18 de octubre del 2026.- Si bien cada persona es el principal responsable y arquitecto de su propia felicidad –o infelicidad–, la verdad, es que hay ciertos factores objetivos ajenos al sujeto mismo, que pueden ejercer un cierto grado de influencia en cuán feliz puede llegar a ser el individuo.
La felicidad es un tema de importancia universal: todos los seres humanos tienden a preguntarse cuánto les agrada y les gusta la vida que llevan, en tanto que las condiciones externas que determinan la felicidad son similares en todas partes.
Algunos investigadores afirman que la felicidad está –en gran medida– determinada por los genes que el sujeto recibió como herencia por parte de sus padres, y no tanto por la realidad exterior que rodea a la persona. Lo anterior quiere decir, que sin importar lo trágico o alegres que puedan ser los acontecimientos que estén viviendo las personas, éstas siempre parecen regresar inexorablemente al estado de ánimo que rige a su naturaleza, es decir, el nivel de felicidad que está preestablecida en su constitución.
El Dr. Ruut Veenhoven, sociólogo de origen holandés, fue considerado un pionero y una autoridad mundial en el estudio científico de la felicidad y su trabajo acerca de la condición social de la felicidad humana en la Universidad Erasmus de Roterdam, en Holanda, contribuyó fuertemente en el renovado interés por estudiar la felicidad como un objetivo primordial tanto del ser humano, como así también de las políticas públicas.
Este investigador demostró “que la medición de la felicidad representa un indicador confiable para medir el progreso de la sociedad”, a tal punto, que sus estudios se convirtieron en la fuente principal para que las Naciones Unidas adoptara la medición de la felicidad como una aproximación holística al desarrollo humano y social. El Dr. Veenhoven ha sido considerado el “padrino de los estudios acerca de la felicidad”, además de ser el fundador de la base Mundial de Datos de la Felicidad y el fundador y editor de la revista científica Journal of Happiness Studies.
En este contexto, la felicidad es una excelente señal de que nosotros estamos funcionando de buena manera en nuestra vida cotidiana, y es en función de esta condición que la felicidad va de la mano con la buena salud, tanto mental como física, con una conclusión que hasta ahora nadie ha podido refutar, a saber, que las personas felices viven más tiempo y son más sanas. Por otra parte, las personas felices se desempeñan mucho mejor y obtienen mejores resultados en las relaciones interpersonales, realizan más trabajos voluntarios que el promedio de la gente y están más interesadas con lo que sucede con las personas que están en su entorno cercano, que en su propios problemas.
Otro pionero y experto en el tema de la felicidad fue el Dr. David Lykken, especialista en genética del comportamiento de la Universidad de Minnesota, quien en base a los resultados de un estudio realizado con 1.500 pares de gemelos, señaló que alrededor de la mitad del sentido de bienestar o felicidad de una persona estaba determinado por su “punto fijo” (o punto de base), el cual proviene –en un 50%– de la carga genética heredada, en tanto que la otra mitad estaría determinada por las penas y alegrías de las últimas horas, días o semanas.
El investigador y conferencista en Psicología Positiva Shawn Achor asegura en sus libros, publicaciones y conferencias que la felicidad que desarrollan y alcanzan las personas es la verdadera responsable de impulsar el éxito y la productividad de la gente, y no al revés. Uno de sus libros se titula, precisamente, “The happiness advantage”, lo que traducido al español significa “La ventaja de la felicidad” y a través de esta “ventaja” la ciencia de la felicidad puede hacerse realidad, un aspecto, por cierto, que está totalmente en línea con lo que señalaba Albert Schweitzer hace ya casi 100 años atrás, en el sentido que si una persona ama y es feliz con lo que hace, dicha persona terminará siendo muy exitosa en la vida y estará en grado de irradiar esa felicidad hacia su entorno cercano.
Por otra parte, el Dr. Tal Ben-Shahar, quien fuera un reconocido profesor de Psicología Positiva de la Universidad de Harvard, sostiene que la felicidad no es un “destino al que se llega por casualidad ni un estado emocional permanente, sino que es una habilidad que se puede aprender, entrenar y cultivar a través de acciones cotidianas”.
De acuerdo con los planteamientos de la Dra. Sonja Lyubomirsky y del Dr. Tal Ben-Shahar el nivel de felicidad de una persona se compone de los siguientes factores:
- 50% factor genético: correspondiente a los factores biológicos con los que nacemos.
- 40% factores relacionados con las elecciones y conductas personales: vinculados a las decisiones conscientes y hábitos diarios.
- 10% factores y circunstancias externas: aquello que nos rodea y que sólo cambia drásticamente ante situaciones extremas.
En estricto rigor, todos aquellos expertos que se han dedicado a estudiar e investigar acerca del tema de la felicidad humana llegan, prácticamente, a la misma conclusión: cada individuo se convierte en el arquitecto de su propia felicidad.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)








