09 de Noviembre del 2025.- Los celos patológicos corresponden a un subtipo de trastorno de carácter delirante y multifactorial, que se relaciona con el hecho de que una persona está convencida de que su pareja le es infiel, sin que existan motivos, señales o prueba alguna que justifique la sospecha del supuesto engaño. Los celos patológicos son la principal causa de las graves agresiones psicológicas y físicas –incluyendo el femicidio– que sufren miles de mujeres de todas las edades en todo el mundo.
Se habla de “celotipia” o “celos enfermizos” cuando la capacidad de un sujeto de confiar en otra persona está atrofiada debido a un mal manejo por parte del sujeto celoso y está teñida por una intensa emoción caracterizada por el enojo y la violencia. Algunos estudios sugieren que la celotipia o celos patológicos afectan de manera desproporcionada a hombres mayores de 30 años, y se gatilla a partir de una situación específica que se interpreta como “sospechosa”. Ahora bien, el hecho de haber experimentado en el pasado algún tipo de infidelidad, ello determina que en algunas personas se produzca un elevado sentimiento de inseguridad personal y una “tendencia de tipo paranoica” a sospechar que sus actuales –o futuras– parejas pudieran hacer lo mismo. Al respecto de este hecho puede surgir una serie de ideas fijas, obsesivas y absurdas.
En sentido estricto, los celos sanos –muy distinto a sufrir de “celotipia”– corresponden a una respuesta de tipo emocional que surge cuando un individuo percibe una suerte de amenaza hacia una relación que considera importante y valiosa que se manifiesta como miedo a perder a alguien o algo que considera propio. Habitualmente, se habla de celos cuando se produce un cierto nivel de inquietud en un sujeto al pensar que la persona amada pudiera estar prestando atención a otro individuo, generando molestia e incomodidad, aun cuando la percepción del sujeto con respecto a su pareja esté equivocada y sin que el hecho pase a mayores.
Los celos parecen estar presente en casi todos los seres humanos, sin que importe su condición socio-económica, sexo, raza, edad, nivel de educación o forma de crianza. Incluso, se pueden manifestar en individuos que, aparentemente, son muy seguros de sí mismos. Tanto es así, que algunas personas se sorprenden de sí mismas por el hecho de sufrir de celos, ya que ni siquiera sospechaban que ellos (o ellas) pudieran experimentar este tipo de respuesta emocional.
Ahora bien, cuando se genera un “exceso de celos o celos malsanos”, ello provoca que la persona que los experimenta se sienta de tal forma insegura y vulnerada, que comienza a ejercer un dominio sobre la persona que se ha convertido en el objeto de sus celos, buscando arrinconarla en una especie de “red de sospechas” caracterizada por una serie de actos opresivos y controladores tales como: revisar las cosas personales y redes sociales del objeto de su amor (celular, bolso, Facebook, Instagram, WhatsApp, etc.), aislar y/o seguir a la persona al trabajo, controlar con quién sale o se junta, encerrar a la pareja en el hogar, buscar evidencias de su traición, etc.
A continuación se listan una serie de conductas y/o señales que indican que la persona pudiera estar comenzando a tener un grave problema de celos:
Experimentar sentimientos de inseguridad al interior de la relación: la aparición de los celos se inicia, justamente, cuando la persona comienza a sentirse insegura en relación con su pareja, ya sea porque la autoestima del sujeto es muy baja, o bien, porque siente que no está al “mismo nivel” que las ex parejas del objeto de su amor.
Ponerse controlador con la pareja: esto implica hacer diversos llamados durante el día para verificar dónde está la persona. A lo anterior se suma, el acto de revisar los mensajes del celular de la pareja, así como también ingresar a sus cuentas de correos electrónicos y redes sociales, monitoreando su perfil, a fin de revisar hasta los más mínimos detalles.
No “quitarle el ojo de encima”: existe una necesidad de estar “pegado” al otro, un aspecto que es muy contraproducente y poco saludable para la relación de pareja, por cuanto ambas partes necesitan un espacio personal de independencia para disfrutar con su círculo de amigos, o simplemente, para disfrutar de un tiempo para uno mismo.
Exigir u obligar al otro a que rompa todo tipo de relación con su ex: aún cuando no resulta agradable ni cómodo que la pareja hable constantemente de sus relaciones pasadas, tampoco es recomendable obligarla a desligarse completa y totalmente de una etapa de su vida, especialmente, si esta etapa fue significativa en la vida de la persona, como es el caso de la ex pareja con la cual se tienen hijos en común.
Acusar a la pareja de estar coqueteando con otros(as): si la pareja muestra algún gesto de cortesía y de amabilidad con otra persona –hombre o mujer–, eso no significa que esté interesada en dicha persona, por lo tanto, es preciso que el celópata aprenda a diferenciar lo que es la “amabilidad y mostrarse agradable con alguien” del hecho de “estar coqueteando” con el otro. Llevado al extremo, esto implica que la persona no puede tener amigos del otro sexo, por los graves incidentes que ello conlleva.
Hacer preguntas con doble intención: hay parejas que se divierten y se sienten cómodas haciendo preguntas a su pareja acerca de si tal o cual persona es más bonita o buen mozo que uno(a). No obstante lo anterior, hay otras que se toman muy a mal la respuesta que se les dé, por cuanto, si la respuesta es “Sí”, esa persona será acusada de estar viéndose con otro hombre o con otra mujer, y si la respuesta es “No” será tachada de mentirosa(o).
Los celos como fuente de constantes peleas y conflictos: las discusiones de pareja no tienen por qué razón ser vistas siempre como algo negativo, ya que a menudo, una vez zanjada de manera civilizada la discusión, la relación se puede volver más fuerte, cercana e íntima. Sin embargo, si la gran mayoría de las peleas se produce porque una de las partes se puso muy celosa(o), lo mejor es comenzar a reflexionar acerca de las repercusiones que pueden tener esas constantes peleas por celos, las que podrían conducir al agotamiento de la paciencia de la otra persona, y terminar en el quiebre definitivo de la relación.
En consideración de todo lo arriba mencionado, el celópata debería hacer una introspección y preguntarse, si a lo mejor quien está causando las dificultades en la relación, es justamente, la que acusa al otro de ser infiel. A raíz de lo anterior, la otra pregunta que debe hacerse el celópata es: si el “objeto de mis celos” es una persona tan poco digna de confianza, aborrecible, falsa, y mentirosa, entonces ¿por qué razón insisto en continuar una relación tan poco saludable? La respuesta dará claros indicios acerca de si su relación de pareja está aún a tiempo de ser salvada, o bien, terminará en un quiebre definitivo, e incluso, de manera poco civilizada y/o violenta.
Digamos, finalmente, que la falta de confianza en el otro, es el principal factor que influye en el rompimiento de una relación de pareja, especialmente, cuando no hay señal alguna que indique que la otra persona está siendo infiel o que tiene, siquiera, intención alguna de serlo.
Dr. Franco Lotito C. – Conferencista, escritor e investigador (PUC) www.aurigaservicios.cl










