21 de junio del 2026.- De ahora en más, hay que tener siempre presente, que el sólo dominio de las materias propias de la profesión, oficio o trabajo que uno ejerce, ya dejó de ser la clave exclusiva y determinante para el éxito profesional y personal en el mundo laboral.
El desplante –o manejo escénico que se tenga–, el buen uso del lenguaje, la expresión oral y corporal, e incluso la forma que tiene de vestirse y presentarse, son aspectos que se han ido incorporando como parte imprescindible de la formación de profesionales, jefaturas y altos mandos de grandes y medianas empresas. Esta es una preocupación que toma cada vez más fuerza, no sólo en elmundo de la farándula, sino que también entre el personal directivo de las empresas, así como –curiosamente– en el ámbito político, en relación con el modo de vestirse, de hablar y de dirigirse al público.
En el “arte de verse bien”, el sujeto que desea hacer la diferencia, deberá tener en consideración aquello que los estilistas denominan “una combinación armónica, elegante y sobria de la persona”, donde todo detalle debe ser tomado en cuenta hasta en su mínima expresión. Sin embargo, nada de lo anterior le servirá a dicho sujeto, si en el momento de abrir la boca, su forma de expresarse, su manera de manejar su discurso y de dirigirse a su público objetivo –sea que hablemos de subordinados, pares, jefes, clientes, ciudadanos, etc.– deja mucho que desear.
Toda persona, sea un profesional o no, debe tener presente, que aún cuando tenga muchos títulos y grados académicos, su desplante, su actitud, su seguridad en sí mismo, la manera de expresarse y su forma de vestir pueden convertirse en aliados –o enemigos– importantes para efectos de ganar –o perder– el favor de la gente, o del entrevistador.
Mientras en muchos colegios de EE.UU. se enseña a los estudiantes a participar en debates, desarrollar y afirmar su personalidad, aprender a hablar en público, etc., en nuestro país, estas competencias resultan ser habilidades que no están consideradas como importantes dentro del “currículum del alumno”, a raíz de lo cual, no se tratan con el mismo empeño como se hace para enseñar, por ejemplo, matemáticas o ciencias.
Afortunadamente, hay algunas universidades, que desde un tiempo a esta parte, tuvieron la ocurrencia de incorporar asignaturas para enseñar a sus estudiantes a comunicar de manera efectiva, entre cuyos ramos encontramos temas como: aprender a debatir, tomar lecciones de lenguaje y de expresión corporal.
Dejemos en claro, que no se trata aquí de caer en una suerte de frivolidad y de sólo ocuparse de la apariencia externa, sino que permitir que toda persona aprenda a ubicarse dentro del contexto en el cual le toca interactuar. Lo anterior, implica poner atención a ciertos aspectos, tales como saber expresarse bien ante el público, vestirse de forma adecuada, mostrarse seguro de sí mismo, tener un buen dominio escénico, etc.
Hay que recordar, que el comportamiento humano se vincula directamente con el cuerpo, con las actitudes personales, la autoestima, las emociones y el lenguaje, es decir, “cómo nos presentamos ante los demás”.
Hay algunos altos directivos de empresas que señalan haber tenido que entrevistar a mujeres jóvenes recién egresadas, vestidas con petos que dejan entrever su ombligo, o bien, con poleras que dejan asomar el bretel de sus sostenes. En el caso de los varones, algunos llegan sin afeitar, llenos de tatuajes y/o aros, con cabello muy descuidado, vestidos de manera inadecuadamente informal –incluso con shorts en época de verano–, lo cual, constituye una desubicación total por parte de los entrevistados. Es decir, nos encontramos con personas jóvenes, que a pesar de tener una formación académica de buen nivel, no manejan ciertas claves y aspectos cruciales de la presentación personal, con el resultado que es de esperar: así como te ven, así terminarán por tratarte.
Un factor que, al parecer, las personas no siempre lo tienen en su nivel de conciencia, es que cada individuo, de cierto modo, está proyectando un rol. Y si quiere ingresar a una empresa determinada, este rol debe ser coherente con la cultura organizacional de esa institución, sea pública o privada. Aquí se estaría confirmando el principio que señala que cada integrante de una organización, es responsable de sus logros (o de sus fracasos).
Hay personas, que técnicamente son muy buenas en su área de experticia, pero quienes, lamentablemente, no saben comunicarse, se expresan mal, y para más remate, no son capaces de integrarse de buena manera a un equipo de trabajo.
Importante destacar lo que expresara el asesor de imagen de origen español, Jordi Collell, Director del Posgrado en Personal Branding: “La gestión de nuestra marca personal no es un proyecto con enfoque terminal, sino que es un trabajo del día a día”.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










