Chile a lo largo de toda su historia ha estado siempre sometida a continuos cambios políticos, algunos imperceptibles, otros, manifiestamente sorpresivos o por decir lo menos, inquietantes y desconcertantes como también otros muy violentos.
En las décadas de los años 20 al 40 hubo intervenciones militares, juntas de gobiernos, fallecimiento de presidentes en ejercicio y otros acontecimientos que en su momento aparecían como insalvables y conducentes a graves problemas sociales y políticos, pero el carácter republicano de los chilenos siempre pudo sortear con éxito lo que actualmente se llama la” política de los acuerdos”
Así llegamos al año 1946 en que el Senador Gabriel González Videla, nacido en La Serena y de profesión abogado, recibe la oferta del Partido Radical para asumir la candidatura a la Presidencia de la República. Recibe además el apoyo de los liberales, radicales, sectores conservadores y principalmente además de no contemplada, del Partido Comunista ya que González Videla no representaba en nada el ideario comunista.
Durante la campaña presidencial fue sumando apoyos a su candidatura e incluso, el poeta Pablo Neruda escribió un poema titulado “El pueblo lo llama Gabriel” y acompañaba al candidato en cuanto mítin y concentración de personas hubiera, en donde siempre el poeta ensalzaba al candidato Gonzáles Videla.
Era un verdadero fenómeno político, incluso logró negociar con sus partidarios del Partido Comunista que cesaran en las manifestaciones callejeras que se producían cada día en las calles de Santiago, Valparaíso y Concepción, situación que producía gran temor en el sector conservador de la sociedad, de la Iglesia y de las Fuerzas Armadas, quienes permanentemente eran empleadas para reprimir las revueltas de sus propios seguidores y militantes del Partido Comunista, a quienes incluso como una forma de aplacarlos, los incluyó en su gabinete.
Durante su período presidencial, el Presidente González Videla realizó reformas económicas que permitieron una notable holgura económica para la ciudadanía y los cronistas de la época narran como símbolo de bonanza económica del país, las continuas fiestas que se desarrollaban en el Palacio de La Moneda, donde el Presidente lucía sus dotes de gran bailarín de samba y conga, acompañado de su bellísima cónyuge doña Rosa Markman y siempre estaban acompañados en sus festines de dignatarios extranjeros y de los altos mandos de los otros poderes del Estado.
Pero la paz no llegaba a las calles. Las marchas habituales de vociferantes militantes del partido comunista, acompañados de sus banderas rojas y amenazas a la llamada por ellos oligarquía dominante volvían a sembrar el temor en la sociedad, incluso en el Congreso Nacional, cuyas sesiones fueron varias veces interrumpidas por estas masas estruendosas, que dicho sea de paso, no formulaban peticiones concretas ya que algunos de sus líderes pertenecían al gobierno e incluso eran Ministros de Estado,
En ese ambiente de agitación, el Presidente González Videla promulgó una ley que fue tramitada rápidamente y casi en secreto por el Congreso Nacional y se publicó en el Diario Oficial del día 3 de Septiembre de 1948 bajo el nombre de Ley de Defensa Permanente de la Democracia que declaraba la ilegalidad del Partido Comunista y se restringían las libertades individuales, sindicales y de prensa. Asimismo, se produjeron masivas detenciones de miembros del partido proscrito por dicha ley y conducidos a un campo de prisioneros en la localidad de Pisagua en pleno desierto,
Producto de esta ley y de la persecución desatada contra su partido, Pablo Neruda es desaforado de su cargo parlamentario y se dicta una orden de detención en su contra, comenzando una travesía que lo llevó de la clandestinidad al exilio y debió cruzar desde las orillas del Lago Maihue a lomo de caballo hasta Argentina por los campos de propiedad de Don Julio Brito, regresando a Chile sólo el año 1952.
En el mes de Agosto de 1958, durante el segundo período presidencial del General Carlos Ibáñez del Campo se dictó la norma que dejó sin efecto la Ley de Defensa de la Democracia, conocida en Chile y el extranjero como la Ley Maldita pero con sus evidentes defectos, logró reestablecer la paz social por espacio de casi una década.
José Manuel Godoy Leiva.










