08 de Septiembre del 2026.- Es importante aclarar que este evento no corresponde a un GLOF, es decir, al vaciamiento repentino de un lago glaciar. Las causas y el mecanismo exacto aún están siendo investigados y tomará tiempo establecerlos con certeza. Los antecedentes preliminares indican que el flujo de roca, hielo y barro fue precedido por el desprendimiento de una sección del glaciar, posiblemente asociado al colapso de la ladera que lo contenía. También se está investigando la eventual presencia de permafrost rico en hielo y su posible contribución a la inestabilidad, así como el papel que pudieron tener las condiciones meteorológicas de los días previos.
Este tipo de fenómeno tiene un antecedente particularmente relevante para Chile, aunque no igual. El 29 de noviembre de 1987, en la Región Metropolitana, una avalancha de roca y hielo desencadenó un enorme flujo de agua y sedimentos que descendió por el Cajón del Maipo, arrasando con todo a su paso. El evento, conocido como el aluvión de Parraguirre, dejó más de 40 víctimas fatales y provocó importantes daños en infraestructura, incluyendo caminos y centrales hidroeléctricas. Un estudio publicado en 2025 por nuestro equipo permitió revisar y analizar en detalle este evento y sus condiciones ambientales, aportando nuevos antecedentes sobre la interacción entre los procesos de la criósfera y la generación de peligros en alta montaña.
Las condiciones ambientales previas al evento también resultan interesantes. El invierno de 1987 estuvo marcado por una importante acumulación de nieve y fue un año asociado a condiciones de El Niño. Durante los días previos al desastre, además, se registraron temperaturas anómalamente altas, incluyendo una temperatura mínima particularmente elevada el día anterior al evento. Si bien estos antecedentes no permiten por sí solos establecer una relación causal, muestran la complejidad de los procesos que pueden desencadenar este tipo de fenómenos en alta montaña.
Más allá del mecanismo específico de lo ocurrido en Nepal, el evento nos recuerda algo fundamental: la transformación de los componentes de la criósfera (glaciares, nieve y permafrost rico en hielo) puede modificar la estabilidad de las laderas, la dinámica de los ríos y la generación de peligros capaces de propagarse rápidamente hacia las zonas bajas.
Chile no está ajeno a esta realidad. Nuestro país posee extensas áreas de alta montaña donde interactúan glaciares, nieve, permafrost, laderas inestables y sistemas fluviales. Por ello, necesitamos avanzar hacia una visión integrada de los peligros asociados a los cambios de la criósfera, fortalecer el monitoreo de las zonas de alta montaña y mejorar los sistemas de alerta temprana, especialmente en aquellos sectores donde estos procesos pueden afectar directamente a centros poblados e infraestructura.
Lo ocurrido en Nepal debe ser, también para Chile, una oportunidad para mirar hacia nuestras montañas y preguntarnos cuánto conocemos realmente sobre su evolución y, sobre todo, sobre los riesgos que pueden generar.
Dr. David Farías-Barahona – Ingeniero Geodésico – Director Grupo de Criósfera y Riesgos de Montaña en la Universidad de Concepción // Dra. Ilaria Tabone – Profesor asistente en el Departamento de Geofísica, Universidad de Concepción, Chile // Dra. Lucía Scaff Fuenzalida, Ingeniería Civil en Recursos Hídricos y Medio Ambiente, Universidad de Chile. // Departamento de Geografía y Geofísica, Programa de estudios de la Criósfera, Universidad de Concepción








