03 de Marzo del 2026.- Hoy en día, son escasas las personas que dudan de la veracidad en relación con uno de los conceptos que más ha dado que hablar en el ámbito de la psicología y la medicina del siglo XXI: “el impacto negativo que tiene el estrés en la vida de las personas”.
Más aún, si se considera el efecto multiplicador que ha tenido en el mundo entero el aumento de los niveles de suicidios, presencia de ansiedad y angustia, experimentar crisis de pánico, caer en depresión, entre otras graves consecuencias.
En este sentido, el solo hecho de vivir lleno de preocupaciones, de angustia y ansiedad a raíz de tener que interactuar con gente y con ambientes tóxicos termina, asimismo, por enfermar a la gente.
En rigor, el estrés se ha convertido en uno de los responsables directos de una serie de enfermedades físicas y psicológicas más comunes –y mortales– que afectan a las personas, especialmente, cuando el “estrés se asocia con situaciones como: trabajar en un ambiente laboral negativo y generador de ansiedad, vinculado con el sedentarismo, el consumo de drogas y alcohol, con el hecho de mantener una dieta poco sana que conduce al consumo de mucha comida chatarra”, etc., lo que da como resultado una serie de trastornos en salud, tales como: accidentes cerebrovasculares, miocardiopatía por estrés, diversos tipos de cáncer, hipertensión arterial, diabetes, sobrepeso y obesidad, insomnio, severos trastornos del ánimo, intentos de suicidio, etc.
Las teorías acerca del estrés que fueron presentadas por el fisiólogo Walter Cannon y el médico endocrinólogo y fisiólogo Hans Selye en el siglo pasado, se han convertido, finalmente, en evidencia científica. ¿De qué otra forma se podría explicar que un trabajador se quite la vida debido a presiones laborales? ¿Por qué razón algunas mujeres enferman de cáncer años después de sufrir una tragedia familiar, como la pérdida de un hijo? ¿Por qué razón personas que no fumaban, no bebían y que llevaban una vida sana, fallecieron de un infarto al corazón, tras vivir durante años bajo elevados niveles de ansiedad y de estrés?
Lo cierto, es que ante cualquier condición o vivencia de estrés, ya sea de tipo interno o externo– el sistema nervioso central, el eje hipotalámico hipofisario, el sistema cardiovascular, el metabólico y el sistema inmune responden de inmediato, y el precio que cada persona debe pagar por intentar adaptarse a las situaciones estresantes, es lo que el Dr. Bruce McEwen de la Universidad de Rockefeller denominaba “carga alostática”.
Esta carga corresponde al “desgaste que se produce como respuesta a las tensiones”, donde combatir las serias consecuencias de vivir bajo tensión se convierte en uno de los principales objetivos, si es que se desea proteger la salud física y mental.
Con el fin de lograr este objetivo, los especialistas en el tema recomiendan una serie de medidas que han demostrado su eficacia. Lo primero, es comenzar por identificar cuáles son las propias “trancas” o limitaciones personales, luego de lo cual, cada sujeto –de acuerdo con sus intereses, gustos y posibilidades– puede comenzar a realizar, por ejemplo, ejercicios de relajación, hacer meditación, comunicar los problemas que está sufriendo, darse algunos respiros cuando las situaciones son demasiado estresantes, buscar algún tipo de actividad fuera del trabajo por intermedio de la práctica de algún hobby, hacer deporte, bailar, poner en práctica el buen humor, etc.
Hoy en día, ya nadie duda de que la práctica habitual del ejercicio físico representa la estrategia más efectiva como fórmula para contrarrestar las consecuencias negativas que genera el estrés, y las tensiones que éste provoca. Investigadores como Stefano Vinaccia, William Ramírez, Gustavo Suárez y otros, han demostrado, de manera categórica, el impacto positivo que tiene la actividad física y el deporte no sólo sobre la salud, sino que también sobre la cognición, la socialización y el rendimiento académico.
Por otro lado, otras investigaciones realizadas por universidades de prestigio como las de Harvard y Yale, han demostrado, asimismo, que el secreto para mantener una buena salud y el equilibrio interno reside en la realización de actividad física, actividad que incluso, de acuerdo con la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, puede extender la vida de las personas.
Es así por ejemplo, que los estudios indican que basta con agregar media hora diaria de actividad física de moderada intensidad para reducir el estrés y evitar una serie de dolencias graves, tales como enfermedades cardíacas, accidentes vasculares, diabetes, depresión y diversos tipos de cáncer, especialmente, cáncer de mama y colon.
Adicionalmente, el ejercicio realizado de manera regular puede, además de ayudar a las personas a reducir el nivel de estrés, las ayuda a dormir mejor, a controlar el peso, mejorar el estado de ánimo, agudizar el funcionamiento mental y mejorar la vida sexual.
(https://www.health.harvard.edu/healthbeat/the-secret-to-better-health-exercise)
En síntesis –y de acuerdo con las evidencias científicas recabadas de numerosos estudios–, se podría asegurar, entonces, que la actividad física es anti-estrés, anti-cáncer, anti-diabetes, anti-hipertensión arterial, anti-obesidad, anti-envejecimiento, anti-depresión, etc. ¿Qué más se puede pedir?
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










