14 de junio del 2026.- Si bien, es normal verlo todo de “color de rosa” cuando dos personas se enamoran y ambos tienen, además, la grata sensación de que todo va a salir bien en su relación, en los últimos años, el porcentaje de parejas que se separa antes de los dos años de convivencia creció en más de un 20%. Los especialistas coinciden en destacar, que la “defensa de la autonomía individual”, la “lucha por el poder” al interior de la pareja, así como también la “falsa creencia de las parejas jóvenes de que no deben existir problemas ni conflictos cuando se vive en pareja” han creado una serie de dificultades y obstáculos insalvables para la sana convivencia.
Con el propósito de comprender de mejor forma esta problemática, es preciso hacer una comparación con los resultados obtenidos décadas atrás, cuando una encuesta realizada por el Centro Nacional de Estadísticas de Salud en EE.UU., reveló que la duración promedio de la convivencia de las parejas que se divorciaron en el año 1990 era de 7,2 años. Más de tres décadas después, el panorama es muy diferente, ya que diversos estudios han sacado a la luz que la famosa “comezón” hoy se presenta con precocidad, incluso, antes de que la pareja pueda siquiera completar el segundo año de convivencia.
Ahora bien, ¿a qué se refiere exactamente esta “comezón”? El concepto hace alusión al hecho de que hay algo en la pareja que comienza a estancarse, donde el amor y el entusiasmo del uno por el otro ya no fluye como al principio de la relación y la atracción sensual y sexual ya no es tan poderosa, en función de lo cual, van apareciendo “tentaciones peligrosas en el camino” y la fantasía de mantener una aventura con otra persona comienza a tomar fuerza en la cabeza de uno de ellos, o incluso, en ambos.
En este sentido, los estudios demuestran que, en promedio, la satisfacción de la pareja, así como la calidad general de la relación tiende a decaer durante los primeros años en que las personas están juntas, más aún cuando la vida real –horas de trabajo agotadoras y extenuantes, estrés laboral, problemas económicos, disputas familiares, etc.– hace acto de presencia, especialmente, cuando la llegada de un hijo entra en la escena, un hecho que altera y trastoca el ciclo de la relación que, hasta ese momento, existía en la pareja.
El uso del concepto “comezón” se debe a una obra de teatro del dramaturgo y guionista George Axelrod titulada “La comezón del séptimo año” (“The Seven Year Itch”) que luego se convirtió en película con la actuación de la sensual y más famosa actriz de su tiempo, Marilyn Monroe, un concepto que permaneció instalado en el imaginario popular.
La realidad demuestra que, luego de algunos años de llevar una vida en común, se inicia una etapa más rutinaria y plana, donde el “color rosa va paulatinamente desvaneciéndose y la vida ya no parece tan divertida, rosa ni sensual como antes”. Hay niños que cuidar, las deudas y obligaciones van en aumento, hay diversas labores y responsabilidades que atender, a lo que se suma el cansancio acumulado, las preocupaciones del día a día, la existencia de incertidumbre y temor acerca del futuro, etc., lo que representa un certero tiro de gracia para el amor de la pareja y su deseo de permanecer juntos.
Es en este punto donde la fantasía de la infidelidad hace su aparición con mayor frecuencia, especialmente, cuando surgen en el horizonte terceros que resultan ser más seductores y atractivos que la propia pareja, algo que vuelve a encender los fuegos de la pasión –que hoy están convertidos en cenizas– en uno de ellos, al punto, que el castillo de ilusiones que se construyó al inicio de la convivencia, cuelgan de un hilo muy delgado.
En función de los factores y situaciones que han sido señalados más arriba, es que surgen distintas voces e interpretaciones acerca de esta comezón, la que podría darse en el séptimo año de convivencia, pero también podría ocurrir en el segundo, quinto o noveno año de vida en pareja. Es por ello que se habla de promedios. A modo de ejemplo: estudios estadísticos de EE.UU. ponen en evidencia que en ese país más del 25% de los divorcios ocurren en los primeros cuatro años de matrimonio. En nuestro país, el seguimiento de parejas malavenidas que fuera realizado por la académica del Departamento de Psiquiatría de la U. de Chile, María Victoria Passache, indica que entre el 25% y el 30% de las parejas no logra superar la crisis de los dos primeros años de convivencia. Y entre aquellas parejas que asisten a terapia con la finalidad de resolver sus conflictos, el 30% tiene menos de cinco años de convivencia.
La rutina y la falta de novedad, así como la habitualidad y el trajín del diario vivir, son algunos de los tantos enemigos de las parejas que, con el transcurso del tiempo, comienzan a resquebrajar la convivencia y que provocan la famosa “comezón”. Se entiende que en estos casos, las parejas enfrentan una crisis, es decir, cambios profundos que traen consecuencias importantes para cada una de las partes, debido a la manera en cómo son percibidos –e interpretados– estos cambios por cada integrante. Superar esta crisis –o comezón– dependerá exclusivamente de la intensidad del deseo, esfuerzo y capacidad que muestre la pareja para renovarse, revivir la pasión y volver a reencontrarse.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










