Releyendo temas de asambleas y comisiones constituyentes, irremediablemente nos aparece la Revolución Francesa con sus causas y especialmente, con sus efectos, los que perduran hasta el día de hoy.
Es así como en 1774 asumió el trono de Francia un joven noble que sería conocido como Luis XVI. Se caracterizaba por ser un monarca cortés, de conducta tranquila y particularmente sereno en los momentos de conflictos. Nada más lejano del Luis que dijo:” El Estado soy yo” y que se caracterizaba por su carácter furibundo e incluso despiadado y egocéntrico, el Luis que nos ocupa, carecía de cualquiera de las condiciones exigidas para ser un gobernante, especialmente, del período del absolutismo francés.
Luis XVI contrajo matrimonio en 1770 con la Princesa María Antonieta, heredera del trono de Austria. Desde ese momento la joven reina se ganó la antipatía de los miembros de la corte francesa y también del pueblo francés, ya que se le reprochaba la gran influencia que tenía sobre el pusilánime monarca y su afán desmedido al derroche de los fondos fiscales galos. También se le acusaba de mantener una conducta inmoral y disipada. Cabe señalar que en aquellos momentos el descontento social era visible en todo el país, lo que fue un excelente caldo de cultivo para el estallido que se produciría el 14 de Julio de 1789, día en que se produce la denominada Toma de La Bastilla por parte de los revolucionarios parisinos. La Bastilla era una fortaleza militar, pero dedicada especialmente a ser un centro de detención de los líderes de la naciente revolución.
La Toma de La Bastilla fue el acto revolucionario que se convirtió en el símbolo histórico del fin de la monarquía francesa. Los revolucionarios detienen al Rey Luis XVI y a la Reina María Antonieta y son sometidos a juicio por la naciente Convención o Asamblea Nacional, la que, bajo la batuta de Maximilien Robespierre, los acusa de traición a la revolución y son condenados a morir en la guillotina.
El 21 de enero de 1792 es ejecutado en la guillotina el Rey Luis XVI terminando así la monarquía absoluta en Francia. Nueve meses mas tarde, el 16 de octubre de 1793 es guillotinada la Reina María Antonieta, también por orden del jefe de la Asamblea Nacional, Maximilien Robespierre y bajo el cargo de traición a la revolución.
Cuando la Reina María Antonieta era sacada se du prisión para ser trasladada al cadalso donde sería guillotinada, mantuvo una breve reunión con Romain de Séze, quién había sido un cercano amigo y por, sobre todo, su abogado personal, quién se había hecho cargo además de un juicio condenatoriamente contra la Reina de antemano. Se acercó a su abogado y le manifestó:
“Abogado, le agradezco que haya asumido una causa que sabíamos perdida. Sabía usted que haberme defendido le acarrearía riesgos, peligros, molestias y amarguras. Sin embargo, lo hizo con lealtad y con valentía. Pero, sobre todo, con desinterés pues usted era conocedor de que todos mis bienes fueron incautados por la Asamblea Nacional y ya no soy poseedora de nada.
“Mi única propiedad es este abanico. Es lo único que me queda y con él, que constituye toda mi fortuna, le quiero pagar sus muy merecidos honorarios”. Minutos después, María Antonieta fue decapitada en la guillotina.
El Abanico, hoy día se guarda con verdadera veneración en una caja de cristal colocada en el vestíbulo de entrada de la Barra Francesa de Abogados, en Paris. Se le tiene considerado como un símbolo de la lealtad y de la valentía que deben regir el ejercicio de la abogacía.
José Manuel Godoy Leiva.










