante de no estar a la altura de las expectativas.
Reconocer que los hijos ya no necesitan ayuda constante es un signo de madurez emocional. “Si el hijo da muestras de independencia, la madre debe dejarlo explorar, investigar, atreverse”, concluye la Dra. Pardo.










