Después de la etapa más dura de la pandemia, que azotó a todo el mundo, no hay lugar a dudas que existe un antes y un después. Son muchas las cosas que cambiaron: metodología de trabajo, medidas de seguridad sanitaria, maneras de relacionarnos, pero también la forma en que hablamos sobre la muerte. Si hay algo que nos rodeó como un fantasma fue este constante miedo a perder a un ser querido, o los que desgraciadamente vieron morir a una persona amada, iniciaron un largo periplo de dolor, tomando en cuenta que lo imprevisto y la rapidez de algunos decesos, hicieron de esta calamidad algo difícil de digerir.
Para los occidentales ha sido doblemente difícil, porque históricamente escondemos este tema bajo la alfombra, como si el solo hecho de mencionarlo, significara invocar la fatalidad. Sin embargo, los budista viven el duelo como un paso de la vida, quizás este proceso sea más natural, si se enfrenta este tránsito de forma transparente. Pero la muerte es para muchos un tabú que se trata de olvidar constantemente.
Y por si esto fuera poco, muchos ocultan las emociones, como si callar o negar sentir, fuera a hacer desaparecer el dolor como por arte de magia. Somos seres completos, donde alma, cuerpo y psiquis nos rigen. Cada emoción, representada en la medicina tradicional china por grandes cinco emociones – alegría, cólera, reflexión, Tristeza/inquietud, y miedo/terror nos recuerdan que deben ser expresadas y que cuando surge un desequilibrio, es decir, cuando esta emoción se vuelve patológica, la acupuntura puede volverla a su centro.
Convivimos con emociones, cada una ligada a un órgano de nuestro cuerpo, y que produce efectos. En la medicina tradicional china, las emociones se manifiestan en tres niveles: espiritual, orgánico y patológico. En el caso de la tristeza, en el primer nivel, es decir, espiritual, la emoción es compasión y altruismo; de forma orgánica está representada por el pulmón y de manera continua y natural , se convierte en una tristeza por pérdida o duelo. No es perjudicial expresar o sentir estas emociones, pero es preocupante cuando se prolongan demasiado en el tiempo.
La acupuntura nos hace volver al centro. Transitar por un duelo es un hecho que genera un sentimiento de pérdida que puede traducirse en rabia y tristeza. Cualquiera de estas dos emociones puede agotar y estancar la energía, afectando en diferentes intensidades al pulmón o hígado y casi siempre al corazón. El acupunturista, lo que hace, al ver entrar a un paciente, es tomar al ser humano en su totalidad. No trata un órgano resentido, por ejemplo, un dolor de espalda, o sentimiento de opresión en el pecho. Alguien que ha estado dañado por un duelo muy largo, expresa su emoción de forma acentuada, por lo tanto, su organismo y su psiquis, resienten un peregrinar por emociones revueltas.
Durante el duelo, se experimentan todas las emociones, excepto la alegría. El llanto nos alivia los pulmones, la rabia el hígado, el miedo los riñones, el sobre pensamiento (reflexión excesiva) el bazo. Emociones naturales en el duelo que se deben validar. Pero si persiste de forma reiterada en el tiempo e intensa una tristeza, nos va mermando y quitando muchísima fuerza. La acupuntura devuelve esa energía vital y así se va saliendo de la apatía y el aislamiento.
Todos experimentamos el duelo de una manera diferente y eso la acupuntura lo tiene clarísimo, es la base de sus tratamientos. Pero el fin es el mismo, devolver la vitalidad perdida.
En este sentido, la acupuntura otorga a cada órgano de nuestro cuerpo una función emocional, además de su función física. Cuando atravesamos un duelo, la tristeza se vuelve patológica cuando es demasiado intensa o se alarga en el tiempo y genera sintomatología, tanto en sí misma como en el entorno social.
Debemos tomar el duelo como un camino, donde debemos expresar nuestros sentimientos, por ningún motivo esconderlos. Es válido sentir pena, melancolía y tristeza. La pandemia nos volvió al centro de un escenario complejo, que nos ha transformado de múltiples maneras. Y también ha aflorado el miedo, la incertidumbre. Son emociones que nos hacen navegar por altos y bajos, pero también por la reflexión. Cuando vemos partir a un ser amado, se rompe algo, quizás la pena inunda, pero también, crecemos, una nueva mirada surge. Transformamos el dolor. La acupuntura nos remueve esa energía estancada, nos conecta con el Shen, un estado espiritual, que nos ayuda en la conexión con la vitalidad, a conectarnos con los demás. En el fondo, navegamos por la vida con muchos vaivenes, pero también con puestas de sol. El Yin y el Yang que son opuestos complementarios .
María Graciela Estay Sierra
Acupunturista titulada de la Escuela Internacional de Medicina Tradicional China (INMTCH)
Región de Coquimbo










