“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo” (Nelson Mandela, primer presidente negro de una Sudáfrica racista).
De acuerdo con una serie de investigaciones internacionales, en la gran mayoría de los países donde los celulares “inteligentes”, los computadores, tablets, Internet, uso de redes sociales, Facebook, Instagram, WhatsApp, etc., se han vuelto la “norma” –en términos de uso y abuso de la tecnología–, la lectura y las capacidades lectoras han sufrido una suerte de “proporcionalidad inversa”, es decir, a mayor uso de artefactos tecnológicos, tanto menor es la capacidad de comprensión lectora de las personas.
Se calcula que alrededor del 60% de la población de un país –en forma transversal– no entiende lo que lee. Una población, que además, apenas está en condiciones de hacer un par de cálculos matemáticos mentales con el fin de sumar cifras enteras, sin tener que acudir a una calculadora para realizar este sencillo cálculo. Las excepciones al respecto de estos temas, son países como Finlandia, Singapur, Noruega, Suecia, donde la educación de calidad y la lectura como un hábito de vida, son consideradas tesoros nacionales.
Tenga en cuenta, lo que escribió el investigador y futurólogo Alvin Toffler en su libro “El cambio del poder”, al señalar que “los analfabetas del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino que aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”. Frase muy elocuente, ya que para que se cumpla a cabalidad con dicho precepto se requiere, como conditio sine qua non, comprender aquello que se lee.
Los niños que leen regularmente y que convierten a la lectura en un hábito y en una parte integral de su vida diaria, logran tener: (a) un amplio y mayor nivel de vocabulario, (b) una mejor capacidad de comprensión lectora, (c) se expresan de manera fluida, (d) aprenden con mayor facilidad, (e) no caen en errores –u “horrores”– ortográficos, que es lo que se ve hoy en día en muchos jóvenes, adultos y profesionales que escriben comentarios en su Facebook. Incluso más: a nivel de abogados y de periodistas –en quienes se supone que el manejo correcto del lenguaje es una prioridad–, se advierten errores de redacción y ortografía que llegan a ser muy llamativos, aparte de lo penosos que son.
Tenga presente, que los libros representan el puente que facilita la educación y el aprendizaje significativo, y que impulsa a los niños a penetrar en nuevos y atractivos mundos con el fin de descubrir lo enigmático y lo desconocido. Quienes hemos leído un libro, sabemos que sus contenidos pueden despertar en nosotros diversas emociones, sentimientos, sensaciones y reacciones, al mismo tiempo que estimulan en nuestro interior la creatividad, la imaginación y, lo que no es menor, la diversión.
Si usted, como papá o mamá, abriga la vana esperanza de que sean el Estado, el Gobierno y los colegios, los responsables de incentivar y crear el hábito de la lectura en los niños, es mejor, que desde ya, se saque esa ilusa idea de la cabeza y actúe por cuenta propia. Si desea que su hijo se convierta en un gran lector, entonces siga estas simples sugerencias:
- Desde pequeños hágales vivir a sus hijos la experiencia relacionada con los libros como si éstos fueran otro juguete más en sus vidas. Esto significa que los niños deben explorar los libros, abrirlos, tocarlos, investigar acerca de ellos, de modo que no lo vean sólo como un elemento inerte, aburrido y que “no hace nada”. Utilice una frase, pensamiento o dibujo que sea provocador, que genere novedad, sorpresa, desconcierto, al mismo tiempo que alimenta la imaginación de los niños.
- Inspire a sus hijos, leyéndoles cuentos e historias acorde con la edad de los niños: hay miles de libros esperando revelar sus maravillosos relatos y aventuras. Tanto es así, que luego son los propios niños quienes piden que les lean algún cuento o que les relaten una historia que les gusta, incluso si es que la historia o cuento se repite diez veces.
- No obligue a sus hijos a leer lo que usted quiere que lean: lo que usted como padre necesita, es que sus hijos se interesen por leer por su cuenta, y esto sólo puede lograrlo cuando el menor logra dar satisfacción a sus propios intereses de lectura, leyendo acerca de temas que son gratos y atractivos para ellos.
- Visite algunas librerías en compañía de sus hijos, haciéndolo ver como una salida de “exploración” temática, dado lo colorido y atractivo que pueden ser muchos libros: esta exploración le da la oportunidad a sus hijos para que sean ellos mismos quienes encuentren los temas que sean de su agrado y que se ajusten a sus intereses, cuidando que los libros elegidos tengan alguna relación con el nivel de lectura y el manejo de vocabulario de sus hijos. El hecho de darles la oportunidad de que ellos escojan su libro, fortalece su capacidad de tomar decisiones.
- Establezca como una meta familiar, dedicarle unos 20 a 30 minutos a la discusión y análisis de algunos de los libros o revistas disponibles en su hogar: este es uno de los aspectos más poderosos que surge como consecuencia de la lectura habitual, ya que permite –y facilita– el surgimiento en los niños de una mente analítica y crítica que evitará que terceros puedan ejercer una mala influencia –o un lavado de cerebro– sobre el niño con extrema facilidad, ya que ellos desarrollarán sus propias ideas, opiniones y razonamiento crítico.
- Fomente en sus hijos un alto grado de curiosidad intelectual. A mayor grado de curiosidad, es también mayor el deseo de saber, conocer y aprender más cosas. ¿Cómo se logra esto? (a) Creando un ambiente propicio que facilite el diálogo, la conversación y el intercambio de ideas y opiniones, (b) incentivando a los niños para que ellos planteen temas de su interés, (c) reforzando la conducta con una felicitación cuando el niño ha hecho una buena pregunta, ha dado una buena respuesta o ha entregado una solución a un problema, producto de la lectura.
No obstante que los consejos se dan, habitualmente, para personas menores de 18 años y que están en proceso de maduración, en este caso, dada la importancia del tema en discusión, sí se puede hacer una excepción y daremos un consejo.
El consejo es el siguiente: sea consecuente con el objetivo que usted desea alcanzar en relación con sus hijos y… ¡predique con el ejemplo! No existe mejor método o estrategia de aprendizaje que sea significativo, que mostrar con el ejemplo lo que uno quiere o desea para los niños, ya que si usted quiere que sus hijos se conviertan en buenos lectores, entonces, ellos deben observar que sus mayores también lo hacen. La razón es muy sencilla: los niños tienden a imitar las conductas de los adultos que están en su entorno, a quienes, además, aman y consideran como sus referentes y héroes. Así que conviértase en su héroe predilecto y que sus hijos lo vean leyendo regularmente, y con un libro, una revista o un diario en las manos.
Uno de los mayores logros del ser humano fue haber sido capaz de inventar la escritura y el consecuente subproducto de este maravilloso invento: la lectura. Y tal como muy bien lo expresara el gran escritor argentino Jorge Luis Borges, “la lectura representa una de las formas más extraordinarias para alcanzar la felicidad, pero, como todos sabemos… no se puede obligar a nadie a ser feliz”.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










