04 de Octubre del 2026.- El Dr. Paul Ekman fue un destacado psicólogo y científico del siglo XXI en el ámbito del comportamiento humano en relación con “las emociones y su conexión con las expresiones faciales y las mentiras”, una realidad que muchas personas presentan como conducta habitual, ya sea en el lugar de trabajo, en el hogar o en su círculo de amistades. Las investigaciones del Dr. Ekman dieron origen a una exitosa serie de televisión llamada: “Lie to me”, es decir, “Miénteme”, donde se muestra con claridad la vinculación entre los estados emocionales de las personas y sus correspondientes expresiones faciales.
El Dr. Ekman centró sus estudios en cuatro aspectos relevantes del proceso de la comunicación humana: 1. Las expresiones faciales. 2. El lenguaje corporal y gestual. 3. Las tonalidades de la voz. 4. Las palabras. Estos cuatro factores permiten detectar si una persona está mintiendo a través de lo que se conoce como las “microexpresiones involuntarias”, es decir, expresiones faciales que aparecen en la cara durante fracciones de segundos que revelan lo que un sujeto está sintiendo o experimentando realmente en su interior. Las mentiras –grandes o chicas, blancas u obscuras– son parte integral de la vida de las personas. Algunas de estas mentiras podrán ser más piadosas que otras, pero lo cierto es que se advierten en todas partes, y el lugar de trabajo no es una excepción.
Son muy pocos los jefes que pueden asegurar no haber oído alguna vez explicaciones esotéricas en relación con un trabajo no entregado a tiempo, las inasistencias en el trabajo o los atrasos en la hora de llegada a la oficina. A su vez, son pocos los trabajadores que se salvan de haber dicho –por lo menos alguna vez en su vida– las llamadas “mentiras blancas”, con el fin de salir bien parados del problema en el que han metido.
Algunas de las mentiras parten, incluso, antes de que el sujeto entre a trabajar a una empresa, a saber, en su Currículum, ya que es muy común “colorear el C.V. cuando se está postulando a un cargo”: se consignan trabajos que nunca se han tenido; las personas que aún no se han titulado aseguran todo lo contrario; hay quienes van más allá e inventan trabajos realizados en empresas de otros países… sin conocer el idioma; hay quienes alargan las fechas de ingreso y de salida de una empresa para no aparecer como un sujeto inestable y que dura poco tiempo en los trabajos; algunas otras personas fingen estar trabajando, cuando en realidad no lo están; señalan “manejar idiomas a la perfección” cuando apenas son capaces de decir un par de frases de corrido en el idioma que dicen hablar de manera fluida.
A raíz de lo señalado más arriba, más les vale a las personas que escuchan a estos sujetos “parar las antenas” y prestar mucha atención a lo que dicen, ya que los mentirosos suelen delatarse a ellos mismos a través de pequeños detalles. Si bien, ninguna de las conductas que se presentan a continuación, son, por sí solas, una prueba contundente de que se tiene a un mentiroso frente a uno, sí constituyen un signo de alarma cuando se presentan dos o más de estos comportamientos en forma simultánea.
Pongamos al “detector de mentiras” del Dr. Ekman en acción:
- Cara: las personas que mienten, pueden adoptar dos conductas opuestas: (a) evitar mirar a los ojos de su interlocutor, fijando la mirada en cualquier parte, menos en los ojos de la persona con la que se habla, (b) mirar fijamente al interlocutor, con una mirada intimidatoria, buscando amedrentar, en lugar de admitir que está mintiendo. Presenta pupilas dilatadas, con una sonrisa forzada. Las cejas se levantan hacia el centro de la frente, apareciendo arrugas en esa zona.
- Cuerpo: se produce una disminución en el movimiento de las manos, palabras y gestos producto de la tensión. Quienes mienten, tienden a tocarse la cara y la nariz de manera más frecuente que cuando dicen la verdad. También tienden a taparse la boca, que es un gesto habitual e instintivo de los mentirosos. Otro signo, es la excesiva sudoración, y aún cuando ésta es una señal que se usa en el polígrafo como signo de mentiras, debe estar acompañada de otras señales tales como ruborizarse, tartamudear, jugar con su pelo y con los botones de su camisa, etc., ya que hay personas tímidas y nerviosas que son honestas y que también sudan. Cuando alguien dice la verdad, su cuerpo se inclina hacia el interlocutor, en tanto que cuando miente se reclina hacia atrás como queriendo escapar de la situación.
- Voz: la conversación se lentifica, el tono de voz se hace titubeante, se eleva, o bien, se producen cambios repentinos en el tono de voz producto de la tensión y el nerviosismo, generándose algunas pausas largas con el fin de ir encontrando nuevos argumentos para defender o continuar sustentando las mentiras.
- Palabras: aparecen frases evasivas, así como el uso de excesivas generalizaciones, se producen toses fingidas y tartamudeos al contestar preguntas. El sujeto evita el uso del “yo o del nosotros”, utiliza cifras redondeadas y nunca exactas, y da respuestas que no son directas. Tiende a repetir palabras y frases que suenan convincentes, una y otra vez. Puede suceder que el mentiroso “adorne su discurso” con detalles que nadie le ha pedido, a fin de obtener credibilidad.
- Las contradicciones: la persona dice una cosa y poco después dice otra cosa, consecuencia probable de haber olvidado lo que había dicho primero.
- Respiración: quién miente suele respirar más de prisa, la boca suele secársele, lo que lo lleva a toser y carraspear debido al estrés y a la tensión emocional que hace que su corazón lata más rápido y los pulmones requieran más aire, reduciendo el flujo de saliva en la boca. No hay nada más estresante que mentir.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)








