16 de Agosto del 2026.- Diversas investigaciones internacionales han demostrado, una y otra vez, que estudiar en un curso con pocos alumnos predice un mejor desarrollo personal y un mayor éxito académico. Sin embargo, en nuestro país, no sólo se insiste en aumentar el número de horas que un alumno debe permanecer en el colegio con jornadas de mañana y tarde, sino que también hay una enorme cantidad de escuelas con cursos abarrotados de alumnos: 35 o 40 alumnos apretujados en una sola sala de clases, en tanto que el número recomendado por expertos, es de 15 estudiantes, condición que favorece que el profesor pueda atender y ponerse en “sintonía” con las necesidades de cada uno de sus alumnos.
Por lo tanto, el primer factor que potencia el desarrollo y crecimiento escolar de los niños se relaciona con el hecho de asistir a un colegio con cursos de pocos alumnos, especialmente en la educación básica.Esto representa “una condición que no sólo permite recibir una enseñanza más personalizada, integral y de calidad, sino que además, dicha condición se convierte en un excelente predictor de éxito escolar”.
Lo anterior se demostró en una investigación donde se monitoreó a casi cinco mil estudiantes de 165 escuelas del estado de Tennessee, en EE.UU., desde el jardín infantil hasta el último año de enseñanza, antes de ingresar a la Universidad, concluyendo que los niños que se habían mantenido en cursos poco numerosos tenían alrededor de un 25% más de probabilidades de graduarse, en comparación con aquellos otros estudiantes que tuvieron treinta o más compañeros de curso.
Un segundo factor gravitante, es “tener padres comprometidos con la educación de sus hijos”, por cuanto, una familia comprometida hace mucho más fácil el trabajo escolar, en que el apoderado no sólo se dedica a “fiscalizar lo que hace el colegio”, sino que se involucra en la formación de su hijo(a), apoyando el trabajo del colegio en tareas como: fortalecer valores y hábitos de estudio en el niño, revisar con el niño las tareas asignadas, participar en las reuniones de padres y apoderados, asistir a charlas educativas, etc.
Un tercer factor, es que “el profesor encargado de la formación de los alumnos sea capaz de generar un ambiente escolar que sea favorable para el estudio”, donde la relación profesor-estudiante sea una relación de carácter positivo y participativo, lo que no implica en absoluto que exista falta de disciplina en la sala de clases. Así como los alumnos tienen ciertos derechos que deben ser respetados, también existen ciertos deberes que, a su vez, deben ser respetados y observados por parte de los alumnos, donde el profesor representa la autoridad. La disciplina y el respeto son valores muy importantes, en función de lo cual, deben ser enseñados y aprendidos.
Un cuarto factor que predice un buen desarrollo de los estudiantes, es que “los niños cuenten con un adecuado concepto de sí mismos y de sus capacidades”, es decir, que tengan una adecuada autoestima, por cuanto, un estudiante con una buena autoestima se va a sentir capaz para estudiar y aprender, con lo cual, automáticamente, se incrementará el nivel de motivación del niño por aprender aún más. Y en relación con este factor, es clave el “refuerzo positivo”, es decir, que los niños noten que las cosas que hacen son tomadas en cuenta y que tienen la ayuda y el apoyo de sus padres y profesores.
El quinto factor se vincula con lo que se llama una “enseñanza reflexiva” y un “aprendizaje significativo”, conceptos estrechamente ligados a los múltiples aportes que ha hecho la “Neurociencia del Aprendizaje”. Aquellas metodologías que son más participativas, de tipo experiencial y que están enfocadas hacia la práctica de la reflexión y el análisis son, sin lugar a dudas, las más efectivas y las que entregan los mejores resultados. Lo anterior, significa que se deben utilizar metodologías que favorezcan el desarrollo cognitivo de los niños, más que el mero aprendizaje de “contenidos en vacío”, de memorización y/o desligados entre sí, es decir, que sólo exigen el uso de la memoria.
Un sexto factor dice relación con “la adquisición de buenos hábitos de estudio”, ya que esto permite predecir el rendimiento y el éxito futuro de los niños. Son hábitos que deben ser formados desde pequeños, es decir, desde que los menores ingresan a primero básico. Y… ¿cuál es la misión de los padres? Evitar que hayan distractores presentes, tales como: celulares, tablets, aparatos de televisión, etc., que desvían la atención y concentración de los niños en sus deberes y tareas.
Al lograr que estos seis factores se integren entre sí, que se complementen y que estén presentes en la vida de los niños, los resultados serán, simplemente, extraordinarios.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)








