24 de Mayo del 2026.- La brecha existe, está medida y responde a algo bastante más profundo: tiempo, carga doméstica, acceso y una cultura deportiva que históricamente no fue pensada para ellas.
La cifra más reciente es clara. Según la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte 2024, solo el 41,7% de las mujeres adultas en Chile cumple con las recomendaciones mínimas de actividad física, frente al 49,9% de los hombres. En otras palabras, los hombres tienen una mayor probabilidad de ser físicamente activos que las mujeres. El propio Ministerio del Deporte reconoce que esta brecha aparece en casi todos los contextos evaluados.
Ese dato no es menor. Significa que, en un país donde ya cuesta moverse, las mujeres parten desde más atrás. Y cuando se revisa con más detalle, la desigualdad se vuelve todavía más evidente. La Encuesta 2024 muestra que en todos los contextos los hombres presentan más probabilidades de ser activos que las mujeres, salvo en el ámbito doméstico, donde las mujeres aparecen como más activas, con 11% frente a 8,4% de los hombres. Es decir, muchas mujeres sí se mueven, pero en tareas del hogar y de cuidado, no necesariamente en espacios de ejercicio, deporte o tiempo libre.
Ahí aparece una de las claves del problema. Desde las ciencias del deporte, no toda actividad física tiene el mismo efecto ni el mismo significado. Limpiar, subir escaleras o hacer labores domésticas implica gasto energético, sí. Pero no siempre se traduce en una práctica estructurada, sostenida, disfrutable o protectora en términos de salud física, bienestar emocional y adherencia a largo plazo. El deporte y el ejercicio también son tiempo propio, autonomía y espacio social. Y eso es justamente lo que muchas mujeres tienen menos disponible.
La evidencia chilena va en la misma dirección. Un estudio publicado en la Revista Médica de Chile sobre factores asociados a la inactividad física, usando datos de la Encuesta Nacional de Salud, encontró que las personas físicamente inactivas eran mayoritariamente mujeres, de mayor edad, con menor nivel educacional y con mayor prevalencia de obesidad, obesidad central, diabetes, hipertensión y síndrome metabólico.
No es solo una brecha deportiva. Es una brecha de salud. Y tampoco se trata solo de hoy. Una revisión sistemática chilena sobre sedentarismo e inactividad física concluyó que los factores asociados en el país son múltiples y se cruzan entre sí: sexo, edad, nivel socioeconómico, educación, entorno y estilos de vida. Es decir, el problema no se explica por una sola variable, sino por una estructura que va empujando a ciertos grupos, especialmente mujeres, hacia una vida más sedentaria.
La historia ayuda a entenderlo. El deporte en Chile fue durante mucho tiempo un espacio fuertemente masculinizado, tanto en su práctica como en su relato cultural. La historiografía deportiva chilena ha mostrado cómo, durante décadas, la prensa y la cultura de masas construyeron el deporte como un territorio masculino. Esa herencia todavía pesa. Aunque hoy hay más participación femenina y más visibilidad, el acceso sigue siendo desigual.
Desde la ciencia del comportamiento físico, además, hay algo que se sabe hace tiempo: las personas sostienen mejor la actividad cuando tienen tiempo, seguridad, redes y espacios de pertenencia. Si una mujer carga con más trabajo doméstico, más tareas de cuidado y menos tiempo disponible, entonces la práctica deportiva deja de competir en igualdad de condiciones con la del hombre. No es falta de motivación. Es falta de margen.
Por eso, cuando se pregunta por qué las mujeres abandonan más el deporte o practican menos actividad física en Chile, la respuesta no debería ser moralizante. No se trata de decirles que “hagan el esfuerzo”. Se trata de entender que el esfuerzo ya existe, pero muchas veces está puesto en otros lugares invisibles para las estadísticas deportivas.
La buena noticia es que esto puede cambiar. Pero no solo con campañas. Hace falta infraestructura cercana, horarios compatibles, programas pensados para mujeres adultas, espacios seguros y una política deportiva que entienda de una vez que la igualdad no se logra invitando a todos por igual, sino creando condiciones distintas para realidades distintas.
Porque si las mujeres se mueven menos en Chile, no es porque les interese menos el deporte. Es porque, durante demasiado tiempo, el sistema les pidió que se adaptaran a un deporte que no fue diseñado pensando en su vida real
Dr. Frano Giakoni Ramírez – Doctor en Ciencias del Deporte – Director Carrera Entrenador Deportivo – UNAB










