Lo primero que habría que destacar, es que la depresión posparto se deriva de una combinación de diversos factores, tales como: factores hormonales, medioambientales, emocionales y también aquellos de tipo genético que no se pueden controlar.
La depresión posparto (DPP) es un tipo de depresión que se presenta en una mujer después de que ésta ha dado a luz y que puede presentarse poco después del parto o bien, hasta un año más tarde. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, la DPP ocurre durante los primeros tres meses después de dar a luz. Dado el hecho de que algunas mujeres podrían sentirse tentadas a responsabilizarse de estar experimentando una DPP, digamos de inmediato que este tipo de depresión NO ES el resultado de algo que una mujer haya hecho o haya dejado de hacer.
En otras palabras: no es culpa de la mujer que algo así se produzca. Es más. Son pocas las personas que saben que el “instinto maternal”, como tal, no existe, ya que este concepto es, más bien, una construcción social, por cuanto, si por “instinto maternal” nos referimos a algo “innato” que nos impulsa a tener –sí o sí– hijos, eso no existe.
Tal como lo demostró la investigadora israelí Orna Donath, el hecho de que algunas mujeres quieran tener un hijo –ya que no todas lo desean– es probable que se deba al rol que la mujer siempre ha tenido en la sociedad y no tanto debido al deseo específico de ser madre. Una de las formas de generar en la sociedad el “apego” al rol de futura mamá, es dar a las niñas una muñeca desde muy pequeñas.
En el ser humano existen sólo tres instintos probados: 1. El instinto de supervivencia, que es una adaptación biológica que nos permite sobrevivir en situaciones extremas, utilizando todos los medios disponibles, incluso si eso significa aniquilar a un “competidor” por los mismos recursos. 2. El instinto o reflejo de succión: nadie le enseña a un recién nacido cómo no ahogarse al intentar coordinar la succión de la leche del pezón materno y la deglución de la leche para alimentarse. 3. El instinto o reflejo prensil: habilidad innata del bebé de agarrar con fuerza cualquier cosa que roce la palma de su mano, tal como el dedo de la madre. Lo mismo sucede cuando un niño es soltado en el aire: el instinto de supervivencia se junta con el instinto (o reflejo) prensil y el bebé se agarra con mucha fuerza de cualquier cosa que tenga a mano.
Ahora bien, una mujer puede estar más propensa a sufrir una depresión, si es que experimentó ansiedad, estrés o depresión durante el embarazo, o bien, si es que pasó por un período de tristeza con mucho llanto e inquietud. Estos sentimientos se denominan “depresión posparto” o “tristeza posparto”. Otros factores a los cuales también se les debe prestar atención –ya que colaboran en el desarrollo de la DPP– son: haber experimentado un cansancio extremo, la falta crónica de sueño y dificultad emocional para poder adaptarse al nacimiento de un hijo.
A continuación, se enumeran una serie de síntomas que podrían indicar la presencia de una DPP. Si la mujer presenta cinco o más de tales síntomas, ya sea que los experimenta casi todos los días, durante una gran parte de la jornada diaria y por dos o más semanas consecutivas, habría que pensar en la presencia de una depresión posparto:
- Vivencias estresantes durante la última parte del embarazo o poco tiempo después de dar a luz (haber sufrido una enfermedad grave, la muerte de un ser querido).
- Llanto constante y persistente, con falta de apoyo social y familiar (ser soltera, estar desempleada, no tener recursos económicos).
- Tener menos de 20 años, con un embarazo no deseado o no planificado. Tener más de un bebé: mellizos o trillizos.
- Tener un bebé con malformaciones congénitas o con diversos problemas de salud.
- Experimentar desesperanza o sensación de vacío y tristeza profunda.
- La pérdida repentina de interés en aquellas actividades que antes de dar a luz le resultaban agradables o placenteras.
- Sentimiento abrumador de inutilidad o de culpa extrema (miedo y temor a no saber qué hacer si el bebé comienza a llorar o se enferma).
- Una experiencia de parto traumática o el nacimiento prematuro del bebé.
- Una sensación o pensamiento invasivo de que vivir no vale la pena (la persona tiene pensamientos de hacerse daño o existe ideación suicida).
- Dificultad para poder concentrarse en una actividad, o incapacidad para tomar decisiones.
- Experimentar irritación, enojo o rabia constante, aún por cosas sin mayor importancia.
- Tener sentimientos negativos y de rechazo hacia el bebé, no interesarse por cuidarlo de buena forma, o pensar, incluso, en hacerle daño.
- Antecedentes familiares de problemas psiquiátricos.
Estos factores de riesgo no son los causantes directos de la DPP, ya que se da el caso de mujeres que presentan varios de los factores señalados, y aun así, no se deprimen, en tanto que otras mujeres con sólo un factor de riesgo desarrollan una DPP. Hay que diferenciar entre la “depresión posparto” y la “depresión” a secas –que puede ser de tipo reactiva, endógena, mayor o encubierta– por cuanto, la primera se produce después de tener un bebé, y a diferencia de la depresión –no vinculada con el embarazo–, la DPP está relacionada a una serie de cambios hormonales durante y después del nacimiento del bebé. Los investigadores suponen que estos cambios hormonales sucesivos y repentinos pueden desencadenar una DPP en las mujeres que son más sensibles a las variaciones de los niveles de estrógeno y progesterona.
Existen diversas formas de tratar una DPP. Lo habitual, es una combinación de tratamiento psicoterapéutico acompañado de un tratamiento medicamentoso, es decir, con antidepresivos que ayuden a estabilizar el estado de ánimo. También puede prescribirse terapia familiar, en cuyo caso, el terapeuta trabajará con la paciente, su pareja y otros familiares cercanos.
Hay mujeres que presentan una DPP de tipo muy severo que no se logra eliminar con medicamentos, ni tampoco con psicoterapia. En estos casos, el equipo médico podría decidirse por el uso de la Terapia Electroconvulsiva (TEC), un tratamiento eficaz y seguro, que consiste en la administración de pequeñas descargas de corriente eléctrica en el cerebro, mientras la paciente se encuentra bajo anestesia general y que provoca algunos cambios químicos en el cerebro de la mujer y que alivian los síntomas de la depresión.
Si la mujer con DPP no se trata, podría experimentar sentimientos de desamparo, sentirse confundida y muy asustada si el problema se agudiza. En este sentido, el tratamiento le brinda el apoyo necesario para efectos de impedir que la persona entre en una depresión más profunda y sea aún más difícil de tratar. Por otro lado, tener a alguien –un psicoterapeuta, un médico, la pareja– que entienda el problema de la paciente, ayuda a la persona a sentirse menos sola y permite a la paciente a sentirse mejor, más aliviada y, por consiguiente, a conectarse mejor con el bebé y a cuidarlo de forma más positiva.
Toda mujer que pasa por este tipo de vivencias debe tener en cuenta las siguientes sugerencias: 1. No esconder sus sentimientos y hablar de ellos con la gente cercana. 2. No tratar de ser la mujer perfecta o que intenta hacerlo y abarcarlo todo. 3. Unirse a un grupo de apoyo, hablar con otras madres y compartir con ellas sus propias experiencias.
Finalmente, si los síntomas se vuelven más intensos o no desaparecen después de dos semanas, la mujer no debe dudar en solicitar ayuda a especialistas y personas expertas.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










