08 de junio del 2026.- El diccionario de Cambridge lo define con precisión como «el nivel básico de conocimiento práctico y criterio que todos necesitamos para ayudarnos a vivir de una manera razonable y segura”. Sin embargo, en los tiempos que corren, este concepto se ha vuelto peligrosamente autorreferente y paradójico: por un lado, se asume como el conjunto de afirmaciones en el que las personas sensatas están de acuerdo; por el otro, se define a las personas sensatas, únicamente, como aquellas que poseen dicho sentido común.
Ya lo advertía René Descartes con fina ironía en su Discurso del método: “El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él que aun los más difíciles de contentar en cualquier otra cosa no suelen desear más del que tienen”.
El riesgo actual radica en que, bajo el amparo de esta supuesta «lógica de la vida», se han filtrado nociones de la pseudociencia directamente al torrente del sentido común. Afirmaciones falsas como que el consumo de carne altera la agresividad humana, que las vacunas provocan autismo o que beber agua de mar cura el cáncer, se validan socialmente a través de costumbres mal entendidas y experiencias anecdóticas. Se asumen así significados «naturales» que simplemente se dan por sentados.
Lo cierto es que la gran mayoría de estas premisas se sostienen sobre falacias cognitivas y malas interpretaciones, nacidas a veces de la ignorancia genuina y, en otras ocasiones, de agendas personales diseñadas para manipular a la población.
Este fenómeno encuentra una explicación científica en el conocido Efecto Dunning-Kruger. Este sesgo cognitivo demuestra que, al adquirir nociones superficiales sobre un tema, el individuo experimenta una confianza desmedida, creyendo falsamente haber comprendido la totalidad del asunto. Solo cuando se profundiza en el conocimiento, la persona descubre la verdadera magnitud de lo que ignora, provocando una caída forzosa de su confianza que solo se recuperará tras años de esfuerzo, estudio y rigurosa labor académica.
Por desgracia, el grupo más radical y seguro de sí mismo es el que se ubica en el primer peldaño de la curva: el de la ignorancia inicial. Al ser la superficie accesible para cualquiera, este grupo representa a la mayoría. En el ecosistema digital contemporáneo, estos emisarios de la sobreconfianza tienen acceso a redes masivas donde difunden su desconocimiento de manera brutal, inmediata y extendida.
En contraste, las voces de los expertos —cuyos argumentos requieren de mayor abstracción, evidencia empírica y esfuerzo intelectual para ser comprendidos— quedan injustamente relegadas a un segundo plano. Esta relativización del conocimiento ha instalado la noción de que toda opinión es igualmente válida en el terreno de los hechos objetivos. Es la distorsión cultural que nos lleva, de forma insólita, a sentar en un panel de televisión a un astrólogo al lado de un astrónomo para debatir de igual a igual. Cervantes sugería que el sentido común es ese Sancho que todos llevamos dentro.
Pero no debemos olvidar que, si bien Sancho es pragmático y necesario para caminar sobre la tierra, requiere de la guía de la razón para no extraviarse en los delirios de la ignorancia.
Dr. Pierre Paul Romagnoli – Ingeniero matemático egresado de la Universidad de Chile y poseo un doctorado conjunto en Ciencias de la Ingeniería (Modelado Matemático) y Matemáticas Puras.










