Esta conducta se debe al miedo que tienen estas personas al rechazo y al abandono, y –por razones culturales– se advierte con mucha más frecuencia en las damas que en los varones.
Aún cuando estamos frente a una conducta que pudiera aparecer como una conducta “atractiva” ante los ojos de algunas personas y no representar un problema que reviste de gravedad, el Dr. Dan Kiley relaciona esta conducta femenina tendiente a sobreproteger a los hombres de su vida como si fueran sus madres, con el “síndrome de Peter Pan”, es decir, aquellos individuos –varones o mujeres– que no quieren crecer, que quieren seguir siendo niños por siempre, quienes, por lo tanto, no desean asumir las responsabilidades propias de la adultez. Bajo estas circunstancias, aparece alguien –que puede ser un hombre o una mujer– que se encarga de hacer todo aquello que el otro no quiere hacer.
El Dr. Kiley, psicólogo y autor de los libros “El síndrome de Peter Pan. Hombres que no crecieron jamás” y “El dilema de Wendy” señala que a las personas que padecen el síndrome de Wendy les resulta muy difícil controlar el rumbo de sus propias vidas, en función de lo cual, se enfocan en tratar de controlar la vida de los demás.
Al investigar las causas de esta conducta, a menudo se constata que el origen del síndrome de Wendy se encuentra en el pasado de quienes lo sufren, es decir, en sus familias de origen, familias que hicieron sentir al sujeto como alguien que fue excluido, descuidado y desprotegido, a raíz de lo cual, en sus vidas como adultos intentan compensar la falta de afecto, protección y dirección que experimentaron de niños, asumiendo y tomando el “rol de padres” que el sujeto siente que nunca ha tenido.
Algunos ejemplos del síndrome de Wendy pueden ser advertidos en las siguientes conductas: (a) la dueña de casa que se hace cargo de todas las tareas y responsabilidades del hogar para que la pareja o los hijos no tengan que hacerlo; (b) la “madre helicóptero”, es decir, aquella madre (o padre) que está siempre revoloteando en torno a los hijos y que se preocupa con total devoción de organizar todas y cada una de las actividades de sus hijos, buscando que todo esté planificado y debidamente agendado: actividades extra curriculares, salidas de verano, grupos de amigos con lo que pueden o no jugar sus hijos; (c) la persona que asume todos los deberes y que toma todas las decisiones; (d) es la madre –o el padre– de familia que le hace las tareas a los hijos, que los ayuda con sus proyectos escolares, que se preocupa de despertarlos en las mañanas para que no lleguen tarde al colegio, buscando hacerles la vida lo más fácil y placentera posible.
A causa del temor que experimentan las personas con el síndrome de Wendy al rechazo, al abandono y a no sentirse queridas, lo que buscan en forma exagerada es agradar y complacer a los demás, al mismo tiempo que sienten la necesidad de aprobación y aceptación por parte de las personas de su entorno cercano, lo cual, impulsa a esos individuos a convertirse en “personas imprescindibles”, a raíz de lo cual, evitan a toda costa que los demás se molesten, esforzándose en satisfacer todos y cada uno de sus deseos.
De acuerdo con los análisis del Dr. Kiley, resultaría ser algo habitual que “detrás de la existencia de un Peter Pan haya una Wendy”, con la finalidad de que ésta haga todo aquello que aquél que hace de Peter Pan no desea hacer y que, además, se responsabilice por todo aquello que dicho sujeto evita.
Dado el hecho que las mujeres afectadas por el síndrome de Wendy se sienten responsables por el bienestar de “sus hombres”, ellas pueden experimentar un gran sentimiento de culpa cuando no pueden cumplir con todas sus tareas. Además, tienden a mostrarse muy conformistas con su situación de vida, siendo capaces de justificar todos los sacrificios, cansancio, sufrimiento y agobio al que están sometidas en aras del amor que sienten por los suyos. En función de esta realidad, no resulta para nada extraño que estas mujeres –que quieren ser perfectas esposas, madres y amas de casa– tengan una pareja, un marido o un hijo con el síndrome de Peter Pan.
Algunos rasgos típicos de la presencia del síndrome de Wendy son los siguientes:
- La persona entiende el amor hacia el otro como un constante sacrificio y resignación ante su sufrimiento, manifestando su sentir y dolor a través del llanto.
- El sujeto se siente como alguien imprescindible en la vida de los demás.
- Busca evitar a como dé lugar que los demás se molesten o incomoden con ella.
- Puede deprimirse ante la falta de atención por parte de los demás, ya que depende en gran medida de la aprobación y aceptación social por parte de terceros.
- Es una persona que insiste en hacer las tareas que corresponden a otros, asumiendo las responsabilidades propias de la otra persona.
- Pide perdón por todo aquello que no la logrado hacer o que no ha sabido hacer.
- Son personas que terminan por adoptar el rol de padre o madre de la pareja.
Digamos, finalmente, que si aquellas personas que sufren de este síndrome desean liberarse de esta condición, el primer paso que deben dar, es aprender a controlar y manejar sus miedos al abandono y a la soledad, por cuanto, de acuerdo con los expertos en el tema, la ansiedad, la culpa y la tristeza son algunas de las emociones con las que deberán lidiar y comenzar a superar.
Paralelamente, es preciso que las “Wendys” sean capaces de aprender a tolerar el malestar que les causa la posibilidad de ser rechazadas, en función de lo cual, otro paso muy importante a dar, es buscar la forma de mejorar su autoestima, un aspecto que debe ser trabajado en el proceso psicoterapéutico.
Si bien a estas personas no les resulta fácil llevarles la contraria a aquellos individuos por quienes sienten afecto y que están acostumbradas a agradar, es preciso que comiencen a desarrollar ciertas habilidades sociales que incluyan la “asertividad personal”, es decir, aquella cualidad que permite expresar un adverbio de dos letras: “¡No!”, cuando corresponde y con quien corresponda.
La razón de lo anterior es muy fácil de comprender: el síndrome de Wendy tiende a limitar severamente la vida de aquellas personas que lo sufren, ya que afecta –de manera notable– su calidad de vida, por cuanto, a medida que transcurre el tiempo, comienzan a surgir fuertes sentimientos de frustración e insatisfacción por el pobre y esclavizado estilo de vida que la persona está llevando.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










