17 de Septiembre del 2026.- Está en documentos oficiales, edificios públicos, monedas y forma parte de una imagen que los chilenos reconocen prácticamente desde la infancia. Sin embargo, detrás del Escudo Nacional existen detalles menos conocidos: desde las razones para elegir al huemul y al cóndor hasta el origen de las coronas navales y un lema que, contrario a lo que podría suponerse, no estuvo presente en su diseño original.
En el marco de las Fiestas Patrias, Daniel Berczeller, director de Diseño Gráfico de la Universidad Andrés Bello (UNAB), explica cómo se construyó uno de los principales símbolos visuales del país y por qué, casi dos siglos después, continúa siendo reconocible.
El escudo que conocemos actualmente fue diseñado por el artista inglés Charles Chatworthy Wood Taylor durante el gobierno del presidente José Joaquín Prieto y quedó establecido oficialmente el 26 de junio de 1834. Su composición definió elementos que permanecen hasta nuestros días: los colores azul y rojo, una estrella de plata, el huemul, el cóndor y las coronas navales.
Su aparición respondió también a una necesidad propia de una república todavía joven: contar con un símbolo nacional definitivo después de las diferentes representaciones utilizadas durante los primeros años posteriores a la Independencia.
¿Por qué un huemul y un cóndor?
La elección de los dos animales que custodian el escudo tampoco fue casual. De acuerdo con Berczeller, ambos fueron incorporados por iniciativa del gobierno de Prieto.
“En la propuesta presentada al Congreso, el general José Ignacio Zenteno destacó al huemul como un animal característico de las sierras chilenas y al cóndor por ser una de las aves más grandes y representativas de los Andes”, explica.
Con el paso del tiempo, ambos adquirieron además una interpretación simbólica: el huemul pasó a representar la razón y el cóndor, la fuerza.
Otros componentes de la imagen también remiten a distintos momentos de la construcción del país. La estrella de plata ya estaba presente en la bandera chilena y, según la propuesta de 1832, se vinculaba tanto con antiguos pendones indígenas como con la posición austral de Chile. Las coronas navales, en tanto, representan las victorias obtenidas en el mar durante la Independencia.
“Por la razón o la fuerza” no siempre estuvo ahí
Uno de los datos menos conocidos se encuentra precisamente en una de las partes más reconocibles del emblema.
El lema “Por la razón o la fuerza” no estaba incluido en el escudo establecido en 1834. Su incorporación oficial ocurrió recién en 1920, más de ocho décadas después de la creación del diseño de Wood Taylor.
Por lo tanto, la imagen que hoy identificamos como una unidad es, en realidad, el resultado de un proceso que se extendió durante décadas y que comenzó incluso antes del nacimiento del escudo actual.
Chile tuvo diferentes emblemas durante sus primeros años como país independiente. En 1812, durante la Patria Vieja, se utilizó uno que incluía una columna, un globo terráqueo, una palma, una lanza, una estrella y dos figuras indígenas. Posteriormente, en 1819, durante el gobierno de Bernardo O’Higgins, apareció una nueva versión, cuya figura central era una columna coronada por el “mundo nuevo americano”, acompañada por tres estrellas, ramas de laurel y la palabra “Libertad”.
“Estos cambios reflejan que Chile todavía estaba construyendo sus símbolos como nueva República. El escudo definitivo de 1834 reorganizó esa representación, incorporando elementos que terminaron consolidándose como parte de la identidad visual del país”, señala Berczeller.
Un diseño del siglo XIX que sigue vigente
Desde una perspectiva gráfica, el paso de casi dos siglos plantea otra pregunta: ¿puede un diseño creado en 1834 seguir funcionando visualmente en pleno siglo XXI?
Para Berczeller, ambas realidades conviven. “El Escudo Nacional es un símbolo plenamente vigente desde el punto de vista institucional, aunque su lenguaje visual responde a la tradición gráfica y heráldica del siglo XIX”.
Esa complejidad obliga a adaptar ciertos detalles cuando el escudo se traslada a los numerosos soportes contemporáneos, particularmente impresos y digitales, de manera que pueda reproducirse correctamente sin perder reconocimiento.
Y aunque prácticamente cualquier chileno puede reconocer el escudo, conocer la historia que existe detrás de sus componentes es otra cosa.
“El Escudo Nacional sigue siendo una imagen ampliamente reconocible y asociada a Chile. Forma parte de la memoria visual del país y está presente en las distintas expresiones de la institucionalidad. Sin embargo, aunque sus principales elementos resultan familiares, no necesariamente se conoce el origen y sentido de cada uno de ellos”, concluye el académico.










