12 de Octubre del 2025.- El sociólogo norteamericano Shamus Khan a través de un extenso estudio que llevó a cabo sobre el tema de las élites, puso en evidencia en su libro: “Privilegio: la construcción de un adolescente de élite”, que el supuesto de que las élites triunfan debido a su “inteligencia, mérito y esfuerzo personal”, es un mito absolutamente falso y sin ningún tipo de asidero o base real.
El intento de utilizar un marketing focalizado que ayuda a presentar a la élite como una “selección de individuos talentosos y esforzados que se destacan por sus méritos” y no por la “cuna donde nacen”, muy pronto –luego de escarbar un poco en la superficie– se derrumba completamente y se reduce a una vulgar alteración de la verdad, que muy pronto queda convertida en una aseveración sin fundamento.
El discurso que utilizan las élites pretende mostrar la creciente desigualdad que existe en hoy en nuestro país y en el mundo entero entre las clases sociales, bajo la apariencia de un proceso que se podría llamar “pseudo igualdad democrática”, donde, supuestamente, ninguna persona quedaría excluida de las oportunidades para lograr el éxito, en función de lo cual, aquellos que no logran llegar a la cima, es… ¡por su propia culpa! Es decir, “los pobres merecen su pobreza, porque han sido ‘flojos’ e incapaces de trabajar duro”, por lo tanto, dichos pobres son merecedores de su destino
Lo que realmente sucede, es que cuando la élite alega que ella “triunfa por mérito”, en realidad, es por los numerosos privilegios de los que gozan, a saber: poder económico, posición social, redes de contacto, poder político, etc.
Es así, por ejemplo, que la élite nacional explica que alcanza el éxito, gracias a su talento, esfuerzo y trabajo duro, pero dicha élite nunca menciona los colegios de privilegio donde han estudiado, ni tampoco la clase social en la que se criaron y que les abrió las puertas, de par en par, a la vida y al éxito.
A esta gente, nunca se les oye decir que les “fue bien porque nacieron en el seno de una familia adinerada, con muchos recursos y redes de contacto”, lo que les permitió estudiar en colegios y universidades de élite, desde donde pudieron egresar sin tener que cargar con una gran mochila de deudas y con proyectos financiados por los padres.
Lo anterior, les brinda una enorme cantidad de oportunidades que otras personas no tienen –ni tampoco nunca tendrán–, ya que no obstante los grandes errores que cometan, sus contactos y el poder económico de sus familias de origen les permitirán salir adelante como si nada, cosa que, naturalmente, no sucede con el común de los mortales.
Hace algunos años, el Dr. Seth Zimmerman, un economista de la prestigiosa Universidad de Yale, demostró –con cifras en mano– que alrededor del 50% de los cargos más altos en las empresas de nuestro país lo ocupaban ex alumnos de sólo nueve colegios de élite, lo que da cuenta de una cultura empresarial hermética y cerrada que no da muchas oportunidades a gente talentosa que pueda provenir de otra clase social, lo que determina que la “movilidad social inter-generacional” sea muy baja.
A tanto llegan las dificultades y obstáculos para progresar, que para el caso de los hijos de familias pobres, éstos necesitarían –al menos– seis generaciones para que uno de los suyos llegue a pertenecer a la clase alta. Es decir, así como las familias ricas tienden a mantener sus privilegios, las familias pobres tienden a “heredar su pobreza” a sus hijos.
El profesor David Rothkopf, experto en relaciones internacionales, politólogo, periodista y ex subsecretario de Estado de EE.UU., autor del libro “El club de los elegidos: cómo la élite del poder global gobierna el mundo”, luego de observar durante años a esta élite desde cerca y realizar un análisis detallado de las estrechas redes sociales que tejen entre ellos, demostró que un grupo pequeño de alrededor de 6.000 individuos pertenecientes a las élites de todo el mundo, reunían el dinero y el poder político suficiente para afectar, claramente, la vida del resto de los ocho mil millones de habitantes de este planeta.
El estudio de Rothkopf demostró que el poder, hoy, más que nunca antes en la historia de la Humanidad, está altamente concentrado en unas pocas manos: la élite económica, política, religiosa, militar y cultural de cada nación.
Por otra parte, una investigación de dos periodistas sacó a la luz hace algunos años atrás, que alrededor del 38% de la clase política nacional estaba emparentada entre sí: eran hijos de, sobrinos de, nietos de, primos de, hermanos de… etc., de diversos políticos.
Digamos, finalmente, que las familias privilegiadas, ricas y poderosas de un país, lo que hacen, es comprar ventajas para sus hijos, y algunos de los lugares donde se pueden comprar estas ventajas son las escuelas y universidades de élite –nacionales y extranjeras– que sólo un reducido puñado de familias pueden permitirse el lujo de financiar, por lo tanto –salvo muy pocas y honrosas excepciones– ¿de qué tipo de “capacidades”, “esfuerzo personal”, “mérito” o “inteligencia” estamos hablando?
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl – Conferencista, escritor e investigador (PUC)










