23 de Agosto del 2026.- Si bien, los conflictos, peleas y discusiones al interior de un grupo humano pueden ser una abundante fuente de angustia, estrés y ansiedad, todas ellas son parte integral de la vida diaria ya sea a nivel social, en las empresas o al interior de la propia familia. No obstante lo anterior, si dichos conflictos y peleas son detectados a tiempo, en ese caso, podrían ser manejados y resueltos de una manera positiva y con buenos resultados.
Es lo que plantean diversos expertos en habilidades de comunicación y métodos de resolución de conflictos, sea que hablemos de líderes, jefaturas, padres, etc. Asimismo, en diversas oportunidades he señalado que reflexionar es una tarea difícil que requiere de tiempo y de un arduo trabajo personal, a raíz de lo cual, la mayoría de las personas prefiere juzgar a los demás: esa es una tarea que resulta ser fácil y rápida.
Es así, por ejemplo, que el poder coercitivo que usan muchas personas daña severamente las relaciones interpersonales y las únicas alternativas o estrategias de solución que tienen las personas a disposición, incluyen “el uso de la escucha activa, la práctica de la empatía, así como la creación de una atmósfera de confianza”, donde lo que debe prevalecer “es la comunicación interpersonal basada en un principio básico, a saber: ganar-ganar”, correspondiente al estilo de negociación de la U. de Harvard.
Revisemos algunas conductas que generan graves problemas entre las personas:
- Ridiculizar, humillar o avergonzar a las personas: este tipo de conductas son de las más dañinas y negativas, ya que afectan de manera grave la autoestima e imagen de las personas que están siendo humilladas y/o ridiculizadas, quienes, posteriormente, podrían buscar alguna forma de retaliación y vengarse de aquel sujeto que las humilló.
- Imponer la propia voluntad por sobre los demás de manera coercitiva: el acto de imponer criterios de manera rígida, arbitraria, por la fuerza o por vía de la amenaza tiende a provocar resistencia, rebeldía y actitudes de carácter defensivo, con el riesgo subsecuente, de que el sujeto interprete esta forma de proceder como una manera agresiva de sometimiento y humillación, especialmente, si es realizada frente a quienes están observando la situación.
- Sermonear o moralizar: cuando alguien habla con otra persona haciéndola sentir culpable por algún error o falla cometida, dicha persona podría adoptar una conducta oposicionista, negándose a escuchar aquello por lo cual está siendo sermoneado y hacer todo lo contrario de lo que le ha sido señalado.
- Censurar y juzgar de manera arbitraria: cuando a alguien se le dice –sin que medie algún tipo de argumento o prueba– que lo que ha hecho o dicho es malo, errado o equivocado, y que no lo puede volver a decir o hacer nunca más, lo que se logra, es que esa persona se sienta, además de molesta, también tonta e incompetente ante aquél que se ha erigido en juez y verdugo.
- “Diagnosticar” lo que le sucede al otro: resulta muy inadecuado decirle a la persona que se tiene al frente, lo que, supuestamente, está pensando, sintiendo o de por qué razón estaría actuando como lo hace, sin que se tenga la mínima consideración de preguntarle directamente qué es lo que, en verdad, le está sucediendo, está sintiendo o pensando, ya que el “diagnóstico emitido por el juez de turno” –sin que haya sido solicitado–, podría estar muy lejos de la realidad.
- Negar que exista un problema: ante una realidad que no puede ser ocultada ni desmentida, se convierte en una soberana tontería tratar de negar que existe un problema o conflicto entre las personas. Lo más sano, es abordar de inmediato los problemas que pudieran estar interfiriendo en el grupo humano.
Se entiende entonces, que las conductas y actitudes demasiado rígidas, absolutistas o arbitrarias son perjudiciales, y lo que se logra con ello, es cerrar toda posibilidad de entablar un diálogo constructivo, o bien, de llevar a cabo una sana negociación.
Igual cosa sucede con la práctica de “etiquetar a los demás”, enfocándose en alguna característica de las personas y decir frases tales como: “Eres intransigente”, “eres muy volátil”, “eres violento”, “no sabes expresarte”, “eres muy impulsivo”, etc.
Hay que tener presente que el 10% de los conflictos que surgen entre las personas se debe a una diferencia de opinión, en tanto que el 90% restante, surge a causa de una actitud y de un tono de voz equivocado.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e Investigador (PUC)










