25 de Octubre del 2026.- Todo individuo –sin que importe mucho la edad– desea siempre obtener buenos resultados en aquello que realiza: (a) tener un promedio de notas alto en el colegio, (b) sacar un buen puntaje en las pruebas de selección para ingresar a la universidad, (c) aprobar con notas de excelencia una asignatura, un diplomado o un programa de magíster que está realizando, (d) desempeñarse con éxito en alguna actividad, ya sea de tipo laboral, deportiva, social, etc.
¿Cómo y cuándo logra una persona sacar buenos resultados, al mismo tiempo que destacarse por sobre los demás? De acuerdo con un estudio realizado por la psicóloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Michelle Rougier, una de las primeras preguntas que debe responder la persona interesada en este tema, es: “¿conozco mis fortalezas (o virtudes) y sé cuáles son mis debilidades (o defectos)?”. Aunque para algunas personas esta información pudiera parecerle irrelevante o de poca importancia, en realidad, “conocer las respuestas a estas preguntas representa una de las claves más importante del éxito o fracaso personal”.
A continuación, lea con atención las descripciones consignadas más abajo y anote mentalmente aquello con lo cual durante su vida se identificó –o se identifica actualmente– más:
- Me siento motivado por la posibilidad de manejar la mayor cantidad de información posible para mis estudios o para mi trabajo. Asisto siempre a clases y participo activamente en cada sesión. Acostumbro a leer sobre las materias tratadas en cada actividad. Hago los trabajos, ejercicios o tareas que me dan, sin que alguien tenga que decírmelo y/o pedírmelo. Me preocupo de estudiar y/o leer diariamente. Tengo muy claro que el resultado final que obtenga dependerá exclusivamente de mí y de mi esfuerzo personal, y de nadie más.
- Me interesa el estudio y que me vaya bien en lo que hago. Asisto a clases, pero si el profesor no es muy claro, me distraigo y no trato de preguntar ni de profundizar en el tema tocado. Hago la mayor parte de las tareas solicitadas por el profesor, pero cuando no entiendo la materia, las dejo a un lado y las acumulo. Cuando obtengo buenos resultados logro motivarme para hacer el esfuerzo, pero cuando me va mal, me desanimo y me dejo estar.
- Me gustaría que me fuera mejor de lo que me va, pero me cuesta ponerme a estudiar. Suelo faltar a clases, o bien llego atrasado o tarde a ellas. Mis cuadernos están incompletos y me falta parte de la materia que han pasado en clases. Me cuesta apagar la televisión o despegarme de mi celular. No me pongo al día con las tareas y estoy con la permanente sensación de tener muchas cosas pendientes. Muchas veces dependo de otras personas para hacer los trabajos. Me siento ansioso y preocupado en relación con los resultados que puedo lograr.
- Pienso que sería bueno ser un profesional, pero no me gusta estudiar. Falto a clases y, cuando voy, tiendo a estar pendiente de cualquier cosa –computador, teléfono celular, Facebook, Instagram, TikTok, converso con mis compañeros, etc. –, menos de lo que está explicando el profesor. Hay muchas materias de las cuales no tengo cuadernos ni apuntes. Creo que hay personas a las que sin estudiar les va bien y a veces he pensado que es mejor que me ponga a trabajar.
Ahora, analice cuál de las descripciones consignadas más arriba siente o cree usted que describió mejor su conducta, o derechamente… ¿con cuál de las descripciones se siente o se sintió más identificado? Tome en consideración lo siguiente:
Caso 1: Estudiante o persona aplicada. Suele ser catalogado como un sujeto estudioso, inteligente, trabajador, esforzado y “mateo”, o bien, visto como un “nerd” centrado en la ciencia y la tecnología, pero es seguro que esta persona conseguirá alcanzar cualquier objetivo que se proponga en su vida.
Caso 2: Estudiante o persona motivada. Si usted es de este tipo de personas y desea progresar, entonces basta con que se organice un poco mejor para convertirse en un sujeto proactivo y perseverante a fin de alcanzar sus metas y objetivos con éxito.
Caso 3: Estudiante o persona desorganizada y dependiente de los demás. Si muy pronto no es capaz de modificar su actitud y su forma de proceder en forma radical, es casi seguro que esta persona se quedará a medio camino.
Caso 4: No es un estudiante propiamente tal, y las probabilidades de fracasar en sus propósitos y objetivos son bastante altas.
Al respecto de todo lo consignado más arriba, hay que tener siempre presente que “uno mismo es el arquitecto del propio destino, y el éxito o el fracaso” –salvo que se confabulen muchos factores, la mala suerte y el azar en contra– dependerá exclusivamente del propio esfuerzo personal y del grado de motivación que uno posea.
Culpar al destino, a la diosa fortuna, a la mala suerte o a «los otros» por el propio fracaso suele ser la salida más fácil, pero también la menos inteligente y, demasiado a menudo, la menos acertada.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)








