El 4 de febrero de cada año se conmemora el Día Mundial de la lucha contra el Cáncer, una grave e insidiosa enfermedad que, año a año, afecta a un número cada vez mayor de personas alrededor del mundo.
Escucharen la consulta médica la frase “¡Usted tiene cáncer”! resulta ser una frase devastadora para cualquier persona que la escuche, sin que importe mucho el sexo o la edad que tenga el sujeto. Cuesta imaginar otras tres palabras, cuyo efecto sobre las personas pueda tener consecuencias más devastadoras y destructivas, y que, además, tengan tal poder, hasta el grado de paralogizar psicológicamente al individuo que recibe el diagnóstico. Sólo el acto de pronunciar estas tres palabras en voz alta suena a una sentencia de muerte lenta y dolorosa, pudiendo, al mismo tiempo, reducir a trizas la autoestima y la confianza en sí mismo de cualquier ser humano.
Igualmente, resulta difícil pensar en otra expresión con el impacto suficiente como para dejar a las persona en un estado de completo shock y conducirla a un posible consumo excesivo de drogas y alcohol, o bien, para que se convierta en el principal disparador para que el sujeto afectado haga su ingreso al laberinto de una severa depresión, con ideación suicida incluida. Todo esto debe ser evitado a toda costa.
¿Por qué razón se ha puesto tanto énfasis en el párrafo anterior? Muy sencillo. Porque el cáncer representa a una enfermedad insidiosa, a una inminente y real amenaza para la integridad física y psicológica de una persona, donde la vida entera, el sentido de identidad, la red social de amigos y familiares, la actividad laboral del sujeto, la sexualidad y la belleza corporal de las personas se ven gravemente afectadas.
Luego de las muertes por accidentes cardio y cerebro-vasculares, el cáncer representa a nivel mundial una de las principales causas de muerte de hombres y mujeres, con casi diez millones de fallecidos sólo en el año 2022 en todo el mundo a causa de neoplasmas malignos.
Desde hace muchos años numerosos estudiosos, investigadores, científicos connotados, instituciones internacionales respetadas –entre ellas, la Organización Mundial de la Salud, la International Agency for Reseach on Cancer (IARC)– han hecho hincapié –entre varias otras variables– en un factor de relevancia mundial que está provocando de “manera absolutamente innecesaria la muerte de millones de personas” en este planeta: el alto nivel de “contaminación ambiental con elementos químicos que producen cáncer”, condición que se ha generado a causa de la irresponsable conducta del hombre, la acción depredadora de las grandes multinacionales y la sistemática indiferencia de muchos gobiernos y autoridades políticas que han preferido hacer “vista gorda” ante un tema de vital importancia para la supervivencia y bienestar de las personas. La cruda realidad nos muestra que el verdadero valor de la vida humana se está aproximando a cero.
Las personas deben saber que el grado de polución y contaminación a la que ha sido expuesto nuestro mar, nuestro aire, nuestros suelos y nuestra agua dulce no tiene parangón en la historia de la humanidad. Eso por un lado.
Por otro lado, la “guerra” declarada en el año 1971 por Estados Unidos contra el cáncer ha sido un verdadero fiasco, ya que la gente se sigue enfermando y muriendo de cáncer y, en lugar de disminuirel número de casos a nivel mundial, éste se ha incrementado de manera dramática. Los muertos en los próximos años a causa del cáncer se proyectan por millones.
Como botón de muestra, quiero poner en conocimiento de los lectores un dato que se convirtió en un aviso absolutamente premonitorio acerca del cáncer: en una reunión de la World Health Organization (Organización Mundial de la Salud, OMS) llevada a cabo en Ginebra, Suiza, hace un par de décadas atrás, se hizo una proyección en relación con la enfermedad del cáncer que debería haber movilizado a todos los gobiernos del mundo a tomar medidas preventivas: 84 millones de personas morirían de cáncer entre el 2005 y el 2020, vaticinio que se cumplió –de forma casi macabra– al pie de la letra. Incluso más: la cantidad de muertes sobrepasó a la cifra vaticinada.
¿Algunas razones para ello? Varias, entre las cuales destacan:
(a) La indiferencia y total incompetencia de los gobiernos, de clase política y de las autoridades responsables de poner coto y un freno a la contaminación ambiental y a las malas prácticas de miles de empresas nacionales y multinacionales, que afectan gravemente el aire, agua, mar y suelo de nuestro planeta.
(b) La extrema codicia de la industria química, farmacéutica y de cosméticos que las lleva a contaminar cada vez más el planeta y a las personas que habitamos dicho planeta con sustancias tóxicas y carcinógenas.
(c) La mantención de hábitos de vida autodestructivos que propician el desarrollo del cáncer: consumo de tabaco, ingesta excesiva de alcohol, consumo de productos alimenticios cancerígenos.
(d) El sedentarismo, sobrepeso y obesidad mórbida, entre otros factores.
Por lo tanto, sería óptimo que nunca olvidemos una cosa muy importante: cada uno de nosotros, en última instancia, es el mayor responsable de su propia salud y de su vida.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACH)










