Del mejoramiento de la comunicación depende, en gran medida, el desarrollo de un mayor nivel de credibilidad y confianza de los hijos hacia sus progenitores. Esto, a su vez, le “entrega a los padres un mayor grado de certeza acerca del importante rol formativo que cumplen los adultos en la vida de los niños”, por cuanto, la adquisición de ciertos principios y valores –el respeto por el otro, la solidaridad, la responsabilidad, la colaboración, etc.–, comienza por casa, y es misión relevante de los padres, quienes nunca deben desligarse de esta función formadora y, menos aún, “endosarle esta crucial responsabilidad y labor formativa a los profesores o a los colegios”. Dicho esto, señalemos que hay cosas que parecen muy difíciles de llevar a cabo, ya sea:
1. Porque no está formado el hábito para hacer las cosas de una manera diferente.
2. Porque no se han tenido los modelos apropiados (padres ausentes, por ejemplo).
3. Porque no existe la motivación adecuada.
4. Porque no se tienen los conocimientos necesarios.
Sin embargo, cuando existe verdadero amor y preocupación por los hijos, cuando hay un sentido de urgencia por hacer las cosas de una mejor manera, cuando los padres se han hecho el firme propósito de modificar la propia conducta, entonces el sendero del cambio se nos abre frente a nosotros de una manera clara y factible.
Si los padres desean mejorar la comunicación y tener un punto de encuentro familiar con sus hijos, el primer aspecto que debe aparecer en su “Guía personal para Padres”, es comenzar a poner reglas claras, que todos los integrantes de la familia deberán respetar, a continuación de lo cual, es preciso prestar mucha atención a los equipos electrónicos que se entregan a los niños, así como con los tiempos permitidos de uso, por el peligro que se corre de que los chicos se “zambullan” en ellos, se aíslen y dejen de prestar atención al resto del mundo –incluyendo a los propios padres–, y por el riesgo de que se produzca una verdadera “alienación mental” (o zombificación).
Cuando una persona visita el hogar de algunos amigos con hijos de cierta edad, sólo advierte la parte superior de sus cabezas, no así sus ojos o su mirada, ya que éstos están concentrados en sus iPhones, leyendo mensajes de textos, atentos a los mensajes de WhatsApp que llegan de manera ininterrumpida, están buscando novedades en Facebook, YouTube, Instagram, Tik-Tok, o bien, están sumergidos en cuerpo, mente y alma en algún tipo de videojuego. En otras palabras: si bien estos chicos están físicamente presentes en el hogar, al mismo tiempo están completamente ausentes mentalmente. Y lo que es peor: están totalmente ajenos a lo que ocurre en su alrededor, ignorando, incluso, cómo relacionarse con otras personas.
Existen casos e historias dramáticas de niños que pasan noches enteras pegados a sus consolas, jugando videojuegos de manera ininterrumpida, sin dormir, sin comer y sin asearse, chicos que se tornan irritables y agresivos cuando los padres intentan alejarlos de la consola o quieren prohibirles que sigan jugando. Incluso más. Hay casos comprobados de jóvenes de entre 15 a 23 años que han muerto en Corea del Sur, China, EE.UU., etc., mientras jugaban juegos como “World of Warcraft” y otros, que son juegos muy adictivos. Cuide entonces, que esto no les pase a sus hijos.
Los niños de hoy crecen en una suerte de “nueva realidad”, una realidad digital, donde están en sintonía con diversos tipos de máquinas y realidades virtuales, en lugar de relacionarse y conectarse con personas de carne y hueso. Esto es algo bastante desconcertante, y que hasta hace poco, era completamente desconocido en la historia de la humanidad. Una realidad, que de acuerdo con diversos investigadores –Daniel Goleman, Peter Senge, Mark Bauerlein–, resulta ser muy preocupante.
Una de las razones más importantes, es que el circuito social y emocional del cerebro de un menor se desarrolla por medio del contacto con individuos de carne y hueso, con quienes interactúa. Esas interacciones con los otros van modelando los circuitos cerebrales de los niños. Por lo tanto, cuantas menos sean las horas y momentos que el niño comparte con otros niños y adultos, y cuantas más horas le dedica este joven a mirar obsesivamente una pantalla digital, “tanto mayores serán los déficits y falencias que mostrarán en el futuro estos niños hiperconectados, ya sea, en su capacidad de comunicación, de comprensión o de relacionarse con los demás”.
La nueva generación que está creciendo en este mundo virtual es muy hábil para manejar el teclado de cualquier aparato electrónico que se le entregue, pero incapaz y torpe para decodificar una emoción en la cara del otro, siendo especialmente ciego este joven, para advertir la molestia de su interlocutor cuando interrumpe el diálogo para leer un mensaje de texto que ha recibido durante la conversación.
Otro error muy común de los padres, es suponer que los hijos saben, conocen y entienden las reglas de la casa, por lo que es recomendable hacerse cuatro preguntas:
1. ¿Qué es lo que yo espero de mis hijos?
2. Todo aquello que yo espero de ellos ¿tiene la misma importancia?
3. Los padres ¿han establecido de manera anticipada y con claridad aquello que esperan de sus hijos?
4. Los hijos ¿comprenden bien por qué razón se les pide aquello que los padres les solicitan hacer?
Si alguna de sus respuestas a estas preguntas es un “NO”, entonces los padres tienen un grave problema, porque lo más probable, es que el acuerdo o la regla, simplemente, no existe para el niño.
Tenga, asimismo, en consideración esta otra sugerencia: atrévase a enfrentar los conflictos padre-hijo de otra manera. Si tiene frente a usted a un hijo enojado, llorando como consecuencia de un desencuentro familiar, acójalo y déjelo primero que se desahogue y calme su rabia, luego pregúntele qué pasó y cómo piensa el menor que surgió el problema. A continuación, motívelo a que reflexione sobre lo ocurrido, así como acerca de las consecuencias que tiene para sí mismo y los demás.
Finalmente, pídale al hijo(a) que piense acerca de qué pueden hacer de manera conjunta para resolver el problema. Si el problema se debe a la conducta errada del menor, busque la fórmula adecuada para que su hijo se comprometa en el futuro a evitar ese tipo de situaciones. Todo el tiempo que se invierta en esta tarea será altamente redituable y beneficiosa para la armonía familiar.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










