26 de abril del 2027.- Desde hace un tiempo a esta parte, nuestro país se ha visto invadido por bandas de jóvenes delincuentes de entre 11 y 17 años que se dedican –con un grado de violencia inusitado– a robar vehículos, asaltar casas, atracar bencineras, asesinar personas, vender y consumir drogas, y un largo listado de fechorías.
Uno de los aspectos más peligrosos de esta situación, es que los niños criminales menores de 14 años, tienen clara conciencia de que ellos son “inimputables” y que la sociedad los considera, incluso, “sin discernimiento”, en función de lo cual, estos jóvenes delincuentes pueden realizar casi cualquier barbaridad en términos delictuales –incluyendo la violación y asesinato de las víctimas de sus delitos– sin recibir castigo alguno.
¿Resultado de lo anterior? El Poder Judicial reveló que los Juzgados de Familia –correspondiente a los antiguos “Juzgados de Menores”– han registrado más de 30.000 casos de “niños inimputables” menores de 14 años que fueron detenidos por diversas infracciones y delitos cometidos desde el año 2018 en adelante. Dada su edad, a estos menores no se les pudo atribuir responsabilidad penal alguna, por lo que terminaron siendo absueltos de los delitos cometidos y entregados a sus padres y guardadores.
En cuanto a los menores que iban de los 14 a los 18 años –quienes sí pueden enfrentar la justicia en forma escalonada: 14-16 y 16-18–, sólo durante el año 2024 la fiscalía formalizó a más de 40.000 delincuentes juveniles y los casos no cesan de aumentar.
Los distintos gobiernos han hablado de “cifras extremadamente preocupantes y alarmantes” y de que estamos “frente a un problema dramático y complejo”. Sin embargo, luego de tanta alarma pública, ninguna autoridad ha tomado medidas concretas que permitan acabar con el problema, o por lo menos controlarlo.
Algunas de las causas que dan origen a las pandillas y/o bandas juveniles son, entre otras: 1. La desintegración del núcleo familiar. 2. La ausencia de valores desde el hogar. 3. El ambiente social que rodea a los menores. 4. La necesidad de pertenencia de los niños a un grupo que los acoja, aunque sea de tipo delictual.
En diversos países las bandas de delincuentes tienen, por así decirlo, “divisiones infantiles” para niños de entre 9 y 13 años, muchos de ellos moliendo heroína para organizaciones criminales y narcotraficantes que los emplean en el negocio de las drogas, porque saben que cuentan con la protección de la ley en caso de ser atrapados cometiendo delitos, ya que estos chicos no pueden ser encarcelados si tienen menos de 12 años. El grave problema radica en que aquellos que, posteriormente, se convierten en asesinos adolescentes, casi siempre tienen antecedentes criminales policiales desde mucho antes, en ocasiones desde los nueve años.
Estos niños criminales comienzan a delinquir desde muy jóvenes, porque saben que nada les va a pasar. El segundo grave dilema radica en que, gradualmente, va aumentando la gravedad de sus delitos –atracos, robos con violencia, asaltos con arma blanca o con pistolas, etc.–, lo que significa que cuando lleguen a adolescentes entre 15 y 17 años serán criminales hechos y derechos.
Es preciso que nuestro país preste mucha atención a esta situación antes de que se desborde totalmente y se convierta en un tema imposible de controlar, ya que es cosa de observar lo que ha sucedido en otros países: el problema de la delincuencia infantil se ha convertido en una verdadera pesadilla no sólo en EE.UU., sino que también en España, Inglaterra, México, Brasil, Perú, etc. Una quinta parte de los delitos graves cometidos en la ciudad de Londres fue obra de colegiales: niños y niñas de 10 y 12 años que atacaban a ancianos, robaban y asaltaban con mucha violencia. Una de las razones para esta conducta –aun cuando no constituye una justificación–, es que estos niños delincuentes actúan de manera impulsiva, sin control y sin ningún tipo de temor a las consecuencias.
La tónica que se advierte después que se apresa a estos delincuentes y se los lleva ante los Tribunales de Familia, es que muestran muy poco arrepentimiento por sus delitos y fechorías. Por el contrario: muchos de ellos hacen ostentación y presumen abiertamente en las redes sociales y entre sus grupos de pares acerca de los ilícitos cometidos.
Las investigaciones internacionales señalan que las pandillas juveniles se han convertido en un fenómeno social propio de las grandes urbes y, en algunos países, este fenómeno está siendo considerado como uno de los principales problemas de “seguridad nacional”. Lo anterior, a raíz de las repercusiones que tiene en la población la proliferación sin freno del número de niños criminales y de pandillas juveniles dedicados a cometer delitos y desmanes, amparados por las propias leyes de inimputabilidad.
Recordemos que el desborde de la delincuencia juvenil en Brasil condujo a la desgraciada aparición de los “escuadrones de la muerte” que en el año 1990 sólo en Río de Janeiro asesinaron a más de 500 niños menores de edad. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística reveló que el 63% de los niños asesinados tenía entre 9 y 12 años.
Dado que la delincuencia juvenil se están convirtiendo en un problema de tipo social, su tratamiento requiere de una respuesta también social, que implique, tomar medidas tanto de tipo políticas, como así también utilizar estrategias multisectoriales con participación no sólo del Estado, sino que de los padres de estos menores y de la comunidad, donde el enfoque no se reduce exclusivamente a tomar medidas represivas y punibles, sino que, prioritariamente, medidas de tipo preventivas.
Es altamente probable que esto requiera de ciertos cambios y adecuaciones de las leyes actualmente vigentes. Por mucho que queramos ponernos una venda y cerrar los ojos ante la realidad que nos rodea, a partir de una determinada edad, los niños saben –y discriminan– claramente la diferencia entre el “bien” y el “mal”, así como también saben perfectamente, que si tienen menos de 12 años y cometen delitos, nadie los puede tocar.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










