El espectáculo o show de televisión que fue transmitido en directo a todo el país por casi todos los canales de la televisión chilena, sorprendió a la audiencia y causó estupor en otros, ya que nadie podía entender cómo se ajustaba a la ley y a los Reglamentos del Congreso, que un parlamentario se diera el lujo de hablar en forma ininterrumpida por espacio de más de 20 horas seguidas en la Cámara de Diputados, con el sólo objeto de dilatar artificiosamente la sesión, para permitir que un parlamentario finalizara la cuarentena y se trasladara al Congreso con el objeto de dar el quorum necesario para aprobar una Acusación Constitucional en contra del Presidente de la República.
Tratando de darle un aspecto honorable a tan vil maniobra, la definiremos como “Una técnica específica de obstruccionismo parlamentario, mediante el cual se pretende retrasar o enteramente bloquear un acto legislativo mediante el uso de un discurso de larga duración”
Su nombre se debe al hecho que se trata de un resquicio, no prohibido por la ley, pero que denota la más flagrante falta de ética y de honor en su aplicación. Se trata de un acto parlamentario vil y se le asemeja a los Filibusteros, ya que, en la época de los piratas y corsarios, pertenecían a la más baja escala social, ya que vivían del pillaje y robaban a su propia genta.
No es una práctica nueva, se usó mucho en los parlamentos europeos y existe un caso emblemático en Inglaterra. Se pretendía destituir al Primer Ministro y un parlamentario de su partido quiso alargar el tiempo, como anoche el Diputado Naranjo y leyó íntegramente un libro de cocina recién editado. Los parlamentarios alcanzaron a formar quorum y los otros aprendieron a cocinar.
En Chile, el 8 de Enero de 1993, el Diputado Udi Jorge Ulloa realizó un discurso de varias horas en medio de una acusación constitucional intentada en contra de tres ministros de la Excma Corte Suprema de Justicia y del Auditor General del Ejército, para dar tiempo al Diputado Pablo Longueira para viajar desde Concepción hasta Valparaíso para votar y ser parte de la acción acusatoria.
Sin embargo, pese a tratarse de una treta legal, es indudable su carácter de dudosa moralidad y ética, que debería ser regulada en su funcionamiento, pues en las condiciones actuales, es indesmentible la calidad de malas artes hay que justifica plenamente el 8% de aprobación que tiene el Congreso Nacional.
Ninguna duda cabe que toda esta parafernalia legislativa, a meses que el Primer Mandatario haga entrega de su cargo, sólo obedece a un “gustito” que quisieron darse los parlamentarios opositores y lamentablemente, como no se caracterizan por tener una visión de largo plazo, pueden crear un peligrosísimo precedente que atente contra nuestra maltrecha democracia, pues en el futuro, bastaría que más de 8 y menos de 20 parlamentarios puedan chantajear a la primera autoridad del país, ya que si hubiesen estado ávidos de justicia, honor y amor a la patria, podían deducir la acusación hasta 6 meses después del término del mandato presidencial.
En el espectáculo que vimos anoche, la acusación constitucional debe pasar al Senado, el que actuando como Jurado deberá pronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad del Presidente de la República. Ojalá que el Senado siente la recta doctrina, que un Presidente de la República, elegido democráticamente y por un importante porcentaje de votos, no puede ser destituido para ganar unos cuantos fondos o por las más espurias razones.










