“El optimismo es el mejor compañero en tiempos de crisis”.
Así como muchos estudios han demostrado que los estados de ánimo negativos resultantes de experimentar vivencias de estrés, traumas, discusiones, peleas, etc., afectan la salud, la memoria y la capacidad de concentración de un individuo, también se han realizado múltiples observaciones y estudios con pacientes afectados por diversas enfermedades y trastornos, donde se ha utilizado el humor y el optimismo con fines terapéuticos y de sanación, con resultados que son, simplemente, sorprendentes.
Se ha constatado, por ejemplo, que el gran impacto de la ira que se genera a raíz de una fuerte pelea con la pareja –o también con el jefe–, puede acompañar al sujeto afectado hasta una semana posterior al conflicto mismo, siendo suficiente el sólo hecho de “recordarse” de tal situación negativa, para que la persona experimente una fuerte e inmediata alza de su presión sanguínea.
Una emoción potente como la rabia, por ejemplo, consigue que la frecuencia cardíaca se eleve, logra que la presión arterial se dispare, determina que la actividad del sistema nervioso simpático aumente y que se produzca un marcado estrechamiento de las arterias. Al permanecer el estado de ánimo negativo durante un tiempo en el organismo de la persona, esto, simplemente, se transforma en una verdadera bomba de tiempo con capacidad para provocar un ataque cardíaco o un accidente cerebro vascular en el sujeto afectado.
Para efectos de evitar, justamente, toda esta sucesión de hechos contraproducentes para la salud, los pacientes afectados por emociones negativas, son sometidos por los especialistas a un enfoque integral, que incluye un curso de técnicas de relajación, sesiones de humor y de terapia cognitiva. Esta última, por ejemplo, se centra en revertir las creencias pesimistas y derrotistas de las personas, de modo tal, que los sujetos aprendan a desafiar los pensamientos negativos que lo invaden y a discurrir formas más positivas de explicar los sucesos que rodean a su persona y encontrar soluciones a sus males y problemas. De ahí surge una de las frases más famosas del que fuera primer ministro de Inglaterra, Winston Churchill, quien decía que “Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad; un optimista ve la oportunidad en cada dificultad”.
¿Cuál es, entonces, el lema de cabecera de las personas optimistas? Mantener una “actitud mental positiva y optimista mezclada con un bien desarrollado sentido del humor sana a las personas, logra la recuperación del equilibrio interno y tiene efectos altamente terapéuticos”.
La positiva influencia del sentido del humor en la psicología individual se traduce en beneficios directos para la biología de la persona, ya que la habilita para: (a) manejar de manera mucho más efectiva situaciones de estrés, (b) para aumentar la capacidad inmunológica del organismo y (c) compensar los desequilibrios internos que se producen.
Otra consecuencia reconocida, es que el humor entrega a aquel que lo practica, una mirada más reposada, amplia y distinta de un tema en cuestión, por dificultoso que éste sea. Es también por esta razón, que se recomienda la realización de actividades lúdicas en las salas de clases, porque ayudan a visualizar los problemas desde una perspectiva diferente, al mismo tiempo que reduce el estrés y relaja el ambiente de la sala de clases y permite que los estudiantes adopten una actitud más receptiva y atenta ante los contenidos que se desean enseñar, sin importar la naturaleza de los mismos, ni lo abstrusas o complicadas que éstas sean.
De acuerdo con investigadores y expertos en la materia, tales como el Dr. Martin Seligman y el Dr. Ruut Veenhoven –dos expertos en el tema de la felicidad–, el Dr. Daniel Kahneman, psicólogo y ganador del Premio Nobel de Economía, el profesor y doctor en Psicología Tal Ben Shahar y otros especialistas, el optimismo sumado al sentido del humor “fortalecen las actitudes positivas del individuo, ya que estimulan las respuestas de la persona que está en actitud de escucha, permite asociar hechos, recordar mejor, hace pensar y despierta la creatividad” en la búsqueda de la aplicación práctica de este tipo de experiencias para el propio beneficio.
Por el contrario, “ser pesimista, utilizar formas de sarcasmo, de burla, hacer comentarios irónicos y punzantes, usar el remedo o hacer comentarios hostiles”, etc., todo ello deprime e inhibe cualquier tipo de conducta constructiva en las personas,dejando al sujeto afectado en un estado de alteración y tensión fácilmente identificables, y que sólo favorecen la probable aparición de enfermedades y diversos trastornos físicos y emocionales.
¿Sugerencia final? Practicar el optimismo vale mucho más que sólo el doble: le cuida su salud, su mente, su cerebro, su corazón, su memoria, su inteligencia y su espíritu. No hay donde perderse. Especialmente, si tomamos en cuenta lo que decía el cantante, compositor y músico inglés Jon Anderson: “Creo que en la vida tienes dos opciones: puedes ser optimista o pesimista, y yo he decidido ser optimista”.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)










