25 de septiembre del 2026.- Los llamados “influencers de la salud sin formación profesional” son individuos que se dedican a crear contenidos a través de diversas redes sociales dando “consejos” a diestra y siniestra sobre “psicología, psiquiatría, medicina o nutrición sin tener un título universitario ni tampoco una certificación oficial en Ciencias de la Salud que acredite sus conocimientos” acerca de los que dicen y/o predican en sus redes.
En función de lo anterior, resulta muy importante revisar, conocer y comprender quiénes son y cómo operan:
- Los vendedores de soluciones rápidas: son cuentas personales o anónimas que utilizan la Inteligencia Artificial o búsquedas rápidas en Internet para vender “productos milagrosos” (que nunca funcionan), medicamentos para tratar diversas enfermedades (que poco conocen), planes de alimentación, o suplementos alimenticios.
- Los opinólogos de la salud, llamados también desinfluencers: son creadores de contenidos que rechazan o que demonizan tratamientos médicos validados científicamente, o que satanizan medicamentos o alimentos, basándose en mitos y/o publicaciones virales, o bien, en casos aislados sin sustento real.
¿Cuáles son los riesgos de seguir individuos con estos perfiles?
- Intrusismo profesional: reemplazan los diagnósticos de psicólogos, médicos y nutricionistas titulados que han debido estudiar durante muchos años.
- Entregan información peligrosa: pueden rechazar diagnósticos de profesionales acreditados, fomentar trastornos de la conducta alimentaria, causar carencias nutricionales graves, etc.
- No tienen un contexto fundado en conocimientos: un “consejo psicológico o médico” realizado en 30 o 40 segundos en un video no son de ninguna utilidad y pueden conducir a las personas a tomar decisiones contrarias a su salud.
Diversos “influencers” a nivel mundial han sido denunciados ante las autoridades de salud y tribunales de justicia por el ejercicio ilegal de la profesión de psicólogo, psiquiatra, nutricionista, etc., estar haciendo diagnósticos médicos y recetando medicamentos a través de redes sociales como TikTok, Instagram, YouTube, etc., en relación con trastornos en salud mental como: depresiones, trastorno bipolar, ataques de pánico, ideación suicida, etc., sin tener los conocimientos, la formación académica ni el título profesional, y en lugar de crear conciencia acerca de estos graves trastornos, los “influencers” se han dedicado a desinformar, frivolizar y a banalizar algunas enfermedades mentales que pueden conducir a las personas a la muerte.
El gran problema se produce cuando una sesión de terapia que debe durar alrededor de 50 o 60 minutos se convierte en un “contenido para redes sociales de sólo 50 segundos” y muchos dueños de cuentas en TikTok, Instagram o YouTube han pasado de “crear conciencia” acerca de graves enfermedades mentales a ofrecer orientación psicológica, hacer diagnósticos, atender seguidores como si estos fueran sus pacientes y, obviamente, cobrando buen dinero por cada pseudo “sesión de terapia”.
En este sentido, muchos de estos “influencers” han detectado un nicho de mercado en expansión que es altamente rentable para ellos, especialmente, porque hablar de “Salud Mental”, hoy en día, está de moda en las redes sociales.
Un buen ejemplo, es el caso de Issey Moloney, una joven TikToker e “influencer” británica de 21 años, quien tiene millones de seguidores en TikTok, donde combina videos acerca de sus rutinas de belleza y de sus viajes por el mundo, con bromas de mal gusto donde relaciona, por ejemplo, la depresión con comer pasta y fideos, o bien, entrega una serie de llamativos videos titulados: “Signos de que podrías tener un trastorno bipolar” –un trastorno mental difícil de diagnosticar, dado que sus síntomas se cruzan con otros trastornos mentales– o bien, otros titulados “Síntomas de que tienes una depresión” o “una crisis de pánico”. Entre los comentarios que recibe, muchos usuarios la acusan de “patologizar el ser adolescente”.
También está Borja Hiriart, con más de dos millones de seguidores en TikTok, quien tiene uno de los videos más visto con un mensaje donde se lee: “Tu chistecito me costó mi estabilidad mental”, mientras finge y teatraliza un ataque de llanto, en tanto que en otros videos aconseja “cómo ayudar a tu novia si tiene una crisis de ansiedad”, o bien, enumera las “señales de que tu salud mental está al borde del colapso”, es decir, en estos casos, la depresión y la salud mental se han hecho “pop”.
Luis Muiño, psicoterapeuta y divulgador de temas relacionados con la psicología en medios de prensa, radio, redes sociales y en el podcast “Entiende tu mente”, indica que el grave problema para los “influencers” es que tienen que estar constantemente subiendo videos a fin de alimentar su cuenta y mantener cautivos a sus seguidores, lo que hace muy tentador el dedicarse a analizar en breves 30 segundos cosas muy complejas, como por ejemplo, “el perfil gestual de una persona con depresión”, y dado el hecho que TikTok premia –no sólo con likes, sino que con altas sumas de dinero– este tipo de videos, a los “influencers” les resulta imposible abstenerse de continuar subiendo material, con la finalidad de mantener su popularidad entre sus millones de seguidores y ganando, de paso, mucho dinero.
El psicólogo estadounidense, Dr. Scott Lyons, hace una advertencia en su libro “Adictos al drama”, afirmando que la “economía de la atención está produciendo una espiral de estrés y sentimientos exaltados”, ya que todas las investigaciones indican que ser dramático en las redes sociales consigue más atención y más likes que otros contenidos más ponderados, lo que supone un refuerzo para los “influencers” para efectos de ser aún más dramáticos en los contenidos publicados.
El Dr. Lyons señala, asimismo, que “el 60% de los jóvenes que usa TikTok acaba auto diagnosticándose algún problema de salud mental” y muchos de ellos terminan uniéndose a chats online, lo que los lleva, finalmente, a crear los llamados “grupos de unión dramática” donde son acogidos y pueden compartir sus males, su falta de sentido, su vacío, sus quejas y desgracias, sin temor a ser “cancelados” o criticados.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, investigador y escritor (PUC)








