Con este nombre se conoce una reunión masiva realizada el 6 de Febrero de 1641 junto al Río Quilín o Queillén en la actual Provincia de Cautín, de la que surgió el Primer Tratado de Paz acordado entre Mapuches y Españoles, después de casi un siglo de lucha en la Guerra de Arauco.
Ya se había hecho costumbre que el Gobernador de Chile, Francisco López de Zúñiga, Marqués de Baides, ofreciera numerosos agasajos y regalos a los caciques que se presentaban en Concepción. Según narra el cronista Fray Diego de Rosales, en Octubre de 1640 el Gobernador se reunió con los Loncos Antonio de Chihuala y el Lonco Luncopichún. Luego de la reunión, los Loncos volvieron a sus tierras con caballos nuevos y bastones con empuñaduras de plata y llevaban la invitación a todos los Loncos para asistir a una Junta para solemnizar las paces entre ambos pueblos y llegar a acuerdos perdurables.
Los Mapuches no lograron este estatus especial de interlocutores válidos por colaboración con los invasores, sino que, por el contrario, lo adquirieron peleando contra ellos y enviando al cielo cristiano a gran parte de los invasores.
En Quilín, españoles y mapuches acordaron básicamente no seguir la guerra y explorar, solamente el camino de la diplomacia política. Para los españoles significaba dejar de desangrar a los soldados y recursos al empobrecido y famélico Reino de Chile y para los mapuches, poder vivir relativamente en paz en sus comarcas.
Representados por Francisco López de Zúñiga, Marquéz de Baides y Gobernador del Reino de Chile, la Corona Española reconoció a los Mapuches en Quilín sus Jefaturas, su derecho a no pagar impuestos, a no ser considerados una colonia ni ser obligados a servidumbre o esclavitud alguna. Ello, en lenguaje de le época, significaba que se les consideraba personas libres de pleno derecho.
La Corono Española además, se comprometía al respeto de los usos, costumbres y tradiciones de los Mapuches, lo que se vio reflejado en el propio Valle de Quilín, en donde aquella Junta se realizó de acuerdo a los protocolos de españoles y mapuches y se usó el idioma de ambos, conforme lo relata el cronista José Bergoa.
Los Mapuches, por su parte, se reconocieron vasallos del Rey de España en una suerte de “ subordinación negociada”, donde la Corona les reconocía fueros especiales como lo hizo con el País Vasco. El acuerdo también obligaba a los Mapuches en tanto leales vasallos, a prestar armas y servicios como guerreros si la Corona lo necesitaba. Para el Rey de España era un tema de gran importancia, ya que lo ameritaba el genio militar de los mapuches y también el peligro holandés que merodeaba sus dominios en el cono sur del continente.
Dicho compromiso explicaría, que dos siglos más tarde, el decidido apoyo mapuche a las fuerzas realistas contra los patriotas en tiempos de la Guerra de Independencia.
El Gobernador de Chile, envió las Cartas del Acuerdo a Madrid el mismo año 1641 y el Tratado de Quilín fue ratificado por el Rey Felipe IV el 29 de Abril de 1643 agradeciendo a su impulsor por “lo bien y prudente que os vais gobernando”.
De inmediato el Tratado fue incluido en el Libro de Tratados de La Corona, otorgándole un nivel de formalidad y de importancia inédita para un pueblo indígena de América.
Lo dicho anteriormente fue lo que se pactó en Quilín y con más o menos modificaciones, lo mismo se ratificaría en más de una treintena de Parlamentos en los doscientos y tantos años siguientes de relación Mapuche- Española. Ocurrió en el Sur de Chile, un 6 de Febrero de 1641, hace ya casi cuatro siglos. Tal es la riqueza de la historia mapuche. –
José Manuel Godoy Leiva – Abogado










