De acuerdo con reconocidos investigadores internacionales, “el aluminio y el glifosato” (conocido también como Round-Up) constituyen “la dupla tóxica perfecta que se relacionaría directamente con el autismo infantil, el cáncer de mama y la enfermedad de Alzheimer”, entre otras graves enfermedades y trastornos.
El aluminio, es un elemento químico que es utilizado por diversas empresas y está presente en todas partes a raíz de la severa contaminación ambiental que existe hoy en nuestro planeta: en el aire, en el agua, en utensilios de cocina, en algunas cremas corporales, en el champú y desodorantes que usamos en la higiene corporal diaria, etc., razón por la cual, la ingesta y/o absorción de aluminio puede producirse a través de la comida, al respirarlo en el aire, al beberlo con el agua o a través del contacto con la piel. La ingesta de concentraciones significativas de aluminio puede producir severos efectos sobre la salud: demencia, daño al sistema nervioso central, pérdida de memoria, cáncer, aparición de temblores, daño a los riñones, etc.
El glifosato (o Round-Up), por su parte, es un ingrediente activo presente en la gran mayoría de los herbicidas que se usan regularmente en la eliminación de hierbas y pastos improductivos en la preparación de los suelos. El problema, es que este ingrediente tóxico, al igual que en el caso del aluminio, ingresa a nuestro organismo a través de los productos alimenticios que son rociados con herbicidas –o que son absorbidos por éstos desde el suelo– y que llegan hasta nuestras mesas para ser consumidos por la gente.
La leche que tomamos casi a diario, representa uno de los tantos ejemplos de alimentos que viene con ciertas sustancias químicas “adicionales” –pero que son indeseables–, tal como lo demostró el Dr. Samuel Epstein en su libro “¿Qué hay en su leche?”.
En un estudio realizado por la Dra. Stephanie Seneff, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, ella demuestra con absoluta claridad que la “toxicidad sistemática” a la que estamos expuestos los seres humanos a causa de las pésimas prácticas de megaempresas internacionales como Monsanto, General Electric, Bayer, Exxon Mobil, Dow Cheminal, Astra-Zeneca, BASF, Glaxosmithkline, Johnson & Johnson, DuPont, etc., provoca graves repercusiones a la salud de las personas a nivel mundial. Y en el caso de los niños, éstas podrían ser desastrosas.
De acuerdo con sus estudios –y las proyecciones que la Dra. Seneff realiza, pensando en un futuro no muy lejano– el aluminio y el glifosato tienen la característica de sinergizarse el uno con el otro de una manera muy tóxica, promoviendo el autismo en los niños. Tanto es así, que ella predice que antes de que finalice esta década, “una parte significativa de los niños que nazcan, serán diagnosticados con autismo”.
En otro estudio realizado por Azzous, Jurado-Sánchez, Souhail y Ballesteros (2011) se descubrió que en la leche analizada por este equipo de investigadores había una gran cantidad de medicamentos usados para “tratar enfermedades tanto en humanos como así también en animales”. Entre algunas de las substancias encontradas por los científicos había: antiinflamatorios (diclofenaco, naproxeno, ketoprofeno, flunixina), antibióticos (florfenicol), hormonas sexuales (17-beta-estradiol), hormonas esteroides (17-alfa-etinilestradiol), drogas anti-malaria (pirimetamina), drogas anti hongos (triclosán), antiepilépticos (carbamazepina), beta bloqueadores (metoprolol, propranolol), etc.
Diversas investigaciones internacionales han demostrado que el glifosato tiene un efecto adverso en la salud humana, ya que es un “disruptor endocrino” (endocrine disruptor, en inglés), que además de influir en la aparición de autismo infantil, podría conducir al desarrollo de cáncer de mama. Un “disruptor endocrino” es una sustancia química que es ajena al cuerpo humano, con plena capacidad para alterar completamente el equilibrio hormonal y genético de los organismos de una especie, con consecuencias catastróficas.
Si a lo anterior le sumamos la falta de vitamina D en nuestros niños, adolescente y adultos –por exposición inadecuada al sol–, así como las deficiencias nutricionales causadas por una dieta desequilibrada, entonces, si muy pronto no se produce un cambio radical en la actitud de las personas, en las políticas de Estado y en las decisiones de las autoridades de gobierno –y también del auto-cuidado en el plano personal–, el futuro que nos espera no será muy auspicioso.
Si hubiera que listar algunas enfermedades crónicas –y también mortales– relacionadas con algunos productos químicos, alimentos contaminados y sustancias sintéticas –vistos como los causantes de muchos de los males que asolan a nuestro planeta–, en dicho listado habría que incluir, a lo menos, las siguientes enfermedades: autismo infantil, asma, infertilidad, daños reproductivos, daños en el desarrollo del cerebro infantil, malformaciones genéticas (teratogénesis), trastornos de aprendizaje, diversas formas de cáncer (cáncer infantil, cáncer al útero, cáncer a los pulmones, etc.), enfermedad de Alzheimer y Parkinson, depresión y varias otras más.
Cuando una persona se intoxica con aluminio, los síntomas que este sujeto despliega ante los ojos de quienes lo observan, son “exactamente los mismos que los expertos detectan en las personas con demencia, Parkinson, trastorno por déficit atencional, autismo y otras enfermedades neurológicas”. Por otra parte, numerosas evidencias indican de manera muy clara que la presencia de aluminio en el organismo humano juega un rol significativo en el desarrollo de éstas y otras enfermedades, tales como el cáncer de mama, el cáncer pulmonar y de vejiga urinaria, entre otros.
En función de todo lo señalado más arriba, como profesional de la salud mental no me queda otra alternativa que hacer un claro llamado de atención a la población y, especialmente, a los padres de niños pequeños o de aquellos padres que esperan familia, para que tomen todas las medidas posibles de precaución con la finalidad de evitar trastornos que pudieran afectar gravemente a menores y a personas adultas, ya que la absorción o ingesta de elementos químicos peligrosos y venenosos –como el glifosato, aluminio, mercurio, arsénico, etc.– no discriminan entre niños, adolescentes o adultos, provocando daños, malformaciones, trastornos y enfermedades graves de manera muy pareja y “democrática”.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Académico, escritor e investigador (PUC-UACH)










