17 de mayo del 2026.- Cada 15 de mayo se celebra el Día Internacional de las Familias, y cuando hablamos de la institución que representa la familia, no se puede menos que coincidir con elfilósofo, poeta y escritor español George Santayana,cuando decía que“la familia era una de las obras maestras de la naturaleza”, especialmente,cuando éstas funcionan en concordancia con aquello que la sociedad espera de ellas, en lo que a “la formación de valores se refiere”.
La familia representa, asimismo, un espacio primordial de seguridad y la base fundamental para la construcción de la identidad de una persona, de su autoestima, así como de los esquemas de convivencia social que guiarán su devenir por la vida en la sociedad donde esté inserto el sujeto.
El Dr. Christian Skoog, representante de la UNICEF, asegura que “la familia es el medio natural para el crecimiento y el bienestar de los menores, el lugar ideal donde los niños comienzan a descubrir el mundo, a relacionarse con los demás, a interactuar con el entorno y a desarrollarse como seres sociales con valores y principios”. Es el mejor lugar donde los niños pueden experimentar una sensación de seguridad, protección, cuidados y la confianza suficiente para encontrar el apoyo que necesitan.
Es por esto, que la familia debe promover el desarrollo y educación de los menores bajo un marco de valores y principios que les enseñe a respetar las múltiples diferencias que existen en la sociedad durante su proceso de crecimiento hasta que se conviertan en adultos responsables por medio de los conocimientos, habilidades y los valores recibidos, a fin de que puedan enfrentar con éxito los retos y desafíos que les deparará la vida.
Todas las personas son seres sociales que asumen y adoptan una serie de valores –o antivalores– dependiendo del tipo de familia en la cual se desarrollan. Aquí yace, justamente, “el valor de las familias funcionales”, aquí reside su capacidad de crear un ambiente protector para sus integrantes, un hogar con cimientos fuertes donde se transmiten los valores, ideas, sentimientos, creencias y buenos hábitos.
La familia es el lugar ideal donde los niños: (a) aprenden las estrategias necesarias para enfrentar y solucionar los problemas con los que se toparán a medida que crecen, (b) aquí aprenden a regular sus impulsos y emociones, (c) aprenden a ponderar las decisiones que tomen en la vida –con sus riesgos y consecuencias– y, por sobre todo, (d) a sobreponerse y recuperarse de las crisis y situaciones adversas de la vida.
En aquellas familias donde se entrega amor, donde se promueven normas de comportamiento y límites claros, y se establece una comunicación de carácter funcional, los menores desarrollarán actitudes de respeto y buen trato hacia los demás, de respeto a los sentimientos y derechos de los otros. En este sentido, si se los educa basados en la comprensión, aceptación y dignidad de los demás, ellos se convertirán en adultos responsables de sus actos, libres y autónomos, con una mayor capacidad para disfrutar de su vida y eso, sin duda alguna, lo podrán, posteriormente, legar a sus propios hijos.
El Dr. Skoog destaca asimismo, que este “papel de la familia está sustentado por la evidencia científica que demuestra cómo el desarrollo físico, neurológico y afectivo de todo niño o niña se da adecuadamente cuando los cuidadores atienden de manera oportuna sus necesidades y, además, les brindan apego, afecto y cariño”. Esto es particularmente relevante durante los primeros años de vida, ya que es la etapa cuando éstos desarrollan el 80% de su cerebro, razón por la cual, la estimulación de los menores resulta ser un proceso crucial y clave.
Ser padres no siempre resulta ser una tarea fácil. Los niños no vienen con un manual de instrucción, a raíz de lo cual, los adultos tienden a repetir los patrones de crianza recibidos de sus progenitores, en función de lo cual, es crucial tener muy presente que no todo padre, madre o cuidador ha crecido con patrones de crianza cariñosos y respetuosos, y puede requerir de mucho apoyo experto en el proceso de crianza.
Resulta importante recordar que –de acuerdo con el Dr. Skoog– algunas familias llevan una existencia bajo “constantes amenazas: pobreza, desempleo e inseguridad económica –incluso inseguridad alimentaria–, falta de redes de apoyo y servicios, violencia intrafamiliar o comunitaria, enfermedades crónicas y discapacidades”.
Es por esto, que los menores necesitan de afecto, cariño e interacciones de confianza por intermedio de relaciones directas que van variando de acuerdo con la edad y a través del acompañamiento y de la guía por medio del ejemplo.
En definitiva, el valor de la familia radica en la crucial tarea de preparar a los hijos para ser mejores cada día y fortalecer aquellas capacidades, destrezas, hábitos y formas de conocer el mundo, donde la violencia y la agresión sin sentido no tienen cabida.








