13 de Septiembre del 2026.- Por otra parte, los envases no siempre indican “todos los componentes que contienen los alimentos”, y cuando lo indican, ciertos conceptos resultan ser difíciles de entender. Incluso más: muchos de los alimentos envasados y ultra procesados no cumplen con las normativas internacionales de especificar de manera clara y comprensible la gama completa de los contenidos del producto. A lo más, se limitan a indicar la presencia de algunos preservantes, saborizantes y colorantes, junto con el sello obligatorio de si es “Alto en grasas saturadas”, “Alto en azúcares”, “Alto en sodio” o “Alto en calorías”.
Sin embargo, a ninguna persona se le comunica la presencia de: (a) hormonas y antibióticos en la carne de pollo o de vacuno, (b) de cantidades peligrosas de mercurio en el pescado, (c) de hormonas y dioxinas en la carne de cerdo, (d) de diversos aditivos y colorantes peligrosos en los alimentos, golosinas y productos industriales, (e) de pesticidas y herbicidas en las frutas y verduras, (f) de antibióticos, antipiréticos, hormonas del crecimiento en la leche que consumimos, no obstante que muchos de estos productos son nocivos para el organismo y están prohibidos en muchos países europeos.
Ni siquiera se salvan los “productos frescos”, por cuanto, al interior de la carne de pollo o de vacuno se han encontrado sustancias anabólicas que producen una serie de alteraciones en el desarrollo de los seres humanos. Y hay pruebas de que muchas frutas, vegetales y verduras –duraznos, nectarines, tomates, etc.– se venden con un “agregado de pesticidas y plaguicidas” que a ningún cliente se le preguntó si los quería en su mesa.
El Dr. Andrei Tchernitchin, un reconocido endocrinólogo y patólogo ambiental, destaca, que es tal la cantidad y diversidad de sustancias químicas que ingiere la población todos los días a través de los alimentos –sin que lo sepan–, que ello está generando muchas enfermedades, cuyo origen, posteriormente, es muy difícil de pesquisar y precisar.
Tanto es así, que muchas de las “enfermedades inexplicables” que afectan a la población, son causadas, precisamente, por la infinidad de contaminantes que atacan el aspecto neuro-conductual del ser humano. Toda vez que se hace alguna investigación que implique la medición de “elementos extraños” en las carnes de diversos animales, los expertos encuentran restos de estrógenos, andrógenos, gestágenos, anabólicos, antibióticos, hormonas varias, etc., que sobrepasan los límites permitidos.
Uno de los anabólicos más comunes es el clembuterol, un medicamento que se aplica a muchos animales para que éstos puedan desarrollar más masa muscular. El problema, es que este elemento se concentra en el hígado y las personas se exponen a sufrir convulsiones y problemas cardíacos. Pero esto no es todo.
Un informe científico del Dr. Tchernitchin con datos objetivos de laboratorio reveló la contaminación del agua con minerales tóxicos. Lo que ningún gobierno se atreve a reconocer y hacer público, es que estos elementos tóxicos producen diversas enfermedades broncopulmonares, cáncer, daños irreversibles en el sistema nervioso central de los fetos, entre otros trastornos.
Para muestra de un botón: en la zona norte de nuestro país, Andrei Tchernitchin y Aliro Bolados demostraron con análisis químicos de última generación que el área estaba altamente contaminada, y descubrieron la presencia de arsénico, mercurio, cesio, zinc y manganeso, elementos cancerígenos que podrían explicar la causa de que muchas ciudades de la zona norte presenten el más alto número de gente con cáncer al pulmón y a la vejiga, no sólo a nivel país, sino que a nivel latinoamericano y también mundial.
Otro drama es el que se produce con la enorme cantidad de dulces que hoy comen los niños, muchos de los cuales contienen colorantes y aditivos que pueden perjudicar su salud. Es el caso de sustancias como la tartrazina, eritrosina, el amaranto, BHT, glutamato monosódico, etc. El glutamato monosódico se sigue usando en decenas de productos, aun cuando se conocen sus efectos adictivos, neurotóxicos y su influencia en la obesidad.
Un capítulo aparte lo representan los envases de los alimentos, ya que algunos plásticos en combinación con la presencia de ciertos químicos liberan elementos tóxicos como los ftalatos. A su vez, el plomo en suelos contaminados puede pasar directamente a los alimentos y se sabe que la ingesta de este metal genera alteraciones en el sistema reproductivo y en el sistema nervioso central.
Finalmente, señalemos que hay diversos estudios que prueban la presencia de diversos residuos de pesticidas y plaguicidas en diversas frutas y vegetales analizadas, tales como permetrina, diazinón, metidatión, captan, glifosato, benomyl, dimetoato, etc., muchos de los cuales son: mutagénicos (provocan cambios en los genes), teratogénicos (producen malformaciones en el feto durante el embarazo) y cancerígenos.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl Conferencista, escritor e investigador (PUC)










