03 de Agosto del 2026.- Durante los últimos años, los profesores chilenos hemos levantado una voz legítima para advertir que educar se ha vuelto más difícil. La violencia escolar aumenta, la salud mental de niños y jóvenes preocupa, las aulas son más diversas y las exigencias hacia las escuelas parecen no tener fin. Todo ello es cierto. Pero el reciente Teaching Knowledge Survey (TKS 2024) de la OCDE nos devuelve una pregunta que pocos querían escuchar: ¿qué distingue a aquellos docentes que, incluso en medio de esta compleja realidad, siguen logrando que sus estudiantes aprendan?
La respuesta no está en conocer más contenidos, sino en saber mejor cómo enseñar. La OCDE demuestra que el conocimiento pedagógico general —la capacidad de comprender cómo aprenden las personas, gestionar ambientes de aprendizaje, evaluar, incluir, colaborar y enseñar con sentido— constituye uno de los factores más decisivos para el éxito educativo. Los docentes con mayores competencias pedagógicas destinan hasta un 22% más de tiempo efectivo a enseñar y menos a controlar la disciplina que se enseña. No porque trabajen en escuelas más fáciles, sino porque poseen mejores herramientas para transformar la adversidad en oportunidades de aprendizaje.
Quizás allí se encuentra una de las mayores contradicciones de nuestro sistema educativo. Durante décadas hemos puesto el acento en cuánto sabe un profesor de matemáticas, lenguaje, ciencias o historia. Sin embargo, la evidencia vuelve a recordarnos una verdad tan antigua como olvidada: el conocimiento disciplinar, sin pedagogía, difícilmente se convierte en aprendizaje. La didáctica —el arte de enseñar— no es un complemento del profesor; es el corazón de su profesión.
Este hallazgo interpela directamente a las universidades y a las políticas públicas. Formar docentes para el siglo XXI exige mucho más que fortalecer las disciplinas. Significa preparar profesionales capaces de reflexionar sobre su práctica, trabajar colaborativamente, liderar aulas inclusivas, comprender el desarrollo socioemocional y vincular tempranamente la teoría con la realidad escolar. La pedagogía no puede seguir ocupando un lugar secundario en la formación inicial ni en el desarrollo profesional docente, porque es precisamente allí donde se construyen las competencias que hoy la evidencia internacional reconoce como decisivas.
Quizás el mayor aprendizaje del estudio de la OCDE no sea estadístico, sino profundamente humano. Cuando todo parece jugar en contra de la escuela, la herramienta más poderosa del profesor sigue siendo la misma que comenzó a cultivar el primer día que ingresó a estudiar Pedagogía. No es una plataforma digital, una reforma curricular ni una nueva metodología de moda. Es la capacidad de educar con pasión, de mirar a cada estudiante como una persona y de comprender que enseñar siempre ha significado mucho más que transmitir contenidos.
Porque antes que profesores de una asignatura, somos pedagogos. Y antes que preparar estudiantes para una prueba, nuestra misión sigue siendo educar para la vida.
Dr. Juan Pablo Catalán – Doctor en Educación – Académico e investigador










