01 de Noviembre del 2026.- Las respuestas no son fáciles de obtener, por cuanto, de existir una “vocación para ser padres”, ésta sería las más difícil de todas, porque nadie les ha enseñado –ni tampoco educado– a estas personas a ser padres de familia, en función de lo cual, se corre el riesgo de ser muy autoritarios o bien, muy indulgentes en la educación de los hijos.
¿A qué problemas y dificultades se podrían enfrentar un padre y una madre? La verdad sea dicha: a muchos. Revisemos algunos de ellos: rabietas, berrinches, pataletas, rebeldía, enfermarse, tener resentimiento en contra de los padres, decir mentiras, practicar el bullying en contra de los compañeros u otras personas, caer en la delincuencia, ingerir drogas y alcohol, desarrollar el síndrome del emperador y un largo etcétera. Incluso, correr el riesgo de vivir tragedias familiares como cuando el propio hijo o la hija –por diversas razones– toman la decisión de atentar en contra de su vida y suicidarse
Lo cierto, es que casi siempre se tiende a culpar a los padres por los problemas de los jóvenes, así como por los disgustos y problemas que estos chicos y chicas causan a la sociedad. Es así, por ejemplo, que algunos expertos en el tema se quejan de que todo lo negativo que sucede con los hijos, es culpa del “estilo de crianza de los padres”, luego de que estos expertos comienzan a analizar las estadísticas de menores y jóvenes adolescentes que presentan severos trastornos emocionales y de conducta, que los terminan por convertir en “chicos fracasados” y en posibles víctimas del alcohol, las drogas, la delincuencia, la violencia y el embarazo precoz.
Cuando estos jóvenes fracasan y desertan en las escuelas, los profesores y directores de los colegios aseguran que los padres tienen toda la culpa del resultado, y que ellos son los principales responsables de las conductas de sus hijos.
Por otra parte, las policías y los Tribunales de Familia culpan a los padres de estar criando a una generación de jóvenes ingratos, rebeldes, irrespetuosos, exigentes, violentos y antisociales, hasta el grado de golpear, atacar y asesinar a compañeros de curso y a profesores al interior de los colegios a los que asisten.
El Dr. Thomas Gordon, un psicólogo clínico que dedicó gran parte de su vida, a “apoyar a los papás” en el proceso de criar a sus hijos, y con ello, aumentar las probabilidades de tener éxito en esta labor, advierte con mucha fuerza que “nadie ayuda, apoya o enseña a estos progenitores a ser padres”. Tampoco se divisa alguna institución u organismo estatal que haga algún esfuerzo serio por auxiliar a los padres en la difícil tarea de ser eficaces en la crianza y educación de los hijos. En rigor, no hay una “escuela para padres” donde asistir, que los instruya en la forma de conseguir mejores resultados o cómo podrían saber qué es lo que, en definitiva, están haciendo mal en el proceso de crianza.
Son millones los nuevos padres que cada año deben hacerse cargo de una tarea que, sin lugar a dudas, es la más difícil de todas: tomar una criatura indefensa y casi totalmente inútil –en términos de auto subsistencia–, y asumir toda la responsabilidad por cuidar su salud física y psicológica, y criarla de forma tal, que con el pasar del tiempo, se transforme en un ser humano integral, respetuoso, colaborador, en un ciudadano productivo y que sea un aporte para la sociedad a la que pertenece. Es decir, la tarea que se espera de los padres, es una tarea titánica, difícil, exigente y muy desafiante.
Nueva pregunta: ¿cuántos papás y mamás están técnica y eficazmente preparados para completar esta labor propia de un Hércules? Y naturalmente, viene otra pregunta difícil de responder: ¿dónde pueden los padres adquirir los conocimientos, las competencias y habilidades parentales necesarias para llevar a cabo este trabajo de manera exitosa?
La dura realidad indica, que son escasas las instituciones educativas –si es que hay alguna– que tengan un programa de enseñanza que cubra estas necesidades parentales, en función de lo cual, muchos padres primerizos están obligados a “proceder a través del incierto método del ensayo y error”, con serios riesgos de equivocarse.
Dado que cada niño-niña y cada padre-madre es una unidad única, irrepetible y singular, tampoco sirven de mucho las sugerencias y consejos de quienes ya son padres de chicos mayores, salvo en sus aspectos más generales, no así en los aspectos más particulares y propios de cada una de las variadas personalidades involucradas en el proceso de crianza familiar. Y, en virtud de esta singularidad y unicidad, lo que los abuelos pudieron haber hecho de bueno con sus hijos, no necesariamente funcionará con los nietos.
De ahí, entonces, la solicitud que existe de que “cada comunidad genere su propia escuela para padres”, donde los expertos y especialistas en la materia puedan reunirse, dialogar e interactuar con los padres que estén interesados en criar a sus hijos, con un solo gran objetivo común: que estos jóvenes se conviertan a futuro en personas conscientes de sí mismas, autónomas por formación, interdependientes por educación, creativas por estimulación y futuros líderes por inspiración, convicción y pasión.
Ralph Waldo Emerson, pensador y filósofo norteamericano planteaba ya en el siglo XIX, que la piedra de tope de nuestra civilización no era el número de sus habitantes, ni el tamaño de sus ciudades y construcciones, ni siquiera el alcance de los logros económicos o tecnológicos, sino que la valía y la clase de personas que el país en sí, estaba en grado de producir y entregar al servicio de sus conciudadanos.
Queda claro entonces, que echarle la culpa a los padres por todos los males que causan sus hijos, es una visión muy estrecha, reduccionista y parcial.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)










