02 de Agosto del 2026.- Durante mucho tiempo, las investigaciones y estudios acerca del liderazgo se han centrado en las formas idealizadas –y, en ocasiones, algo románticas– del ejercicio del “buen liderazgo”, tales como el liderazgo de tipo transformacional, carismático, auténtico, etc., estilos que, por cierto, nos gustaría encontrar en todas aquellas personas que deben dirigir empresas, instituciones públicas e, incluso, países, algo que no siempre sucede. En este sentido, los investigadores han sido algo negligentes en estudiar los aspectos negativos del liderazgo, a saber, el lado oscuro, violento y poco romántico del liderazgo.
La literatura actualizada acerca de este importante tema, así como de ciertos estilos de personalidad revelan que debido al elevado nivel de necesidad de poder que muestran algunos sujetos, una variedad de ellos con personalidades de la tríada oscura –“narcisistas, maquiavélicos y psicópatas”– se encuentran en altas posiciones de liderazgo y poder. Los casos más emblemáticos son los actuales presidentes de Estados Unidos y Rusia: Donald Trump y Vladimir Putin, así como también el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Estos dos últimos –Putin y Netanyahu– enfrentan diversas acusaciones de genocidio y crímenes de guerra por parte de distintos organismos internacionales.
Ahora bien, el liderazgo oscuro refleja, sin lugar a dudas, una parte importante de la realidad relacionada con el ejercicio del liderazgo, en función de lo cual, la idea de fondo, es hacer aquí un breve análisis de la combinación de la tríada oscura de la personalidad y su vinculación con el ejercicio del liderazgo bajo sus formas narcisista, maquiavélica y psicopática.
No obstante que los líderes oscuros pueden ser muy egoístas, impulsivos, explotadores y tóxicos también pueden ser efectivos. La gran diferencia con los líderes positivos radica en el grave daño físico, emocional, económico y político que provocan en las personas que los rodean, el alto nivel de miedo y temor que infunden en los colaboradores y el pésimo ambiente que generan, lo que lleva a que mucha gente opte por abandonar la organización o institución y busque un ambiente donde prime la confianza, el respeto y el buen trato.
El hecho de poder comprender cabalmente la naturaleza del “mal” o el hecho de ser un “sujeto malvado”, ha representado un gran desafío para la ciencia, es por ello, que un enfoque muy productivo en relación con este tema ha sido estudiar los rasgos antisociales de las personas, agrupando a tres personalidades antisociales reconocidas, precisamente, como la “tríada oscura”, es decir, el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía.
Es así, que los investigadores Paulhus y Williams intentaron dilucidar el significado del “mal” (o “maldad”) bajo el paraguas de la “tríada oscura”, tres constelaciones aversivas del liderazgo y que están asociadas a la provocación de un daño significativo, así como la explotación y el abuso de los demás. De acuerdo con Paulhus y Williams esta tríada del mal incluye al:
- Maquiavelismo: caracterizado por la manipulación, explotación de las personas y el resguardo del interés propio, bajo la forma de un actuar dominado por una agenda oculta que sólo conoce el sujeto maquiavélico.
- Narcisismo: con la presencia de grandiosidad, marcado egoísmo y una profunda falta de respeto y empatía hacia las demás personas.
- Psicopatía: presencia de conducta antisocial, impulsiva y descontrolada, insensibilidad ante el dolor ajeno y falta absoluta de remordimiento por sus actos y fechorías.
Dada la superposición de algunos de los rasgos que componen estos tres tipos de personalidad, no sorprende para nada que todos ellos se correlacionen con un estilo interpersonal donde prima la insensibilidad, el abuso, el maltrato y la manipulación a destajo. Los primeros investigadores en acuñar el término “Tríada oscura” fueron, precisamente, el Dr. Delroy Paulhus y el Dr. Kevin Williams con la finalidad de describir el maquiavelismo (a saber, manipulación social calculada), la psicopatía (presencia de comportamientos insensibles, impulsivos y con carácter depredador) y el narcisismo (es decir, la existencia de un ego excesivo y un comportamiento egoísta).
En los niveles subclínicos, estas tres constelaciones desagradables y antagónicas de rasgos de personalidad se correlacionan con la generación de daños sociales, emocionales y legales significativos, en tanto que a nivel clínico, la psicopatía es el mejor predictor individual de reincidencia con carácter violento y representa una gran cantidad de delitos graves.
La “sintomatología psicológica subclínica” se refiere a alteraciones de personalidad que no se expresan con signos y síntomas detectables, pero que sí se revelan a partir de los efectos y consecuencias en el desempeño y comportamiento del individuo. Si esto lo llevamos al ámbito carcelario y criminal, los psicópatas representan hasta el 30% de la población carcelaria y son responsables de más del 50% de los delitos violentos.
En función de lo anterior, hay muy buenas razones para afirmar que en el ámbito empresarial estos rasgos están asociados con infligir un daño significativo y deliberado a sus colaboradores, lo que en rigor, significa que dichos rasgos se superponen muy bien con el significado de la palabra “maldad” o con el hecho de ser un sujeto “malvado”.
Las estrategias conductuales insensibles y calculadas del maquiavelismo están relacionadas con el éxito profesional y aparecen como sujetos “controladores y coercitivos” que utilizan una combinación de tácticas pro y antisociales para conseguir sus propios y oscuros objetivos.
A su vez, los individuos psicópatas comparten algunos rasgos con los maquiavélicos, a saber la insensibilidad y la manipulación interpersonal, pero también tienden a ser imprudentes, irresponsables y grandilocuentes. Se supone que los psicópatas son “tramposos evolucionados” que aprovechan la cooperación de los demás, ya que carecen de los mecanismos emocionales que impiden el comportamiento antisocial, tanto así, que “los psicópatas pueden tener mucho éxito en los negocios y en la política”.
El narcisismo, a su vez, incluye grandiosidad y una necesidad crónica de autoafirmación y autoestima. Estos rasgos pueden ser beneficiosos para mantener los esfuerzos de las personas enfocadas en sí mismas a expensas de los demás.
Todas las personalidades de la tríada oscura se caracterizan “por un carácter despiadado, con capacidad para explotar comportamientos cooperativos de la mayoría de las personas”, al mismo tiempo que “eliminan del todo la necesidad evolucionada de corresponder a otros con conductas positivas recíprocas” en directa relación con aquello que estos sujetos reciben.










