No es sólo ímpetu, insolencia o pasión, históricamente la juventud en Chile ha resaltado por sus ganas de cambiar lo establecido, lo que creíamos sólido y seguro, de pronto ellos nos hacen ver que se puede modificar y mejorar. Durante mucho tiempo se habló de los adolescentes dormidos, que “no estaban ni ahí”, sin opinión ni injerencia en lo importante y en lo público. Sin embargo, los niños dormidos, en 2006 iniciaron la “revolución pingüina”, donde los “cabros” izaron la bandera de la calidad en la educación para que no fuese una fuente de lucro. La movilización alertó a las autoridades y se puso a rodar la acción desde los ministerios. Las tomas de colegios, no eran sólo una postal, fueron un motor de cambio.
En dictadura, ellos fueron los que tomaron el camino más arriesgado y amargo. La periodista Alejandra Matus, da unos datos impresionantes: Un tercio de los detenidos y detenidas desaparecidas tenía entre 14 y 18 años. Casi la mitad tenía entre 18 y 24. Apenas un 3 por ciento tenía más de 35 años. Después de muchos años, se repetía durante el estallido social de 2019, la participación casi homogénea de jóvenes, que clamaron con angustia un deseo postergado de sus padres y abuelos: mejorar las pensiones bajísimas, la falta de acceso a educación, salud y vivienda, entre otras carencias, hizo surgir un grito, que se trató de acallar con una fuerte represión policial. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), 460 personas resultaron con lesiones oculares, de las cuales dos quedaron ciegas y 35 sufrieron pérdida total de uno de los ojos. Fabiola Campillay, electa senadora y Gustavo Gatica, estudiante de Psicología de 21 años, fueron cegados por fuerzas policiales. En la revista Time, Gustavo afirmó que perdió los ojos por protestar contra la desigualdad.
Los universitarios del 2011, (quienes a partir de marzo nos gobernarán) protestaron de forma masiva por una educación pública, gratuita y de calidad, contra una educación universitaria carísima donde más del 70% de los jóvenes usa crédito universitario y algunos demoran hasta 20 años en pagarlo. Endeudarse para educarse, es lo que no se toleraba y por lo que se marchó por las calles de Santiago y por todas las regiones del país. La canción legendaria de Los Prisioneros: El baile de los que sobran, compuesta en los 80, es coreada en el siglo XXI en cada protesta como un himno.
Hoy los chilenos eligieron un líder de 35 años, convertido en el Presidente electo más joven y votado de la historia, con 4,6 millones de sufragios y una biografía marcada por las movilizaciones estudiantiles. Violeta Parra, fue quizás quien más alabó a la juventud cuando cantaba: “¡Que vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría! Son aves que no se asustan de animal ni policía y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría”.
Carlos Schneider Yañez
Odontólogo y Magíster en Gestión en Salud
Universidad de Chile
M.B.A. Tulane University (USA)










