05 de Julio del 2026.- Diversas investigaciones científicas han demostrado que el buen humor, la alegría y la felicidad representan la mejor medicina para el cuerpo y el alma. Es más: la risa puede prevenir enfermedades, ya que el hecho de reírse en la vida diaria representa una de las armas más poderosas para eliminar el estrés, la ansiedad, la depresión y también fortalecer el sistema inmunológico.
Expertos de la felicidad, tales como Laurie Santos, Tal Ben Shahar, Martin Seligman, Ruut Veenhoven, Sonja Lyubomirsky y otros, destacan en sus escritos la importancia de la risa, el buen humor, la alegría y la felicidad en la vida de las personas.
La Dra. Laurie Santos, conocida como la “profesora de la felicidad”, es una científica cognitiva, quien, en una de sus publicaciones señaló que la “ansiedad estaba destruyendo a sus alumnos”, en función de lo cual, ella comenzó a dictar un curso en la Universidad de Yale acerca de la felicidad, en el cual se inscribían miles de estudiantes que buscaban averiguar qué podían hacer ellos para ser más felices. Una de las respuestas de la Dra. Santos –y que sorprendió a los estudiantes–, fue que el “dinero por sí sólo no hacía felices a las personas”, en tanto que distinto era el caso cuando las personas: (a) desarrollaban un propósito en la vida, (b) cuando buscaban conectarse positivamente con otras personas, (c) cuando practicaban la meditación y la reflexión, (d) cuando ponían alegría, humor y risas en sus vidas, todo lo cual, tenía un efecto muy positivo sobre la felicidad y el bienestar de las personas.
¿La razón de destacar todo esto? Simple: el estrés, la angustia y la ansiedad se han convertido en parte integral de nuestra vida cotidiana. En este sentido, son numerosos los estudios que han comprobado que la alegría, el buen humor y la risa son los mejores promotores para lograr un estado de relajación. Y cuando el organismo está relajado, el cerebro comienza a producir un neurotransmisor llamado serotonina –o también hormona de la felicidad– que está relacionado con el control de las emociones y el estado de ánimo de las personas.
Si por el contrario, la persona se encuentra expuesta a un alto nivel de estrés, ansiedad y el organismo está sobrecargado de tensión, los circuitos cerebrales acusan la falta de serotonina, lo que conduce a una alteración de la comunicación entre las neuronas, afectando, por consiguiente el equilibrio orgánico.
Uno de los objetivos de la “terapia de la risa” –o yoga de la risa– es provocar una relajación muscular y orgánica, a raíz de lo cual, los risoterapeutas señalan que mientras más se ríe la persona, menos tensiones y ansiedad acumula el organismo, por cuanto, dicha terapia se fundamenta en el hecho de que el sistema inmunológico es muy sensible a las emociones que experimenta, especialmente, cuando éstas son poco gratas, tales como la frustración, los celos, la desesperanza, la ira, miedo, tristeza, etc.
Si un estrés crónico provoca el deterioro del sistema inmune de una persona –condición que puede conducir a un mayor riesgo cardíaco, un aumento de la presión arterial y a trastornos estomacales y hepáticos– los terapeutas estiman que la risa, la alegría, el buen humor y la felicidad actúan de modo inverso, fortaleciendo el sistema inmune y previniendo enfermedades.
Un caso muy conocido –y documentado en medicina– de una persona que curó su propia enfermedad “incurable” a través de la risa, es el caso del periodista y escritor norteamericano Norman Cousins, quién en su libro “Anatomía de una enfermedad” (“Anatomy of an illness”) relata los efectos que produjeron en él la terapia de la risa.
Luego de descubrir que era portador de una grave enfermedad –espondilitis anquilosante–, de someterse sin resultado alguno a los tratamientos de la medicina tradicional y recibir la noticia de que le quedaban solo algunos meses de vida, tomó la decisión de combatir su enfermedad, dándose un atracón diario durante algunos meses de videos cómicos de Charly Chaplin, de los hermanos Marx y de los Tres Chiflados, con resultados que sorprendieron a los mismos médicos que estaban tratando a Norman Cousins: su curación total.
La reflexión que hizo Cousins para tomar esta decisión y luchar por su vida, fue la siguiente: si los estados de ánimo negativos influyen químicamente en las enfermedades, ¿podían los estados de ánimo positivos retrasarlas o revertirlas? Cousins había leído varios artículos acerca de la influencia de las emociones sobre el sistema endocrino, sobre todo, desde el punto de vista químico, de modo que dado el mal pronóstico que le entregaron sus médicos, tomó la decisión de someterse a su propia “cura de la risa” e incluyó en su rutina diaria un hábito sorprendente: el humor y ver diariamente varias películas de corte cómico.
Este periodista descubrió que tras ver estas películas podía dormir mucho mejor y sin dolor. Incluso más: su enfermera particular le leía libros de chistes, al punto que el estado físico de Norman Cousins fue mejorando paulatinamente: recobró la movilidad, los dolores fueron desapareciendo, pudo comenzar a jugar golf, montar a caballo y tocar el piano. Ahora podía girar completamente el cuello, a pesar que los especialistas le habían dicho que su enfermedad era degenerativa y que, como mucho, podría girar su cuello hasta 90 grados. ¿Resultado definitivo? Norman Cousins sobrevivió 26 años a su “incurable enfermedad”.
La razón de poner este ejemplo, es muy simple: si personas con graves enfermedades fueron capaces de recuperarse de enfermedades diagnosticadas por los médicos como “graves, irreversibles e incurables” ¿por qué razón otras personas no podrían hacer lo mismo?
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










