18 de Octubre del 2025.- En este escenario, el aburrimiento es una condición indeseable, algo terrible que debe ser evitado a toda costa. Sin embargo, esta idea subestima el papel crucial que el aburrimiento desempeña en el desarrollo cognitivo y emocional de las personas, especialmente de niños, niñas y jóvenes.
El aburrimiento, aunque sí puede convertirse, mal entendido, en un estado negativo, sin lugar a duda actúa como un catalizador para la reflexión y la creatividad. Cuando nuestra mente no está ocupada con los problemas del día a día, con la vorágine externa, se ve obligada a buscar entretenimiento y soluciones en su interior. Esto fomenta la capacidad de reflexionar y de resolver problemas de manera innovadora, y además también promueve la creatividad y la divergencia. Este espacio mental libre o, como lo llamamos nosotros, aburrimiento productivo, permite que las ideas fluyan sin restricciones, facilitando conexiones que de otro modo podrían permanecer inexploradas.
Además, el aburrimiento promueve la introspección y el autoconocimiento. En momentos de quietud, las personas tienen la oportunidad de reflexionar sobre sus experiencias subjetivas, sobre sus emociones y sobre sus objetivos, entre otras cosas, lo que les permite desarrollar una mayor comprensión de sí mismas y del mundo que las rodea. Esta comprensión es esencial para el crecimiento personal y la formación de una identidad sólida.
Ahora bien, en nuestra sociedad actual la omnipresencia de dispositivos móviles y el acceso constante a actividades de todo tipo han reducido drásticamente los momentos de aburrimiento. Los niños y las niñas, en particular, están expuestos a una sobrecarga de estímulos que, si no son trabajados de manera educativa, también pueden limitar su capacidad para desarrollar habilidades creativas y reflexivas de manera autónoma. Por esto, es imperativo que tanto padres como educadores reconozcan la importancia de permitir y, en cierto modo, fomentar espacios de aburrimiento en la vida cotidiana de niños, niñas y jóvenes. Esto no implica que los desconectemos de la tecnología, sino que hagamos un uso equilibrado y consciente que deje margen para actividades no estructuradas donde sus mentes puedan divagar y explorar.
Algunas estrategias prácticas incluyen establecer momentos específicos del día sin dispositivos electrónicos, incentivar actividades al aire libre, proporcionar materiales para manualidades o lectura, y, sobre todo, evitar la tentación de llenar cada instante de ocio con un entretenimiento predefinido, enlatado. Al hacer esto, que es en realidad muy simple, podemos brindar a los niños y las niñas la oportunidad de enfrentarse al aburrimiento y descubrir las potencialidades que este estado puede ofrecer.
En conclusión, el aburrimiento no siempre es un enemigo a combatir, sino que también puede ser una herramienta valiosa en el desarrollo integral de las personas. Al abrazar y entender su papel, podemos ayudar a desarrollar personas más creativas, reflexivas y con una mayor conciencia de sí mismas y del mundo, que sean capaces de enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio.
Dr. Jaime Fauré, académico de Psicopedagogía Universidad Andrés Bello.










