En este sentido, el sujeto celópata está: (a) completamente convencido que sus celos están justificados, (b) aunque se le demuestre con claridad lo contrario, sigue empeñado en que su pareja lo engaña, (c) algunos argumentos a los que la persona se aferra para justificar su actitud tienen carácter fantasioso, (d) su irascibilidad se extiende más allá de su pareja y puede afectar a su entorno más cercano.
Lo más peligroso de este asunto, es que no sólo puede ser el factor que determina el quiebre definitivo de una relación, sino que una de las partes puede llegar al extremo de dañar, agredir o, incluso, asesinar al “objeto de su amor”.
Ahora bien, todo apunta a que la gran mayoría de nosotros tendemos a ser algo celosos con aquellas personas que nos importan y a las que queremos, a raíz de lo cual, los celos no serían del todo malos mientras “se mantengan dentro de ciertos límites de respeto hacia la dignidad y libertad del sujeto amado”.
Sin embargo, el tema se convierte en un grave inconveniente cuando los celos excesivos –por parte de hombres y mujeres– comienzan a tener un impacto negativo en la relación. Especialmente, cuando el sujeto celoso “no lo es por lo que ve, sino que por aquello que se imagina”. Ahí radica el gran peligro.
Las siguientes son algunas señales peligrosas de que una persona está empezando a tener un severo problema de celos y que podrían conducir al término de una relación:
- Exigirle a la persona amada que rompa toda relación y contacto con su ex pareja: esta situación puede convertirse en algo muy serio y complicado. Si bien no es agradable que una de las personas hable constantemente de sus relaciones pasadas, tampoco se puede obligar a la pareja a desligarse completamente de una etapa de su vida. Eso sí, hay un momento y un límite aceptable en este tema, en función de lo cual, es recomendable evitar hablar y/o contactarse con las ex parejas hasta que la nueva relación esté bien consolidada.
- No quitarle a la pareja el ojo de encima ni por un instante: una relación no puede considerarse saludable, si es que una de las partes está encima del otro todo el tiempo. Ambos tienen derecho a una vida independiente a fin de disfrutar de sus amigos o de realizar actividades en solitario. Eso no significa que la pareja no lo quiera ver a uno: es solo que si ninguno de los dos tiene un cierto grado de libertad, lo más probable que suceda, es que uno de los dos termine por saturarse.
- La persona no puede mencionar a otras mujeres (u hombres) en presencia del otro: así como se tiene amigos hombres en el lugar de trabajo y a tu pareja no le incomoda ni le molesta, él también tiene derecho de tener amigas. Eso no implica que él sienta algún tipo de atracción hacia ellas. La interacción con personas del sexo opuesto durante el día a día es algo inevitable, así que resulta inútil hacerse un “caldo de cabeza” por eso.
- Monitorear todo lo que la pareja hace en Internet: hay una frase muy popular que circula entre los sujetos celosos y suspicaces: “Ojos que no ven, Facebook te lo cuenta todo”. No resulta ser algo muy saludable para el bienestar mental, que la persona se dedique a revisar constantemente el perfil de su pareja. O peor aún: entrar a su cuenta personal, si es que se dispone de la clave. La falta de confianza hacia la pareja, es el peor indicador de que la relación está en un serio peligro y que puede romperse en cualquier momento, si esa recurrente invasión de la privacidad es advertida por el afectado(a).
- Acusar constantemente a la pareja de estar coqueteando con otras mujeres (u hombres): hay que saber hacer la diferencia ente la amabilidad y el coqueteo. Si la pareja tiene un gesto de cortesía con una mujer –u hombre– y se muestra agradable con ella(él), eso no quiere decir que esté interesado(a) en dicha persona. Está claro que hay ciertos límites que no se deben sobrepasar, pero tampoco es muy sano estar encima de la pareja haciendo guardia como policía.
- Hacer preguntas con doble intención: hay parejas que se sienten cómodas y hasta se divierten haciendo preguntas como “¿Crees que María Cristina es más linda que yo?”. Sin embargo, hay mujeres que sea cual sea la respuesta que reciban, se la van a tomar de muy mala forma: si la respuesta es “Sí”, la persona será acusada de estar viendo a otras mujeres y si la respuesta es “No”, será acusada de mentirosa.
- Todas las peleas que se producen entre ambos tienen a los celos de por medio: las discusiones de pareja son normales y hacen que la relación se fortalezca, por cuanto, nunca dos personas van a estar totalmente de acuerdo acerca de un tema determinado. Pero si la mayoría de las peleas son porque aparecen los celos en su máxima expresión, lo recomendable es recapacitar y reflexionar al respecto, ya que si la pareja es tan mala o infiel como se asegura en medio de la discusión, la pregunta es: ¿por qué sigues con él(ella)? Existe una alta probabilidad de que el problema seas tú.
- Sentimiento de inseguridad acerca de la relación: generalmente, los celos son el producto resultante de la propia inseguridad, ya sea en cuanto al tipo de relación que se mantiene con la pareja, o bien, porque la persona no se siente “al mismo nivel” de la ex pareja. Es preciso comprender, que tu pareja está contigo porque te valora y te quiere tal y como eres, en función de lo cual, no hay necesidad de compararse con nadie, de modo tal, de entender que lo importante es vivir la relación de pareja en plenitud, y no contaminarla –o lo que es peor– envenenarla con celos que en nada colaboran en mantener sana, fuerte y viva una relación.
Señalemos finalmente, una frase muy significativa del novelista y crítico francés Marcel Proust, cuya obra más famosa, “En busca del tiempo perdido”, contiene en su estructura un importante eje dedicado a los celos y el amor, desde donde surge, justamente, la frase: “Los celos no son más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor”.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










