23 de Noviembre del 2025.- El Dr. Daniel Goleman, psicólogo norteamericano que adquirió fama y notoriedad mundial con la publicación de su libro “Inteligencia Emocional”, señala en su obra “Emociones destructivas. Cómo comprenderlas y dominarlas”–libro escrito junto al Dalai Lama–, que la ira y la rabia son emociones muy peligrosas, razón por la cual, lo recomendable es tratar de controlar dichas emociones o, bien, reemplazarlas por otras emociones más beneficiosas y que vayan en favor de la salud mental. El gran obstáculo radica en que nadie nos enseña cómo manejar y controlar estas emociones tan fuertes y potentes.
De acuerdo con diversas investigaciones, la ira es una “emoción de tipo violento y agresivo que está caracterizada por un notable aumento del ritmo cardíaco, una elevación de la presión sanguínea, un aumento de los niveles de adrenalina y noradrenalina circulando frenéticamente por nuestro organismo”, condición que también puede estar acompañada de sudor, enrojecimiento de la epidermis, un aumento de la tensión muscular, la aceleración de la respiración y un incremento de la energía (o fuerza muscular), así como de la gesticulación corporal.
Algunos investigadores ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o de huir (fight or flight response) ante una amenaza o de un posible daño. Sin embargo, como en la mayoría de los casos no podemos atacar ni agredir físicamente a quienes nos dañan o abusan de nosotros, tenemos dos posibles alternativas: (a) “comernos” nuestra rabia, o (b) utilizar a un tercero, ya sea un objeto cualquiera o alguien más débil e indefenso, sobre el cual descargar nuestra ira y nuestra rabia.
Dado el hecho que la ira inhibe nuestra capacidad para razonar, la gente pueden terminar realizando diversas conductas agresivas: romper y destrozar objetos, descargar la furia contra una puerta, patear objetos, utilizar la agresión verbal –uso de la descalificación, de la ironía, etc.–, desquitarse golpeando a un animal indefenso, auto-agredirse –jalarse los cabellos, azotar la cabeza contra un muro, autoinfligirse cortes– o, lo que es más grave aún, golpear y lastimar a seres humanos que queremos y amamos, pero que en ese momento de rabia se convierten en nuestro punching ball, ya que nuestro cerebro dejó de reflexionar y razonar, y ahora se encuentra en modo “instinto animal” de agresión pura.
La rabia surge, generalmente, cuando: (a) vemos o vivimos situaciones que son injustas, (b) cuando somos incapaces de controlar una determinada situación, (c) cuando nos desagrada y no podemos controlar las acciones y forma de actuar de quienes nos rodean.
La ira –y la agresión que la acompaña– surge ante cualquier situación que interpretamos como amenaza a nuestra integridad y dignidad. La ira y la rabia se asocian fuertemente con sentimientos de frustración, de sentir que hay quienes abusan de nuestra paciencia.
Con respecto a la agresión misma, señalemos que existen dos tipos de agresión: (a) la “agresión hostil”: provocada por la ira y el enojo del momento que vive de la persona, y que se ejecuta como un fin en sí mismo, llamada también “agresión afectiva o pasional”, y (b) la “agresión instrumental”: aquella que es utilizada de manera premeditada con el fin de lastimar a otros, o como un medio para lograr algún otro objetivo, en que el sujeto que la utiliza sabe perfectamente que aquello que está haciendo, está mal.
Si bien tenemos varias estrategias que permiten minimizar el nivel de rabia que experimentamos, éstas requieren de esfuerzo, trabajo personal y tiempo de práctica –a menudo, también de ayuda externa y experta–, si es que queremos superar esta experiencia, la cual, como ya hemos visto, puede ser incluso auto destructiva, afectando nuestro sistema inmune y nuestro organismo, cuando no podemos liberarnos de ella.
Lo primero que corresponde hacer, es (a) identificar de manera clara cuál es la fuente o la causa de nuestras emociones negativas, con el fin de establecer si existe algún factor que depende de mi propia persona y que me ayude a defenderme de este ataque emocional, (b) detenerse a examinar lo que se está viviendo y, como consecuencia de este acto, buscar la manera de serenarse para no caer en “modo de agresión irreflexiva”: contar hasta diez y hasta veinte, si es necesario, realmente ayuda. Algunos hablan de un “time out”, es decir, de darse un espacio de tiempo para serenar los ánimos caldeados; (c) dado que la rabia y la ira son emociones auto-destructivas, la persona debe buscar la forma y la ayuda necesaria para desprenderse del resentimiento que lo embarga; (d) dar el paso más difícil: pasar del “modo agresión” al “modo reflexión”, condición que involucra dar espacio al uso del pensamiento lógico y racional, lo que implica la búsqueda de una solución que permita superar el problema y que no produzca un daño adicional.
Dar estos pasos, significa comenzar a recorrer el sendero hacia el desarrollo de la “Inteligencia Emocional”.
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










