28 de junio del 2026.- Porque la mayoría de las veces, cuando la gente dice que quiere estar en forma, lo que en realidad quiere decir es que quiere verse de cierta manera. Y eso, que parece lo mismo, no lo es en absoluto.
El auge del ejercicio en Chile es real y es bienvenido. Más gente corre, más gente levanta pesas, más gente se inscribe en gimnasios. Pero hay una pregunta incómoda que el mundo del fitness prefiere no hacerse demasiado seguido: ¿cuántas de esas personas que se ven bien realmente están bien? Tener abdominales, pesar lo que uno pesaba a los veinte años o publicar una foto después de entrenar no dice nada, absolutamente nada, sobre la condición física real de una persona. Y esa confusión, que la industria del ejercicio alimenta todos los días, tiene consecuencias concretas sobre la salud de mucha gente.
Lo que las ciencias del deporte entienden por condición física no tiene que ver con el espejo. El American College of Sports Medicine (ACSM) la define como el conjunto de atributos que permiten realizar actividades físicas con vigor, eficiencia, seguridad y adecuada recuperación. Sus componentes son cinco: capacidad cardiorrespiratoria, fuerza muscular, resistencia muscular, flexibilidad y composición corporal. Solo el último tiene algo que ver con el aspecto. Los otros cuatro son completamente invisibles. Y son, precisamente, los que más predicen salud y longevidad.
De esos cinco componentes, la capacidad cardiorrespiratoria, es probablemente el indicador más poderoso que existe en la literatura científica sobre condición física y salud. Estudios publicados en revistas científicas de gran impácto, han mostrado que una baja capacidad cardiorrespiratoria es un predictor de mortalidad más fuerte que el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes o la obesidad. No el más conocido, desde luego. Pero sí uno de los más contundentes. Y nadie lo ve en una foto.
Eso genera una paradoja que se ve con frecuencia en la práctica: personas con cuerpos estéticamente valorados por los estándares del fitness actual y una capacidad cardiorrespiratoria que las ubica en zona de riesgo real. Y al revés: personas cuyo cuerpo no cumple ningún canon vigente que tienen una condición física funcional que les permite moverse bien, recuperarse rápido y vivir sin limitaciones. El espejo no sabe eso. El espejo no mide nada de lo que realmente importa para la salud a largo plazo.
El músculo tampoco es solo una cuestión de apariencia, y eso merece decirse con más claridad de la que habitualmente se usa. La musculatura tiene un rol metabólico fundamental que va mucho más allá del volumen visible: participa en el control de la glucosa, la sensibilidad a la insulina y la regulación hormonal. Por eso el entrenamiento de fuerza tiene beneficios concretos e independientes de cuánto músculo se ve, especialmente en personas con diabetes tipo 2, riesgo cardiovascular o síndrome metabólico. Dos personas con el mismo peso corporal pueden tener condiciones físicas radicalmente distintas según su composición, su capacidad aeróbica y su fuerza funcional. El peso, por sí solo, dice muy poco. Y sin embargo sigue siendo el indicador más usado para hablar de salud, tanto en conversaciones cotidianas como, lamentablemente, en muchas consultas médicas.
Lo que más me preocupa de esta confusión no es la vanidad en sí misma. La vanidad es humana y bastante comprensible. Lo que me preocupa es que orienta las decisiones de entrenamiento en la dirección equivocada. Alguien que entrena para verse mejor tomará decisiones distintas a alguien que entrena para funcionar mejor. Y esas decisiones producen resultados de salud distintos. El primero puede pasar meses en el gimnasio sin mejorar su capacidad cardiorrespiratoria, sin trabajar el equilibrio, sin desarrollar la movilidad articular que va a necesitar cuando tenga cincuenta o sesenta años. El segundo construye algo que dura.
Chile enfrenta un problema de sedentarismo estructural que la Encuesta Nacional de Actividad Física documenta edición tras edición. Pero también enfrenta algo más sutil y quizás más difícil de corregir: una cultura del ejercicio que ha crecido sin terminar de entender para qué sirve realmente moverse. La condición física real se mide en cosas concretas y muchas veces invisibles: subir escaleras sin fatigarse en exceso, caminar largas distancias sin perder el paso, levantarse del suelo sin apoyo, mantener el equilibrio en superficies irregulares. Esas capacidades determinan calidad de vida, autonomía y participación social, especialmente a medida que envejecemos. Y no se construyen persiguiendo una imagen en el espejo.
El fitness que Chile necesita no es el de la foto. Es el que permite moverse bien, durante más tiempo, con más independencia y sin que el cuerpo pase la cuenta antes de tiempo. Que eso además se vea bien es un beneficio secundario. Bienvenido, pero secundario.
Dr. Frano Giakoni Ramírez – Doctor en Ciencias del Deporte – Director Carrera Entrenador Deportivo – UNAB










